Acabo de ver en preestreno en el IMA (Instituto del mundo árabe en París), una conmovedora y necesaria película documental del cineasta suizo Nicolás Wadimoff. Qui vit encore (Quien vive todavía). Estuvo presente en el festival de Venecia y acaba de ser seleccionada bajo pabellón suizo a los Oscar de Hollywood[1].

Lamento que no figurara en el reciente festival de San Sebastián, en donde se proyectó en cambio la también excelente Naza de Yuval Abraham y Rachel Szor, que ha tenido mayor eco y difusión, por ser la primera vez que voces israelíes reconocen el genocidio del pueblo palestino que continua cada hora que pasa.
Nicolas Wadimoff, veterano cineasta y documentalista suizo que se ha interesado desde hace muchos años en la cuestión Israelo-Palestina, da en esta ocasión la palabra a nueve refugiados palestinos, supervivientes del genocidio en curso. Mientras el régimen fascista israelí intenta todavía hoy esconder las pruebas de los miles de seres humanos asesinados, arrasando con bulldozers los escombros de Gaza, la necesidad y el deber de memoria de los supervivientes es palpable en este documental.
Como evocar el genocidio sin imágenes de archivo
Me harto de repetir que el único cine necesario es aquel que es testigo de su época, el que sabe escarbar en la memoria de los pueblos y en el sufrimiento de los seres humanos. En la ficción como en el documental, la estética y el arte están siempre del lado de los llamados perdedores, los que anónimos o no siguen presentes por su lucha en nuestra memoria, contribuyendo a mantener la dignidad del género humano. Ese cine que consigue la alquimia entre la emoción y la veracidad documental, que interpela lo más profundo de lo que en cada cual tiene de humanidad. Qui vit encore se encuentra de lleno en esa categoría.
¿Pero cómo mostrar la destrucción de una ciudad y de sus habitantes cuando no se tiene acceso a ella? Es la cuestión ética que plantea este hermoso documental concebido con una escenografía teatral muy original, que en mi memoria cinéfila me ha hecho pensar en Dogville, una maravillosa película de Lars Von Trier que utilizaba parecido recurso.
Un suelo negro y pintura blanca, nueve cuadrados y un imaginario mapa de Gaza, de sus barrios, de Gaza ciudad en el norte al campo de Rafah al sur, de Khan Yunis a Del Al Balah, hasta el mar, de sus casas, de sus ruinas, una urbe que imaginamos sin verla repleta de seres humanos, asesinados y olvidados entre los escombros. Y en cada cuadrado, en cada espacio de esa escenografía teatral un personaje, un ser humano superviviente de tan atroz y deliberado exterminio.
La opción ética y estética de Wadimoff es la de no utilizar imágenes de archivo, que circulan hoy como pruebas irrefutables del genocidio y en directo. Su cámara filma primero esa voluntad colectiva de testimoniar, como un «Yo acuso» conmovedor que debería figurar en el sumario de un futuro Nuremberg contra los crímenes de guerra israelíes.
A continuación, asistimos al testimonio sobrio y emocionante de cada personaje relatando su propia historia, su trabajo y su oficio, sus esperanzas quebradas por la guerra, el horror de los bombardeos y la amenaza inminente de la muerte, el ruido de las bombas y los misiles que han aniquilado a sus familiares y amigos, su despertar en un hospital, o su huida hacia el vecino Egipto. Sus dudas y su dolor en esa obligada opción entre el exilio o la muerte.
Wadimof pone nombre y apellidos a nueve seres humanos, nueve palestinos de esos que la propaganda israelí y sus cómplices en nuestra Europa occidental intentan deshumanizar, privándoles de identidad, de visado o de digna sepultura. Les da libremente la palabra y completa libertad para escoger su propio vestuario y la imagen que desean dar de ellos mismos en la película. Sus personajes toman parte activa así en la realización del film.

Nueve voces humanas que reclaman reparación
Nueve voces, cinco mujeres y cuatro hombres, que hubiesen preferido seguir en su tierra pero que se vieron forzados al exilio. Colectiva e individualmente su narración evoca el horror de lo que han vivido, de la destrucción de sus hogares construidos durante largos años. Su mirada ante la camara interpela al espectador, su mensaje no es ni político ni religioso sino simplemente humano.
Nueve historias de personas muy diferentes, de orígenes diversos que se refugiaron en Egipto y que relatan su vida antes del 7 de octubre en Gaza, y su lucha por sobrevivir, cuando Israel lanzo su «guerra» de exterminio.
Ni olvido, ni perdón, nueve voces humanas que reclaman reparación en nombre de decenas de miles de anónimos, hombres, mujeres y niños palestinos asesinados por el ejército genocida israelí. Nueve vidas de familias destruidas en las cenizas de los masivos bombardeos contra la población civil que declaran unánimes su deseo de regresar un día a Gaza:
- Eman Shannan, una mujer de 52 años que había creado una ONG para luchar contra el cáncer.
- Mahmoud Jouda, escritor y poeta de 37 años que sigue consagrándose a la escritura.
- Ghada Al Masri, estudiante de catorce años que sueña con estudiar medicina.
- Adel Al Taweel artista multifacético de 31 años, quien perdió a toda su familia, se ha integrado en la escuela de bellas artes de París.
- Hanen Harara, periodista de 31 años que perdió a treinta miembros de su familia y espera proseguir su abnegado oficio.
- Jawdat Khoudari, de 62 años de edad, hombre de negocios y arqueólogo autodidacta que posee una colección de arte antiguo palestino.
- Hana Al Aiwa de 35 años, madre de dos hijos, directora de una agencia de comunicación
- Feras Elshrafi, estudiante de veinte años, músico y especialista del qanun, instrumento de cuerda tradicional en Oriente Medio y África.
- Malak Khadra, de veintiún años, ha perdido a varios de sus hermanos. Trabaja en las redes sociales en internet donde cuenta con 62.000 seguidores.
Una película suiza sobre Palestina rodada en África del sur
Paradoja y expresión de esta época atroz de perdida de humanidad que estamos viviendo y de la complicidad de numerosos gobiernos con el régimen genocida de Netanyahu.
Suiza, que presenta la película bajo pabellón nacional a los Oscar de Hollywood, negó sin embargo los visados de entrada en el país a los nueve protagonistas de este documental.
En consecuencia, la película tuvo que rodarse en el único país que ha aceptado la entrada libre de esos refugiados palestinos y del equipo de la película: África del sur. El rodaje tuvo lugar en Johannesburgo. En Egipto, aunque los refugiados no tenían permiso de trabajo ni verdadera libertad de palabra. Actualmente los únicos países que no piden visado para los refugiados palestinos son África del Sur y Malasia. ¡Vergüenza de humanidad!
«En Suiza –explica Nicolas Wadimoff– como en muchos otros países se ha producido una fractura entre los que defienden la tradición de asilo como el Oficio federal de la cultura que ha apoyado la película, y un endurecimiento de la política exterior del gobierno alineada con los EEUU e Israel».
Y agrega: «En Johannesburgo encontramos enseguida una gran fraternidad. Los equipos del estudio de rodaje eran mayoritariamente negros y saben muy bien lo que es la segregación».
- La película se estrena en Francia en proximo14 de octubre 2026



