Christian Gerhaher y Gerold Huber: apoteosis del lied en el Teatro de la Zarzuela

El Teatro de la Zarzuela ha inaugurado el pasado lunes 30 de septiembre de 2019 el XXVI Ciclo de Lied. Los elegidos para abrir esta convocatoria han sido el barítono Christian Gerhaher y el pianista Gerold Huber, quienes presentaron la primera parte de un monográfico dedicado a Gustav Mahler (1860-1911). La segunda cita de este programa se celebrará el 13 de enero de 2020.

Christian Gerhaher y Gerold Huber por Elvira Megías
Christian Gerhaher y Gerold Huber por Elvira Megías

La sesión prometía ser plenamente mahleriana y no decepcionó. Entre el público del Teatro de la Zarzuela, mucho acento extranjero, algunos con acento alemán, sabían muy bien por experiencias pasadas lo que les esperaba y en todas las caras brillaba la emoción hacia unos textos y unas actuaciones brillantes, extremadas, tanto de la voz como del piano.

De las cuitas amorosas propias del romanticismo más acendrado de la primera parte, pasamos al llanto por los niños muertos que vertebra la segunda. Un llanto de carácter intemporal que pone la nota consoladora y cálida sobre la tragedia, no por ello menos trágica.

Las letras del poema adquieren todo su sentido en esta voz majestuosa y doliente que se pliega como seda a los matices del amor ilusionado de las primeras canciones, a la pérdida del objeto amoroso como colofón inevitable de las mismas, y por fin, a la pérdida más fatal de todas: la muerte definitiva de quienes merecían ser protegidos ante ella, los niños.

Una voz prodigiosa la de Christian Gerhaher ante la cual sólo cabe el silencio, y ésa era la respuesta esperada que le rindió el público del Teatro de la Zarzuela. Uno se queda sin palabras ante esa voz y ese público respetuoso que la recibe. Mientras, el maestro Gerold Huber, al piano, desgrana los compases que subrayan como campanadas lúgubres, los graves sonidos de la voz humana.

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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