¡Hay algo que no concuerda!

Muchas de las impropiedades con las que el lector tropieza casi a diario, tienen su origen en el desconocimiento del mecanismo que permite entender lo que se dice o se escribe, que no es otra cosa que la concordancia. Sin ella, es prudente acotarlo, sería imposible que haya una comunicación eficiente y eficaz.

Sin la concordancia y otros elementos, como las pausas en la lengua oral, los signos de puntuación en la escritura y la congruencia en los tiempos verbales, el discurso no tendría sentido, a menos que tenga una intención literaria, poética o humorística, pues muchas veces, esas supuestas creaciones literarias no son más que un amontonamiento de frases sin sentido, bodrios que solo son entendidos por sus autores, y cuando mucho, por un reducido grupo. La literatura, la poesía y el humorismo son otra cosa.

Lo cierto es que dentro de la amplia gama de vicios en el lenguaje oral y escrito, hay muchas que pertenecen a la falta de concordancia. Me referiré a algunos, por lo que este artículo no podrá ser considerado como un tratado del tema, en vista de que es muy amplio.

Aunque a muchos les parezca algo muy complicado, es prudente saber que las frases en las que aparece el verbo copulativo ser, la norma básica sugiere que el verbo debe concordar con su sujeto en número y persona, lo cual implica que si el sujeto es singular, el verbo será singular, y en la misma persona, dependiendo del caso: primera, segunda o tercera.

Pero hay ejemplos en los que no se aplica la norma, y en consecuencia, el sujeto aparece en singular, y el verbo en plural, o viceversa, como ocurre en unos ejemplos citados en el libro “Con la lengua volumen 4”, del profesor Alexis Márquez Rodríguez (+), que si se les presta la debida atención, serán muy útiles para disipar las dudas:

  1. “El público eran puros muchachos”;
  2. “La puerta eran un poco de tablas y cartones”,
  3. “Todos es mejor»;
  4. “Varios sería preferible”.

En los ejemplos unos y dos, los sujetos son singulares, mientras que el verbo está en plural, y la concordancia se ha establecido con los atributos de ambos: “…puros muchachos” y “…un poco de tablas y cartones”.

En los otros dos, los sujetos son plurales y el verbo va en singular. La concordancia se da con los atributos (todos y varios) y no con los sujetos. Algunos autores opinan que esto “se debe al carácter peculiar” del verbo ser, y advierten que este tipo de concordancia no es obligatoria, por lo que podrá optarse por la norma usual.

La concordancia en casos de adjetivos calificativos, sobre todo lo referidos a colores, es quizás la que más causa dudas, y por ende, equivocaciones. La norma usual sugiere que adjetivos y sustantivos deben ir en el mismo género y número.

De nuevo apelo a los ejemplos del profesor Márquez Rodríguez: “María tiene un vestido marrón”; “Ella tiene dos vestidos marrones”; “María tiene un vestido marrón claro”; “Ella tiene varios vestidos marrón claro”; “Un vestido negro”; “Varios vestidos negros”; “Varios vestidos negro brillante”; “Un carro azul”; “Dos carros azules”; “Dos carros azul oscuro (o azul marino”.

Sobre el porqué de esas concordancias que a simple vista parecieran una irregularidad, muchos estudiosos del tema, como don Andrés Bello y Ángel Rosenblat, que de eso sabían bastante, lo atribuían a las arbitrariedades y caprichos de la lengua, inexplicables desde el punto de vista científico.

Existen frases en las que, de buenas a primeras pudiera advertirse una falta de concordancia, como el caso de “Mucha gente lo aplaudieron”, en lugar de “Mucha gente lo aplaudió”. No hay error de concordancia, y verán por qué.

Se debe tener presente que existe una figura retórica llamada silepsis, que establece la concordancia, más por el sentido lógico, que por la norma usual. La palabra gente es colectiva, es decir, alude a multitud, y por eso la concordancia se basa en esa condición.

Por otro lado, existen casos de pluralización de la palabra gente, como en: “Hay gentes que no han entendido el verdadero papel que les corresponde desempeñar ante la sociedad”. Confieso que este no es un ejemplo que haya aparecido en algún medio de comunicación; pero lo he usado para resaltar la muy frecuente aparición de frases similares en las que el referido vocablo aparece en plural.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

4 Comentarios

  1. Magnifico, yo veía al prof Márquez Rodríguez que lo invitaban 3 damas que se llamó mujeres en todo, profesionales de todos los ramos lo llamaban y aprendían con el difunto periodista de Barinas

  2. Gracias, profesor. Muy interesante su artículo, y ojalá sea aprovechado por los que nos gusta escribir

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