Desoladora presencia árabe en América Latina

La escasa participación del árabe en la política interna latinoamericana deviene de una inmigración no aceptada, informa Carmen Chamorro

Cumbre ASPA 2012 en Perú
Cumbre ASPA 2012 en Perú

 

Pablo Sapag Muñoz de la Peña, profesor investigador de la Universidad Complutense de Madrid destacó en Casamérica que la presencia de los árabes en América Latina presenta un panorama desolador y que la idea es superar y trascender su participación política en los países de acogida, vinculada a la cuestión económico-social.

Existe ahora una reafirmación clara del pueblo latinoamericano como sociedad mestiza y racial donde el árabe jugará un papel esencial, más allá de lo económico y diferenciado de las construcciones europeas: “Se empieza a asumir que vincular lo económico y político es perjudicial para el árabe, que busca una conexión y un discurso político que trascienda a lo económico”, vender sólo éxito económico no es bueno para el árabe, dijo Pablo Sapag.

Dentro de la evolución de la Región latinoamericana y las Primaveras Árabes, hoy en día se asume que aliarse a las élites, oligarquías o colectivos económicos no es un buen negocio para el árabe porque le abocaría a un nuevo éxodo.

En países como Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela existe un discurso del mestizaje que explica cómo se llevaba a cabo la incursión política de parte de los árabes, y que ahora, requiere trascender la cuestión económica para articular un discurso político que encaje con la realidad latinoamericana y la de los países de origen: “Hay una reafirmación de las sociedades mestizas donde el árabe presenta un papel esencial”. Si fue relevante la participación en política de los países de procedencia, de los que se había salido, porque no quería que se continuara con un proceso migratorio, que se ha presentado sin grandes traumas, cuando no fue así, como en el caso de Chile. La obra “turcofobia” muestra las dificultades y el rechazo de parte de sociedad de acogida.

Pablo Sapag explicó que la participación del árabe-americano siempre fue dual, con una tenue visibilidad política a partir de 1930, siendo evidente su presencia desde 1860. El tipo de emigración árabe, completamente informal, es fundamental para entender su relación con los países a los que emigraban. No fue potenciada por los estados americanos, ni siquiera bien recibida, siempre víctima de una visión negativa, inoculada por España, en un contexto hostil.

El árabe nunca tuvo ayuda estatal o cesión de tierras y padeció de inhibición política, dado que su presencia estaba condicionada a no hacer ruido: “La sensación de condicionalidad era absoluta porque no querían significarse y el temor era grande”. La inmigración fue forzada y condicionada, dentro del marco del derrumbe del Imperio Turco-Otomano. A partir de este momento, los árabes se atrevieron a participar activamente desde el punto de vista artístico y literario, lo que les sirvió para recuperar la arabidad, (distinta del Islam), junto con la construcción de un ideario nacional político-árabe, la creación de Estados fuertes y aconfesionales (nacionalismo panárabe o pansirio), como denominador común de ambas participaciones incoherentes e inconexas.

Por su parte, Pedro Antonio Martínez Lillo, profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, nacido en Egipto y educado en Chile, manifestó que a nadie le sorprende la presencia del árabe en puestos de relevancia en estados latinoamericanos. El 9 % de los diputados en Parlamento chileno es de origen árabe y el 12 % de senadores, también.

Según Martínez Lillo, la cooperación Sur-Sur es un ejemplo de nuevas vías de intercambio y relaciones con el mundo árabe, cuyo papel de diligencias políticas es evidente desde hace 80 años y que reflejan que ocupan todo un segmento ideológico en el que el árabe se va a asentar, como la revolución sandinista o la cubana. La colectividad palestina, siria o libanesa presenta un elemento de continuidad en un camino de largo recorrido en la presencia política, como actividad esencial. La aportación está vinculada al flujo migratorio de estos ciudadanos desde mediados del siglo XIX y nos habla de un perfil determinado con status económico alto y estudios superiores de los que iniciaron esta trayectoria hasta América Latina. El sentido de aportación de estas colectividades en el país que les recepciona (Chile, Argentina y Brasil) es un mecanismo de integración como instrumento para contribuir a un modelo determinado de sociedad, que se irá haciendo cada vez más evidente y fuerte con el populismo que impulsará el proceso de participación.

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2 Comentarios

  1. difícil encontrar un texto sobre la presencia árabe en nuestra américa más conceptualmente incompleto que este: el dato esencial que olvida esta equívoca disertación, es que la abrumadora mayoría de árabes emigrados a este continente era cristiana; gente corrida por la miseria o la discriminación política tras la caída del imperio otomano o del libano “sirio”, en esa época mayoritariamente cristiano. en cuanto a presencia política, la argentina tuvo un presidente árabe (de flia. originariamente musulmana), y en Brasil infinitos dirigentes, gobernadores, empresarios y personajes influyentes de múltiples sectores. en todo caso, si de “rechazo” o indiferencia se trata, hay que señalar que es la que practican los árabes musulmanes, cuya idea de unidad (infinitamente fracasada) se basa en el rechazo o eventual mezcla y aceptación de todo otra cultura que no sea la propia. como la realidad europea está demostrando en las últimas décadas. o sea, en este artículo, mala fe o perfecta ignorancia.

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