«La gradiva» prometedora opera prima de Marine Atlan

La adolescencia, Nápoles y las ruinas de Pompeya

Veterana directora de fotografía (L’engloutie 2025, Le ravissement 2023, Jessica forever 2018…), Marine Atlan, autora ya de dos cortometrajes (Les amours vertes y Daniel fait face), pasa ahora a la realización de su primer largometraje de ficción «La Gradiva», que llega a las pantallas comerciales a fines de este mes de octubre tras haber obtenido el gran premio de la semana de la crítica el pasado mes de mayo en el festival de Cannes[1]

La-Gradiva-cartel «La gradiva» prometedora opera prima de Marine Atlan

Se trata de una prometedora opera prima que relata el viaje a la Italia del Sur, y más concretamente a Nápoles y a Pompeya, de una clase de alumnos franceses en último año de bachillerato, con su profesora de latín. Un viaje iniciático para un grupo de adolescentes enfrentados a este viaje al mismo tiempo lúdico y cultural del que no saldrán indemnes.

Con ese interesante método de trabajo que consiste en mezclar actores profesionales y neófitos en un excelente reparto coral, Marine Atlan y su coguionista Anne Brouillet siguen en particular la trayectoria de cuatro personajes principales Suzanne (Suzanne Gerin), Tonio (Colas Quignard), James (Mitia Capellier-Audat) y de su profesora Marianne Mercier (Antonia Buresi).

La película arranca con una serie de fotos de familia, evocación del origen italiano del joven Tonio, obsesionado por la historia de su abuela materna sirvienta de una rica familia napolitana. Una historia que él cuenta a su manera con mucha fantasía e imaginación.

Memoria del pasado encadenada con un tren que avanza en un largo travelling hacia adelante y que nos invita a descubrir este viaje a Italia en las legendarias entrañas del Vesubio, de inevitables resonancias Rosellinianas (con evidentes referencias a El viaje a Italia y Stromboli).

Marine Atlan reconoce en su trabajo la influencia del neorrealismo italiano, pero también y sobre todo, del método de trabajo del cineasta francés Jacques Rozier, quien daba mucha importancia a la improvisación, sobre la base de guiones inacabados que se iban construyendo durante el rodaje.

En su primera mitad, el tono realista de La Gradiva se impone al ir descubriendo los escarceos amorosos, las relaciones, rivalidades y deseos de los adolescentes. Con diálogos escritos pero retrabajados con sus actores en base a la improvisación, Marine Atlan filma con brío largas secuencias con dos cámaras para dar mayor libertad a sus intérpretes.

Los jóvenes hablan con mucha naturalidad de sexualidad, de política, de racismo, de la enseñanza pública y privada, del dispositivo clasista de selección, de los profesores, de sus proyectos, de sus deseos y frustraciones amorosas, en secuencias que se intercalan con sus visitas pedagógicas.

En ese ambiente jovial en el que resulta difícil mantener la atención y la disciplina de sus alumnos, la profesora les trasmite su pasión por el arte y la cultura, sobre las trágicas y sucesivas erupciones del Vesubio, o sobre los valores de esa época en la antigua Roma, en donde el tema de la sexualidad, que interesa particularmente a los adolescentes, correspondía a criterios muy diferentes. Un pasado trágico inmortalizado en Pompeya, en bajo relieves y eternas estatuas de piedra.

Un personaje clave en este reparto coral el de Mme Mercier, al borde a veces de un ataque de nervios, profesora apasionada por su oficio y por la transmisión de la cultura a esa juventud despreocupada que busca afirmar su propia identidad.

Un tema el de la transmisión que se agrega a la historia central de Tonio, joven homosexual y rebelde obsesionado por su pasado familiar, que aparece como el reflejo o la causa de su malestar y desasosiego.

En contacto con la población local de esa Italia del sur, los adolescentes participan en fiestas y bailes, visitan el legendario volcán, las ruinas de Pompeya, Torre del Greco, el paso de una procesión, los museos y calles de Nápoles que la cámara de Marine Atlan nos va haciendo descubrir con imágenes que mezclan hábilmente la localización documental y la ficción.

Del tono desenfadado y lúdico de la primera mitad la trama va progresando con las relaciones y conflictos entre los adolescentes. James, el joven pretencioso que gusta a todas las chicas y en particular a Suzanne, Tonio cuya confusa relación con James será fuente de conflicto, y la profesora que atraviesa a su vez una crisis de confianza en su propia soledad.

La poesía, la evocación de la memoria del pasado, de la muerte y la tragedia se invitan en este retrato coral de una juventud en su paso a la edad adulta. El resultado es convincente en esa confrontación entre los jóvenes de hoy y la memoria del pasado, como fuente de aprendizaje.

La-gradiva-fotograma-900x544 «La gradiva» prometedora opera prima de Marine Atlan

«La idea inicial del guion -afirma Marine Atlan- era rodar con un grupo de jóvenes actores no profesionales una película sobre la adolescencia».

A continuación, vino la opción por la ciudad de Nápoles, la historia del arte, el Vesubio y la tragedia de Pompeya y la Gradiva como marco para este relato bien contemporáneo. Lo que explica el enigmático título de la película.

El origen o la inspiración de este proyecto cinematográfico, como lo cuenta Marine Atlan en diversas entrevistas[2] es la novela homónima de Wilhem Jensen «La gradiva» (1903), que relata la obsesión de un joven arqueólogo por un bajo relieve en Pompeya que representa «una mujer que camina» (Gradiva en latín). El fantasma de esa mujer muerta 2000 años atrás se convierte en una obsesión capaz de provocar sueños y alucinaciones.

Una novela que Freud estudió en su interpretación de los sueños y sus teorías sobre el inconsciente en su obra «Sueños y delirios de la Gradiva de Jensen».

El mito de la Gradiva inspiró también a Dalí su pintura surrealista «Gradiva descubre las ruinas antropomorfas» (fantasía retrospectiva).

  1. La Gradiva se estrena en Francia. El 21 de octubre 2026
  2. Entrevista con Marine Atlan en la Semana de la critica
Julio Feo Zarandieta
Periodista profesional en Francia desde 1976. He trabajado durante 35 años como periodista (Responsable de edición y critico de cine) en el servicio en castellano de Radio Francia Internacional. Pero también como corresponsal en Paris de diversos diarios y semanarios españoles y critico en Cine Classics (canal plus). Jubilado desde el 2013, escribo ahora en Periodistas en español y en Aquí Madrid. Miembro del Sindicato Francés de la critica de cine y de Fipresci, he cubierto numerosos festivales de cine internacionales, muy especialmente Cannes y San Sebastián. Militante antifranquista en los años sesenta, resido en Francia desde 1974, fecha en que me acordaron el asilo político. Hoy en día tengo la doble nacionalidad hispano francesa.

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