Los hábitos de consumo cambian por la crisis

El escenario económico del último año deja huella en el consumo. El aumento del IPC (índice de precios al consumo), la recuperación pospandemia y la guerra contra Ucrania, por enumerar solo algunos de los factores, están alterando los hábitos de los consumidores para poder llegar a fin de mes.

No hay sector que se libre. Ni alimentación ni ocio han salido indemnes de este año en el que cada vez se piden más préstamos rápidos para cosas tan básicas como hacer la compra mensual o llenar el coche de gasolina. Recurrir a este tipo de créditos es la salvación para muchas personas que ni mirando precios sienten el más mínimo desahogo. 

Los sectores más afectados

A la poca solvencia que dejara el coronavirus en muchos hogares españoles se le han añadido este año las consecuencias de una guerra y una inflación desorbitada que no hace más que subir, tal y como observan desde la Organización de Consumidores y Usuarios. 

En una encuesta realizada por ellos en colaboración con organizaciones de Euroconsumers de Italia, Brasil, Portugal y Bélgica, se ha revelado que el consumo ha experimentado un estancamiento desde que empezara el año 2022. Enero marcó un antes y un después en cuanto al gasto de los españoles.

Un 45 por ciento de ciudadanos encuestados dijo haber bajado la calefacción durante el invierno para conseguir un ahorro que les permitiera pagar la factura. El 42 por ciento, por su parte, reconoció haber desconectado algunos aparatos eléctricos de manera temporal o directamente haberlos dejado de usar. 

La movilidad también se ha visto afectada por la subida del precio de los carburantes. Como llenar el depósito de combustible se ha convertido en un bien de lujo, un 36 por ciento de los conductores han decidido dejar el coche aparcado y optar por otro tipo de desplazamientos. 

La cesta de la compra ha experimentado unos cambios notables. El 42 por ciento de los compradores se ve obligado a priorizar los productos de marca blanca frente a las de marca conocida cunado está en el supermercado. Además, el 21 por ciento ha tenido que reducir el consumo de carne y pescado debido a sus precios elevados.

El ocio es un gran perjudicado

Como no podía ser de otra manera, en tiempos de crisis, el ocio es otro de los damnificados por la inflación. El 33 por ciento de los encuestados aseguró controlar sus salidas, sus comidas o cenas en restaurantes y las compras de ropa. Cuando se trata de comprar para los hijos, se mira menos.

Las expectativas para lo que queda de año no son nada alentadoras y cuatro de cada cinco entrevistados asegura que tanto energía como combustible seguirán subiendo. El miedo a gastar está patente y, aunque se quiere ahorrar por si vienen tiempos peores, para muchos es algo completamente imposible. 1 de cada 3 encuestados asegura no tener dinero guardado para enfrentarse a subidas de precio venideras. 

Aunque mucha culpa de este panorama lo tienen las sanciones contra Rusia, el 57 por ciento asegura que sí son necesarias pese a su implicación en la economía de los países que las impongan. El 58 por ciento está decidido a ayudar a Ucrania a pesar de tener que renunciar a una vida más acomodada. 

En resumen, un IPC desbordado, una guerra que afecta a la inflación, el precio de la energía, la gasolina por las nubes y los alimentos cada vez más caros hacen que la población tenga que renunciar al ocio y compras no prioritarias para cubrir las necesidades básicas.

Los recortes están a la orden del día y obligan, en muchos casos, a tener que recurrir a préstamos al consumo como los de Wandoo para llegar a fin de mes. En esta compañía en concreto, el primer préstamo solo es de hasta 350 euros, cantidad que sube hasta 1000 euros en los sucesivos.

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