Se busca el Islam moderado

Una vez más, como tras cada asesinato en masa cometido por terroristas yihadistas, asistimos a varios debates en nuestros medios de comunicación sobre cuál puede ser la solución a esta amenaza para nuestra existencia.

Viñeta de Charlie Hedo sobre los integrismos religiosos
Viñeta de Charlie Hedo sobre los integrismos religiosos

Algunos ilustres académicos alzan nuevamente el vuelo de sus argumentos y, a través del análisis de las causas, pretenden encontrar el camino comprensivo hacia una solución duradera. Vuelven a olvidar todos ellos que los europeos somos absolutamente impotentes para resolver dos de las variantes fundamentales de la ecuación y que quienes podrían ayudarnos no están dispuestos a ello en absoluto.

Me refiero a:

  1. El abandono de la política genocida por parte del estado de Israel.
  2. La desaparición de la oligarquía criminal que gobierna las monarquías petrolíferas del Golfo.

Pero no son esos temas el objeto de estas líneas. Existe otro guion que se repite después de cada atentado y que no hay que confundir con el oxímoron “Islam democrático”. Me refiero al apoyo que debemos buscar –y ofrecer­– en el Islam moderado y la perseverancia occidental en la afirmación de la existencia de ese Islam moderado y de su desvinculación del yihadismo terrorista.

Veamos:

Como tras cada atentado, las víctimas hemos tenido derecho a ver en las cadenas de televisión a contritos miembros de las comunidades musulmanas de París o Badalona manifestando su solidaridad y negando la condición de buenos musulmanes a los terroristas. “El Islam es paz”. “No en nuestro nombre”…. Eslóganes que se repiten una y otra vez. Sin embargo, no hemos visto NUNCA que NINGÚN musulmán capacitado para ello (Un Imam o un Ayatola) emita una fatua condenatoria de esos descerebrados criminales. NUNCA. Mientras tanto, Salman Rushdie (es sólo un ejemplo) continúa escondido, condenado a muerte, víctima de una fatua de 1989. ¿Es esto una muestra de la existencia de ese Islam moderado?

Como tras cada atentado, los medios occidentales dan la palabra a los teóricos portavoces de ese presunto Islam moderado. Uno de los más conocidos –y citados– intelectuales musulmanes moderados es el suizo Tariq Ramadán a quien los medios de comunicación francófonos europeos han concedido horas de televisión y metros cuadrados de papel prensa tras cada crimen.

Viví en Bélgica más de diez años que incluyeron los atentados de Buenos Aires, diversos asesinatos en Francia, el 11-S y el 11-M. He tenido, por tanto, numerosas ocasiones para escuchar el mensaje de ese Islam moderado. Básicamente, el señor Ramadán propone la aceptación y el respeto mutuo para conseguir una convivencia armoniosa entre los musulmanes que viven en nuestros países (occidentales) y nosotros. Y, detrás de una inmensa verborrea demagógica, el señor Ramadán explica cuál es su concepto de  “respeto mutuo”. Algunos casos prácticos:

Caso 1: Yo, ciudadano europeo occidental, padre de dos hijas, siento mi sensibilidad herida y mi cerebro ofendido cuando veo a jovencitas musulmanas pasearse por las calles de Bruselas o Alcorcón con alguna de las versiones extremas del velo islámico (Niqab o Burka). Tengo, sin embargo, que respetarlo y aceptarlo de buen grado en cuanto tradición / norma del Islam.

Caso 2: Yo, ciudadano occidental cristiano, budista, agnóstico o ateo, me siento seriamente ofendido cuando mi vecino musulmán degüella en su casa uno o dos corderos para celebrar una fiesta musulmana. Debo aceptarlo y respetarlo como muestra de una tradición / norma del Islam, aunque esté rigurosamente prohibida en toda la Unión Europea. Debo también respetar que los restos sanguinolentos del pobre animal se depositen, contra toda norma de higiene y salubridad, en el mismo cubo de basura al que yo arrojo mis residuos orgánicos.

Caso 3 : Yo, empresario europeo occidental, debo aceptar y respetar, incluso proteger, el derecho que mis empleados musulmanes tienen a disminuir notoriamente su productividad durante un mes al año, en virtud de un ayuno –el Ramadán– impuesto por una norma básica de su religión que no admite ninguna posibilidad de contestación social.

Podría seguir con otros ejemplos de aceptación y respeto citados por otros autores originarios musulmanes, generalmente no árabes, como la lapidación de los homosexuales, los delitos de honor o la ablación. También hay quien, en nombre del respeto mutuo y la convivencia, nos pide que los occidentales aceptemos semejantes prácticas entre los musulmanes que viven en nuestras sociedades.

Hemos hablado de respeto mutuo. Es decir, recíproco. ¿Cómo declina el señor Ramadán esta reciprocidad? Si, por caso, pronuncio una blasfemia en público o publico una caricatura del Profeta y soy castigado por un fiel musulmán que me degüella, los musulmanes moderados condenarán al asesino con todas sus fuerzas pero me responsabilizarán parcialmente por haberle provocado mediante una falta de respeto hacia sus más profundas creencias. Nada nuevo, por otra parte, para cualquier religioso. Es exactamente lo que hizo el Papa Francisco después de “lo de” Charlie Hebdo.

A lo largo de años de trabajo en instituciones internacionales, he tenido colegas –hombres y mujeres– a quienes califico, sin reservas, como musulmanes moderados a título individual.  Todos ellos, sin excepción, mostraban esa “cierta comprensión” hacia los criminales que sentían que una caricatura o una blasfemia constituían una intolerable provocación digna de castigo. Y ninguno de ellos –sin excepción– mostró la menor disposición a articularse en movimiento social musulmán en contra del fanatismo asesino. Ni en Argel ni en Bruselas. Es decir, concedo que existan musulmanes moderados pero no existe un Islam moderado con el que colaborar.

En resumen, lo que ese presunto islamismo moderado propone –de forma explícita por la boca de Tariq Ramadán­– es algo que, en términos jurídicos llamaríamos una “extraterritorialización de la Sharia”. Lo que quieren decir cuando hablan de mutuo respeto es, simplemente, que los no musulmanes aceptemos respetar –y obedecer–  los preceptos musulmanes. La Ley del embudo. Un “Trágala” a Occidente, sin ningún compromiso recíproco por parte de la colectividad islámica. Bueno, si nos portamos bien y seguimos sus preceptos, nos dejarán vivir… Y, en tres generaciones, evolución demográfica mediante, seremos esclavos bien tratados. En definitiva, eso es lo que está en juego. La libertad de nuestros nietos. Su derecho a jugar un partido de futbol o a cantar y bailar un rock and roll.

Conclusión: Al igual que las dos (o tres) variables citadas al principio de estas líneas, cualquier solución a este conflicto no puede pasar por la colaboración con un Islam moderado que simplemente no existe. A no ser que queramos creer que el rey de Marruecos o el dictador de Egipto constituyen ese ejemplo de moderación, en defensa de nuestros intereses. Pero ese es otro debate.

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Periodista. Colaborador de diversos medios durante la transición (Diario ARRIBA, Revistas DOBLÓN, REALIDADES, PLATAFORMA, RITMO...) Fundador y primer director de la recientemente desaparecida REVISTA DE ARQUEOLOGÍA. Responsable de información en diversos campos en la Comisión Europea entre 1982 y 2004. En la actualidad, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Politécnica de Madrid y cordinador del curso de FOTOPERIODISMO en el Centro de Estudios del Vídeo - CEV.

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