La chica de la foto de la revista

Oleiros de Velasco

Cuando lo real es imposible echamos mano de los sueños. Los sueños nos conceden ese instante de héroe o de galán, de adalid de la buena causa y nos ayudan a vivir un poquito menos ínfimos y miserables. Esto de aquí, palpable y cotidiano,  es demasiado tozudo y esquivo.

Portada de Interviu con Madonna
Portada de Interviu con Madonna

Contar los sueños, desnudarse sin vergüenza, no es cosa de todos los días ni de cualquier momento, y se hace generosamente para el amigo cómplice.

«Una mañana, a poco de amanecer, eso que antiguamente decían la del alba, me estaba vistiendo cuando reparé que desde la portada de una revista que tenía en la mesilla, una sugestiva joven parecía mirarme».

Así de poético se expresa mi amigo, que acaba de sacar de un bolsillo un papel doblado, dispuesto a todo. Vamos a descubrir esas ansias, vamos a sentarnos frente a frente para este banquete del deseo.

«La sensación de que me miraba era tan fuerte que hasta me sentí molesto, me dio cierto pudor estar ante ella medio desnudo»

-Ahí, amigo-le dije-, nos metemos en terreno pantanoso. ¿Estabas medio desnudo, o la situación invitaba al relajo inmediato?

-No, no, esto te lo quería aclarar, yo me estaba vistiendo, pero ella me seguía con la mirada, y me daba mucha vergüenza. Otra cosa es que yo la desease. Eso va por otro camino.

-Parece razonable. Pero sigue.

«Estas primeras horas de la mañana, cuando el misterio de la noche no se ha disipado, la caricia de la luz… Estos momentos parecen propios para que ocurran cosas extrañas…»

-Misterio de la noche. Aclárame eso. ¿Había pasado algo interesante que no me quieres contar?

– No, no te lo puedo explicar. Quiero decir que la noche es misteriosa.

– Te ha parecido interesante introducir la cuestión del misterio de la noche. O que de noche es cuando estás dormido y precisamente soñando, o ensoñando, que ese es otro punto, no nos engañemos. Caricia de la luz también suena bien, el calor de la mañana, luz de la mañana después de las tinieblas, que también suena bien. Tinieblas nos conduce a misterio.

– Bueno, déjame seguir.

«La chica movía sus labios. Mi estupor era tremendo, temblaba y sudaba. Parecía que quería decirme algo. Empecé a interpretar sus frases. Con sus ojos llenos de infinita melancolía»

-Lo estoy viendo. Me estás confundiendo un poco. No veo yo si era amor o deseo. Esto me está recordando la escena de la celda del convento, cuando Adso de Melk le manifiesta a Guillermo de Baskerville que está enamorado y éste le dice que lo que siente no es otra cosa que lujuria. Adso insiste: quiero que sea feliz. Porque claro, ella le ha descubierto la cuestión de la pasión ardiente o el deseo carnal, como quieras llamarlo. Ella es muy pobre, pobre de pobre, me entiendes, pero también es libre, libre para desear y gozar del joven novicio. Y aquí vamos a lo de siempre, porque el monje franciscano le suelta que él solo conoce el amor…el amor a Dios.

– Déjame que siga.

«Empecé, totalmente asustado, fuera de control, a pensar en los cuentos de tradición antigua, de príncipes encantados y princesas cautivas»

-¿Lo estás viendo? Princesas cautivas. El deseo de protección. La contradicción entre lo caballeresco y lo vil.

-Déjame terminar, que aquí es donde se aclara todo.

«La besé en la boca por si ocurría el milagro del cuento de hadas. Y solo sentí el puro papel. El sudor era ahora frío, la plena luz entraba en la habitación. Estaba despertando, con las sábanas empapadas. Entonces me fui a duchar, más tranquilo. Tranquilo y desengañado, por qué no decirlo».

-Pero, ¿besabas la boca de la chica de la revista o besabas su boca, la boca de un ser real?

– Real, real. La foto de la revista me inspiraba, pero era un ser real.

-Tú dices  que estabas despertando, que estás desengañado del puro papel.

– Ya, pero ella era real, no le des más vueltas. Su cara era muy real.

– ¿Y su cuerpo? No me has hablado de su cuerpo-

-No había cuerpo.

-¡Ah!

-Era ternura, amor tierno, amor del bueno, desinteresado, primerizo, pastoril. ¿Entiendes o no?

-Sí entiendo. Fíjate, a nuestra edad, buscando el amor espiritual. Y estás desengañado, aun encima.

-Te enamoras a primera vista. Y de una foto, ni más ni menos. Esto es un milagro.

Cativo de miña tristura, ya todos prenden espanto e preguntan qué ventura foi que me tormenta tanto. Mais non sei no mundo amigo que mais de meu quebranto diga d´esto que vos digo: Quen ben see nunca devía ál pensar que faz´ folía.

Otra vez Macías. Macías el enamorado

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