«Los hombres que no sueñan pierden un tercio de su existencia»
Jean Zay

Ausente de París en el mes de septiembre acabo de ver en el cine Les trois Luxemburg en el barrio latino, esta magnífica película documental de Laurent Veray, Haute solitude[1] que podemos traducir como Profunda soledad, Jean Zay preso político.
Un debate acompañó la proyección en presencia del cineasta Laurent Veray y de la historiadora Michelle Perrot. Una nueva proyección ha sido ya programada para el próximo domingo 8 de noviembre.
Ministro radical socialista del Frente Popular en 1936 en el gobierno de León Blum, Jean Zay fue detenido junto a muchos otros parlamentarios en Marruecos por el gobierno colaboracionista de Vichy en 1940, y tras pasar cuatro años en diversos centros penitenciarios, en Clermont Ferrand, Marsella y Riom, fue asesinado por la milicia poco antes de la liberación, un 20 de junio de 1944, en plena desbandada de las ligas fascistas que habían cooperado con el ocupante nazi alemán.
De padre judío y madre protestante, Jean Zay, joven abogado de profesión, fue designado a sus 31 años ministro de la educación nacional en 1936 por León Blum, un gobierno que por vez primera nombró a tres mujeres como secretarias de estado, en una apoca en que la mujer no tenía derecho de voto ni podían ser elegidas.
La correspondencia de Jean Zay, su integridad política y humana, su testimonio sobre el neolenguaje hipócrita del gobierno de Vichy, sobre la mediocridad de los generales felones que se sometieron al poder nazi, y su lucido análisis de ese momento de tinieblas que atravesó Francia, tienen un eco y una actualidad absoluta en la Francia de hoy en la que asistimos a una tentativa de renacimiento del fascismo y el racismo más abyecto.
Sus palabras suenan hoy como un mensaje de advertencia en este siglo veintiuno, en que la ultraderecha y la derecha conservadora intentan rehabilitar la Francia de Pétain. Su humana reflexión existencial desde el aislamiento en la cautividad , así como la fuerza poética y literaria de su correspondencia, son un ejemplo hoy sobre como seguir resistiendo frente a la adversidad.
Autorretrato de un preso político en el régimen de Vichy
En sus cuatro años de detención en las cárceles de Pétain, Jean Zay no se resignó nunca a su suerte y proclamó su inocencia. Con cierta ingenuidad creyó al comienzo que la justicia rechazaría la injusta y falsa acusación de deserción que pesaba contra él, que no era sino una venganza política del régimen de Vichy contra los lideres y ministros del Frente Popular, desde León Blum a Édouard Daladier, entre otros, con el interrumpido proceso de Riom*.
Su historia es la de un político integro, un republicano convencido, que modernizó y democratizó el sistema escolar francés, participó en la creación del Museo del hombre, del palacio del descubrimiento, del CNRS y del museo de artes y tradiciones populares. En 1939 impulsó junto al escritor Philippe Erlanger la creación del festival de cine de Cannes, en oposición al de Venecia que había sido organizado por Mussolini. El festival de Cannes fue interrumpido por la guerra, y se reanudó en 1946 tras la liberación.
La película empieza con un magnífico plano de tres niñas corriendo en el pasillo y saliendo al recreo en el patio de la escuela ‘Jean Zay’ en Clermont Ferrand que lleva su nombre. Aunque bastante olvidado hoy en día, cabe subrayar que el nombre de Jean Zay ha sido dado a un gran número de escuelas en Francia, tantas como llevan el nombre de Víctor Hugo o Jules Ferry.
Tras su asesinato en 1944, su cuerpo fue escondido en el monte, y hubo que esperar a 1947, cuando fue detenido uno de sus asesinos, para hallar sus restos mortales. Un funeral oficial y tardío homenaje tuvo lugar finalmente en Orleans, su ciudad natal, en 1948, imágenes que sirven de punto final al documental.

Jean Zay de la poética reflexión existencial a la integridad política
La fuerza y la originalidad de esta película documental se apoyan en la minuciosa reconstitución con imágenes y una esmerada banda sonora y musical de esa voz en off (la del actor Eric Caravaca) que restituye con fuerza y emoción la reflexiones y recuerdos en la correspondencia escrita desde la cárcel por Jean Zay.
Cartas a su padre León, a su hermana Jacqueline, a su esposa Catherine y a sus dos hijas pequeñas Catherine y Helene. El texto de la película se basa en esa correspondencia y en el libro Souvenirs et solitude (Recuerdos y soledad) escrito durante su cautividad.
Fotos de familia, archivos de los noticieros de la época de Vichy, e imágenes filmadas en las ciudades y en las cárceles por las que transitó Jean Zay van ilustrando paso a paso sus palabras, en esta suerte de autorretrato cinematográfico de los últimos cuatro años de su vida.
Asistimos así a la soledad existencial de un preso y a la entrañable poesía de un gran escritor que comunica con su esposa y familia para superar su aislamiento resistiendo a la ignominia de los que cooperando con el enemigo le acusaban de deserción.
Las palabras de Jean Zay con el ingenioso montaje cinematográfico de Laurent Veray conducen a una inmersión del espectador en su pensamiento y en la intimidad de sus sentimientos. Los diversos formatos de imagen en gran parte en cuatro tercios, el blanco y negro, con algunas imágenes en color, contribuyen a esa reconstitución de la época.
Mientras, un par de secuencias calidoscópicas buscan reflejar o introducirse en la mente de Jean Zay, como esa escena casi al final en donde lee su última carta antes de ser asesinado. Todos los recuerdos de su vida transitan de forma acelerada en la pantalla, dicen que es así cuando ves llegar tu último suspiro.
«Seguiremos más que nunca presentes en nuestros pensamientos, aun sin noticias…». «Pregunta en la embajada si no tienes noticias mías, no te inquietes…» escribe premonitoriamente Jean Zay. Una carta conmovedora, lúcida y ambivalente en su posible interpretación, ya que sin decirlo explícitamente parece una declaración de sus últimas voluntades, cuando pide a su esposa que se ocupe bien de sus hijas, de su padre o de su hermana y reafirma su integridad y sus convicciones con la esperanza de volverles a ver.
La poesía y la humanidad que se desprende de ese precioso texto y de su restitución cinematográfica nos habla del amor por los suyos, que le permite mantenerse en pie, a pesar de los malos tratos vividos en el Fuerte San Nicolás en Marsella y cuando se deterioraron sus condiciones de detención en la cárcel de Riom. Es por cierto esa última, la única carta intima que firmó con su nombre completo de Jean Zay.
Haute solitude, Jean Zay prisonnier politique, es una formidable película documental a difundir ampliamente en cines, escuelas y universidades en estos tiempos en que las tinieblas de la peste negra amenazan de nuevo en todos los continentes.
- Haute solitude, Jean Zay prisonnier politique se estrenó en Francia el pasado 23 de septiembre 2026, y como suele suceder con el cine independiente su andadura continua ahora en los circuitos de arte y ensayo.
- El derecho de voto para la mujer se obtuvo en Francia en 1944 y pudieron votar por vez primera en 1945.
- El llamado proceso de Riom, (ciudad francesa a 15 km de Clermont Ferrand) contra Leon Blum, Edouard Daladier y otros inculpados fue interrumpido al transformarse en un proceso político; León Blum fue entregado a los nazis y deportado a Buchenwald pero liberado al acabar la guerra. Falleció en 1950.



