El pasado 3 de mayo, poco después de las elecciones municipales en Francia, Jean Luc Melenchón anunció ya en una entrevista en la televisión su candidatura a la presidencia de la república en 2027.

En un panorama de total confusión preelectoral en el que la profusión de candidatos más o menos declarados son legión, el candidato de LFI (Francia insumisa) repitió su estrategia política de 2022: lanzar la campaña presidencial sin esperar a que la prensa dominante y el gobierno fijen su propia agenda electoral.
Cuando algunos disidentes de LFI como François Ruffin o Clementine Autin se declaran favorables a una elección primaria de la izquierda, otros como el Partido Socialista, los ecologistas o el Partido Comunista, se debaten entre su hostilidad a LFI y al liderazgo de Jean Luc Melenchón y su ausencia de programa alternativo al de la NUPES, programa que abandonaron tras haberse adherido a él en las elecciones legislativas de 2024.
La llamada a sostener la candidatura del líder insumiso a la elección presidencial de 2027, que cuenta ya con más de trescientas mil firmas, y su primer mitin electoral hoy en Saint Denis, no dejan lugar a dudas sobre la relación de fuerzas favorable a Jean Luc Melenchón en el seno de la izquierda francesa.
Recientes sondeos de opinión confirman la posible elección de Melenchón en la primera vuelta de la elección presidencial con un porcentaje de votos que va de 14 a 15 por ciento (Louis Harris) a 16 por ciento (Odoxa), lo que le sitúa como único candidato de izquierdas capaz de enfrentarse a la derecha extrema o a la extrema derecha en la segunda vuelta de la elección presidencial.
Ante la improbable celebración de una primaria de izquierdas que excluya a LFI (principal fuerza política de la oposición de izquierdas en el parlamento), Jean Luc Melenchón, quien cuenta con el apoyo mayoritario de su propio movimiento, ha optado por lanzar su propia campaña, cortando así toda posibilidad de hipótesis, elucubraciones, sondeos y manipulaciones varias de una prensa dominante que centra todos sus ataques y diatribas contra Francia insumisa como «enemigo público número uno»[1].
La «orwellizacion» del debate público en Francia promovida por la prensa «mainstream» ha llegado al colmo de la histeria entre los «editócratas» omnipresentes en la prensa escrita y audiovisual, que no dudan en acusar de fascista y antisemita a la izquierda parlamentaria.
Mientras tanto, los nazis fascistas del Frente Nacional (RN) han sido «normalizados» elogiados y aceptados en su «conversión» a la democracia y sobre todo al programa económico neoliberal del MEDEF (la organización patronal francesa).
La ultraderecha cuenta hoy además con el apoyo omnipresente del grupo de prensa de Vicent Bolloré y con la bendición de una derecha reaccionaria convertida a las ideas xenófobas del partido de Marine Le Pen.
Mas allá de la figura de Jen Luc Melenchón diabolizada por la alianza tácita de derecha y extrema derecha, y por la prensa a su servicio controlada por un puñado de ultra millonarios[2], me parece importante destacar que lo que irrita y atemoriza a esas elites en el poder y a sus perros guardianes en los medios de comunicación, no es tanto la simple persona de un candidato a la presidencia, sino más bien su programa de ruptura con el neoliberalismo, tanto en lo social y económico como en lo ecológico o en los grandes temas que determinan la soberanía nacional de un país.
La anomalía de esta elección presidencial en Francia, es que los franceses se han acostumbrado a elegir una especie de monarca presidente, al que la ambigua interpretación de esta Quinta república puede conceder en ciertas condiciones plenos poderes autoritarios.
Si todos los candidatos a esa presidencia aceptan por definición las reglas de tan lamentable «espectáculo político populista» que consiste en pretender ser ese «hombre o mujer providencial», conviene destacar sin embargo que, entre ellos, solo Melenchón se ha comprometido a pasar de la Quinta república actual a una sexta república parlamentaria si resulta elegido, lo que pondría fin a tal anomalía antidemocrática.
Cabe imaginar en cambio que quedará de la democracia francesa si un candidato RN llega a la jefatura del Estado. El autoritarismo de Macron y su acercamiento a la extrema derecha en sus dos mandatos presidenciales nos ha dejado ya un sabor bien amargo que nos permite imaginar lo peor. El RN partido neofascista de la ultraderecha francesa y otros movimientos allegados no son sino el más atroz neoliberalismo con ruido de botas militares.
LFI espera así poner en marcha una dinámica preelectoral y una relación de fuerzas que lleve a todos aquellos que sostienen el programa de la NUPES, a apoyar la candidatura Melenchón ya en la primera vuelta de la elección presidencial. El mitin de Saint Denis es pues un evidente éxito que hace fracasar la tentativa de «criminalización y marginación» de LFI, de la ecología radical y del movimiento sindical por el gobierno y por los partidarios de una supuesta «izquierda» sometida a los postulados del MEDEF (la patronal francesa).
La apuesta es sin duda arriesgada, pero se imponía ante una evidencia: No puede haber en Francia una alternativa de izquierdas digna de ese nombre sin la Francia Insumisa.
Las últimas elecciones legislativas de 2024 fueron una prueba flagrante, y las recientes elecciones municipales han confirmado el progreso y el peso nacional de LFI. El trabajo parlamentario de la Francia Insumisa ha probado además de manera contundente estos últimos años la capacidad de sus dirigentes para constituirse en izquierda de gobierno, más allá de la propia figura carismática de Melenchón.
Nunca he escondido en mis crónicas mi simpatía por los libros y películas de François Ruffin, pero su posición actual declarándose «presidenciable» me parece, como observador de este espectáculo político, un lamentable error.
Esperemos que en los meses venideros esas fuerzas de izquierdas hoy divididas consigan una confluencia para permitir que en 2027 los franceses elijan a un presidente de izquierdas, con un programa de alternativa política y social al dogma neoliberal y neofascista que nos amenaza.
En 2027, la opción en las urnas en Francia será «izquierda parlamentaria o barbarie neoliberal». El desastre de los dos mandatos presidenciales de Emmanuel Macron ha dejado el país en manos de una alianza de derecha extrema y neofascistas. Los que acusan a la izquierda parlamentaria de ultraizquierdistas mienten descaradamente, como aquellos que confunden el antisionismo con el antisemitismo. La xenofobia del régimen de apartheid colonial israelí converge aquí con el antisemitismo, el racismo y la islamofobia de los neofascistas y colonialistas franceses todavía hoy traumatizados por la guerra de Argelia.
En cuanto a la política económica de LFI que provoca el pánico en el Medef, no es sino una tentativa keynesiana de repartir mejor la riqueza y reorganizar de forma más justa la fiscalidad, pero eso sí, en ruptura con el dogma económico neoliberal que nos conduce inevitablemente a una profunda crisis política, económica, ecológica y social en Francia como en el resto del planeta.

Seine Saint Denis, un lanzamiento simbólico en un bastión obrero y popular
Haber escogido LFI el ayuntamiento de Saint Denis para lanzar el primer mitin de su campaña electoral tiene un valor importante y simbólico, pues lo sitúa en el marco de una movilización general contra la xenofobia y el racismo en Francia.
Un mitin lanzado con el apoyo y la presencia de tres personalidades: el alcalde de Saint Denis, Bally Bagayoko, la escritora premio nobel de literatura Annie Ernaux, y el escritor premio Goncourt 2017 Eric Vuillard.
En las últimas elecciones municipales fue elegido alcalde por amplia mayoría Bally Bagayoko, nacido en 1973 en Francia en el seno de una familia de inmigrantes malienses que se instaló en Seine Saint Denis.
En su haber una brillante carrera universitaria y política que suscita la envidia, el rencor y la histérica xenofobia de esa Francia rancia que no acepta la diversidad cultural y étnica, desatando una campaña de calumnias, insultos, desinformación y propaganda racista.
Un alcalde de color, de origen maliense, es un magnífico símbolo de esa Francia real, marginalizada y no representada en los medios de comunicación dominantes, ni en las instituciones políticas republicanas.
Esa «nueva Francia» que reclama LFI en su propaganda electoral: «Mas alcaldes negros necesitamos contra la peste parda», decía la pancarta de una manifestante en el mitin que celebró el pasado mes de abril la victoria de Bagayoko en ese bastión popular que es el municipio de Saint Denis.
Jean Luc Melenchon ha desarrollado en su intervención las líneas generales de su programa presidencial ante una plaza repleta por 26.000 personas frente a la no menos simbólica Basílica de Saint Denis, necrópolis de la monarquía francesa.
El programa económico, social, fiscal y ecológico de LFI, va evidentemente acompañado por sus posiciones antifascistas y antirracistas, y por su valiente apoyo a la causa del pueblo palestino, su denuncia del genocidio en curso en Gaza y en Líbano perpetrado por el régimen fascista israelí con la declarada complicidad de Donald Trump. Pero también por un llamamiento por la paz y a la solidaridad con el pueblo cubano frente a la agresión de los EEUU. Un mitin que Melenchón dedicó a los pueblos que resisten.
De relieve en su intervención, el llamamiento contra el monopolio de la prensa y de los medios de comunicación por un puñado de multimillonarios, y contra el poderoso grupo neofascista Bolloré.
Un programa pues de ruptura con el dogma económico neoliberal y de redistribución de la riqueza, que propone la fundación de una Sexta república parlamentaria y democrática, para terminar con este sistema actual de «monarquía presidencial», que se encuentra en un peligroso atolladero.
- Les recomiendo a este respecto el excelente libro de Pauline Perrenot, publicado por Acrimed Les Medias contre la gauche (Los Medios de comunicación contra la izquierda).
- Ver el plano publicado por Le Monde Diplomatique y Acrimed sobre a quién pertenece hoy la prensa francesa escrita y audiovisual.



