Paseando con Robert Walser

Se cumplen cien años de la publicación de “El paseo”, una de las obras más fascinantes y enigmáticas del escritor suizo

El día de navidad de 1956, después de comer, Robert Walser inició un paseo por los alrededores del hospital siquiátrico de Herisau, en el que estaba internado desde hacía 23 años. No llegó a terminarlo. Un infarto fulminante acabó con su vida y lo derribó sobre la nieve que cubría los senderos por los que todos los días caminaba durante horas.

Cubierta de El Paseo, de Robert Walser, editada por Siruela
Cubierta de El Paseo, de Robert Walser, editada por Siruela

Caminar era una de las actividades preferidas de Robert Walser. Desde siempre, acostumbraba a hacer largos itinerarios a pie, de día o de noche: de Munich a Würzburg en un día, de Berna a Ginebra en dos jornadas, o a Sumiswald, Huttwill, Burgdorf, Büren… siempre con su bloc de notas en el que escribía incesantemente. No podía vivir sin sus largas caminatas, a veces hacía más de una al día. “Sin pasear estaría muerto”, había escrito hacía muchos años en “El paseo”, una de sus obras más enigmáticas que ahora, cuando se cumplen cien años de su publicación en 1917, rescata la editorial Siruela.

“El paseo” es una obra corta, escrita con la sencillez que caracteriza el estilo de Robert Walser, en la que el autor refleja, a través de un itinerario cotidiano y monótono, la sociedad de su tiempo condensada en un microcosmos de lugares y personas. Ante sus ojos, y los nuestros, van desfilando los paisajes con los que se cruza y que informan del enfrentamiento entre un mundo que desaparece y otro que nace impetuoso: los huertos sembrados de hortalizas, las posadas y las casitas con jardines y pabellones, frente a los automóviles, las fábricas y los talleres que poco a poco van invadiendo la naturaleza. La quietud y el silencio de un bosque de abetos contra el estrépito de un tren cargado de soldados que cruza un paso a nivel. Una panadería con un rótulo presuntuoso y exagerado, un aserradero con maderas y virutas, la casa de una sociedad adornada con banderines y estandartes, la tienda de sombreros de señora, una peluquería rural, un zapatero, una escuela, la herrería, los ultramarinos… todo le lleva a reflexionar sobre la sociedad de un tiempo en el que muere una manera de vivir mientras nace otra cuyo destino le parece cuando menos incierto.

Las personas representan aquí el aplastamiento del hombre por la burocracia y el nuevo sistema. Discute con el recaudador de impuestos porque no tiene en cuenta su precaria situación económica, con el sastre porque no le gusta cómo le queda el traje que le encargó, critica a un hombre elegante que ignora que hay niños hambrientos… Menos mal que aún quedan almas caritativas que le ayudan a sobrevivir: dos damas filantrópicas que ingresan dinero en su cuenta, la señora Aebi, que lo invita a comer una vez a la semana, el anticuario que siempre le pide que lo mencione en alguno de sus libros… y los niños, que corretean libres y sin freno y que despiertan en él reflexiones sobre una arcadia perdida: “Los niños son celestiales porque siempre están en una especie de cielo. Cuando se hacen mayores y crecen se les escapa el cielo y caen desde la infancia a la seca y calculadora esencia y a las aburridas concepciones de los adultos (…) cuánto desearía el paseante volver a ser en un abrir y cerrar de ojos un niño…”.

Xulio Formoso: Robert Walser
Xulio Formoso: Robert Walser
Puedes encargar un póster de este dibujo de Xulio Formoso a [email protected]

Una obra biográfica

La obra de Robert Walser, sus novelas, sus ensayos, su poesía, es una continua y profunda relación con su vida de persona solitaria, recogida, inquieta, que no dura mucho en un mismo trabajo ni en un mismo domicilio (en Zurich llegó a vivir en 17 sitios diferentes, en Berna en 15). Jürg Amann, uno de los biógrafos de Walser, escribió con fragmentos de sus obras “Una biografía literaria”, publicada también por Siruela, en la que sigue minuciosamente los pasos del escritor a través de sus narraciones, cartas, poemas y ensayos, con hallazgos luminosos y sorprendentes. Incluso su muerte está presentida en uno de los relatos: “Ojalá me dejara cubrir por la nieve y yaciera sepultado en ella y muriese dulcemente” (“Una historia navideña”, 1919).

Hijo de un encuadernador, Robert Walser (Biel, Suiza, 1878), fue el séptimo de ocho hermanos. Comenzó publicando poesía en diarios y revistas después de renunciar a seguir su vocación de actor. En 1904 publica su primer libro, “Los cuadernos de Fritz Kocher”. Desde 1906 vive unos años en Berlín con su hermano Karl, que había triunfado como escenógrafo de teatro con Max Reinhardt y se había hecho un sitio como pintor. Allí Robert escribe tres de sus mejores novelas, que le proporcionaron una cierta popularidad: “Los hermanos Tanner”, “El ayudante” y “Jacob von Gunten. Un diario”, todas ellas con ilustraciones de su hermano Karl y fuertes connotaciones autobiográficas. También su poemario “Gedichte”, publicado en 1909. A su regreso a Suiza después de una fuerte discusión con Karl, se instala en una buhardilla de Berna, donde vive durante ocho años, y colabora en la prensa con críticas literarias, relatos breves y crónicas culturales, mientras escribe su novela “El bandido”, que no llegará a publicar en vida (se editó en 1972).

Walser no sólo prefería la soledad y el aislamiento sino que huía de la fama y el protagonismo. Mantuvo una larga correspondencia con Therese Breitbach, a la que nunca llegó a conocer en persona. En una ocasión, invitado a una lectura pública de sus poemas en Zurich, pidió a un redactor del diario “Neue Zürcher Zeitung” que leyese los textos mientras él se sentaba como un desconocido entre los espectadores. Su máxima fue siempre la que dejó escrita en una de sus cartas: “el escritor que tiene más posibilidades de cosechar éxito es aquel que se empequeñece al máximo, tanto ante los contemporáneos como ante la posteridad”.

Robert Walser fue internado en un siquiátrico en Waldau, cerca de Berna, tras haber sufrido varias crisis depresivas. Poco a poco fue espaciando sus escritos hasta abandonarlos totalmente. En 1933 fue trasladado contra su voluntad a un manicomio en Herisau porque las leyes suizas obligaban a hacerse cargo de los enfermos mentales a los centros de la localidad en la que habían residido los padres. Fue a partir de este momento cuando dejó de escribir definitivamente.

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.