Residencias virtuales

Cuando indicamos nuestra dirección, cada vez con mayor frecuencia ya no mencionamos el nombre de nuestro país, decimos, por ejemplo, punto ve; los pueblos son blogspot y las ciudades www mientras los caminos que conducen de uno a otro sitio se llaman yahoo, gmail, hotmail, wanadoo. Ya no nos citamos en un Café o en una plaza: nos vemos en los muros. No conversamos, chateamos; no dialogamos, gorjeamos. No tomamos el avión sino el ratón; no atendemos la visita, nos conectamos.

Xulio Formoso: Residencias virtuales
Xulio Formoso: Residencias virtuales

Dentro de poco cambiarán hasta los refranes: no diremos “por la maleta se saca al pasajero” sino “por sus sitios se conoce al cibernauta”; la expresión “dime con quién andas y te diré quién eres” está pronta a ser sustituida por “dime quién está en tu lista de contactos y te diré…”.

Las páginas web son versiones sucedáneas de nuestras residencias; en ocasiones pasamos más tiempo en ellas que en los salones o dormitorios. Las creamos pieza por pieza tal cual como si estuviésemos edificando nuestra casa. Quienes gozan de mayor ingenio, optan por una arquitectura original. Otros no corren con igual suerte: ante la presión ejercida por las limitaciones tecnológicas y el acoso del tiempo prefieren la sencillez de un modelo prefabricado. No importa cuál sea el caso, cada quien, con su estilo personal se encargará de la decoración interna que la identificará como propia, la marcará con su sello.

Las residencias virtuales se parecen a sus dueños: las hay luminosas como amaneceres y otras oscuras como sombras; algunos habitantes tienen el hábito de abrir sus ventanas todos los días para que el aire fresco las ventile; otras, en cambio, son abandonadas a la segunda entrada dejando escapar entre sus rendijas un rancio olor a periódicos mojados y la halitosis de quienes allí pernoctan nos causa asco.

Hay habitaciones barrocas amobladas cual museos, colmadas de antigüedades, ancladas en el recuerdo; a su vez las hay con personalidad contemporánea: pragmáticas, sobrias, sin muchos objetos con los cuales tropezarse.

He llegado a direcciones insospechadas atravesando los túneles subterráneos y puentes aéreos de las casas de mis amigos: en un nanosegundo se puede recorrer medio mundo a través de ellos.

Este tipo de residencia, virtualmente hablando, en su mayoría albergan a gente variada: tienen dormitorios privados pero una sala de estar común. Así, bajo un nombre seductor, “Diario del Aire”, se albergan personas de carácter tan disímil -aunque su columna ética vertebral sea la misma- como Antonio Aramayona con quien comparto la preocupación por una educación pública de calidad e intercambio estrategias del uso alternativo del derecho y Alicia Población quien poéticamente impide que en momentos de amargura tire la toalla y la pluma.

En cuestiones literarias “La soledad del corredor de fondo” me seduce por su itinerario osado y vocación antropomórfica aunque la variedad de relámpagos empastados que ofrece “La Tormenta en un Vaso” resulta fascinante tal y como ir a tomarse una aromática bebida en la “La Fugitiva Librería Café”.

Puede ser que en alguna de estas residencias virtuales, transcurra el tiempo sin que se detecte ningún movimiento. Al pasar frente a ellas cada mañana camino al trabajo, la imaginación juega con las posibilidades: ¿se habrán mudado a otras tierras quienes una vez compartieron esta morada o estarán, simplemente, de vacaciones digitales? Ojalá se trate de lo segundo y “Cuadernos y Caminos” vuelva a las andadas.

Hace medio año, ocupé el apartamento 31 de este gran edificio virtual que es “Periodistas en español”. Ya no utilizo tanto el Diccionario Panhispánico de las Dudas; en su lugar, voy a casa de Manuel López para que me aclare cómo se escribe en español. Con Mercedes, Concha e Ileana me reúno a discutir sobre derechos humanos, cine, arte y comunicación. Cada noche le tomo el pulso a la política de la mano de Félix o entretejo la idea de una sociedad mejor al lado de Juan Tomás. Sistemáticamente, Pastoriza me enseña los libros que no tendré tiempo de leer y, el Editor, la cantidad de premios que genera el mundo cultural.

Y, tú, ¿dónde tienes fijada tu residencia principal? Un día de éstos, tal vez más pronto que tarde, me dejaré caer en un click a visitarte.

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Ileana Ruiz (Venezuela). Activista de derechos humanos, investigadora social y periodista. Asesora en resolución de conflictos, educación popular, participación ciudadana y derechos humanos y profesora de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad. Articulista en el semanario venezolano “Todosadentro” del Ministerio de la Cultura desde 2006. Premio Nacional de Periodismo de Opinión, 2013. Entre sus publicaciones: De la indignación a la implicación (2006); Pueblo de agua: Cuentos para la educación en derechos humanos sobre la identidad del pueblo warao (2009); Servicio de policía bajo la mirada ciudadana (2010); La clave del acuerdo. Practiguía para la resolución pacífica de conflictos (2011); Pasos dados poco a poco. Memoria y cuentos del proceso de constitución de los Comités Ciudadanos de Control Policial (2012).

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