Los dos usos fundamentales de las comillas

A mi modo de entender, el signo más complicado es, sin dudas, la coma, pese a que existen reglas básicas para su uso. Este signo es el que le da sentido a la escritura, pues facilita la comprensión.

Algunos autores lo califican como el que más se usa de forma arbitraria, y de allí que muchos redactores, de entre los que me cuento, lo comparen con la posición adelantada en el fútbol, dado que en muchas ocasiones se coloca la coma en donde no debe ir, y se omite donde sí es necesaria. Lo mismo sucede con la posición adelantada: muchas veces se la señala cuando no la hay, y pasa inadvertida cuando sí es necesario que el árbitro principal la sancione.

El resto de los signos de puntuación son fáciles de manejar, para lo cual es necesario poner en práctica las reglas de uso y el sentido común, que es fundamental para lograr el objetivo de entretener, educar e informar.

En la actualidad existe una tendencia a usar los signos de interrogación y exclamación como si estos fuesen simples adornos, y por eso, es común leer escritos en los que aparecen multiplicados, al comienzo de los párrafos y al final de los mismos. También ocurre que muchos redactores escriben frases para preguntar o para exclamar; pero no utilizan los respectivos signos, y solo por adivinación, el lector podrá saber cuál es la intención. 

Sobre los signos de puntuación he escrito en infinidades de veces; por lo que, luego de estos párrafos introductorios, hoy solo voy a referirme a las comillas, en virtud de que, aun cuando su uso no ofrece mayores complicaciones, se ha ido formando una especie de anarquía, que conviene señalar, en función de usarlas adecuadamente.

Existen tratados y manuales en los que se enumeran los dos usos fundamentales de las comillas: para señalar que una cita es textual directa, y para darle sentido irónico a una frase o palabra.

El primer uso es importante tenerlo presente cuando sea necesario plasmar pensamientos ajenos, pues la omisión podría acarrear problemas judiciales por plagio.

En cuanto al segundo uso, no será difícil advertir la intención de alguien cuando escriba, por ejemplo: El «doctor» llegó temprano a casa.

No sé cuál es el criterio de la Real Academia Española ni el de la Fundéu (Fundación del Español Urgente); pero estimo que lo demás es cuestión de tipografía, de uso y de gustos que responden a intereses muy particulares.

Pudiera admitirse un tercer uso, como el de resaltar palabras o frases; pero puede confundirse con el sentido irónico que algunos redactores suelen darle a algunos sustantivos y adjetivos, además de que quedaría desvirtuado con las letras cursivas y las negritas, que hoy día son las formas modernas más usadas para tal fin.

En cuanto a comillas inglesas y comillas latinas, insisto en que es un asunto de estilo, pues mi computador marca comillas inglesas (» «), y cuando mis artículos son publicados en Periodistas-es.com, mis entrecomillados aparecen en latinas (« »). No estoy seguro de cuál podría ser el motivo de la preferencia en ese tipo de comillas; pero intuyo que pudiera tratarse de destacar la afinidad con el origen de la lengua española.

Pero sea cual sea la razón, sostengo que es una  cuestión de gusto, pues de no ser así, los teclados marcarían las comillas latinas en lugar de las inglesas, o en el mejor de los casos: las dos opciones.

Ahora bien, hay entrecomillados dentro de entrecomillados, y es aquí donde la cosa podría complicarse si no se presta la debida atención. Algunos manuales dan como uso imperativo las comillas latinas, y si por la naturaleza del escrito es necesario usar un entrecomillado dentro de otro entrecomillado, apelan al uso de las inglesas como segunda opción. Eso indica que las comillas latinas son las que deben usarse a todo trance.

Opino que eso constituye un exceso de signos que ajan y envilecen la escritura. Cuando ese sea el caso, podría usarse comillas (latinas o inglesas, según la preferencia de quien escriba) para la cita textual principal, que de requerir otro entrecomillado, se enmarque en comillas simples (‘ ’). Esto no es invento mío, sino que lo he leído en algunos textos de ortografía, en los que el asunto aparece simplificado.

Por lo general, en mi opinión, los entrecomillados dentro de otros son innecesarios, cuanto más impertinentes, y en función de facilitar la comprensión del texto, deberían evitarse.   Con saber usar las comillas para las citas textuales y para ironizar frases y palabras, bastaría.

Advierto que uso comillas inglesas, porque esas son las que marca el teclado de mi computador (ordenador); pero si hay una forma de conseguirlas, os ruego que me lo hagáis saber.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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