Se prohíbe mirar el cesped

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“Ellos se casan, tienen hijos, veranean… mientras yo me peleo con lo sórdido y tenebroso del lenguaje…”

Alejandra-PizamikAlejandra Pizarnik advirtió en los últimos años de su vida que las palabras eran una cosa y otra bien distinta la quintaesencia del sufrimiento en sí, que al Otro Absoluto que todos llevamos dentro lo podemos intuir, nos puede pesar con el peso convergente del tiempo y el espacio pero no lo podemos definir. La palabra poética es, en todo caso, una condenada a no decir exactamente lo que dice: “…las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia. Si digo agua ¿beberé? si digo pan ¿comeré?… lo que pasa con el alma es que no se ve, lo que pasa con la mente es que no se ve, lo que pasa con el espíritu es que no se ve ¿de dónde viene esta conspiración de invisibilidades? ninguna palabra es visible. Sombras, recintos viscosos donde se oculta la piedra de la locura”..

Estos enunciados tan categóricos -y tan drásticamente asumidos- harían de ella un ser aislado, casi acorralado entre la multitud. Tal vez por ello Se prohíbe mirar el césped, función de teatro sobre la vida y la muerte de la poeta argentina de origen judío Flora Alejandra Pizarnik, fue premiada en el Festival Internacional de Teatro de Calle de Valladolid 2013. Algo que, por tratarse de un monólogo poético, podría extrañar a primera vista, pero la razón es, sin duda, que hay mucha acción e interacción en este monólogo que, partiendo de la muerte, se cierra con ella, lo que es lo mismo a decir que hay mucha vida en esta muerte.

Un monólogo por tanto que, aun siéndolo, no se ciñe a la estructura del monólogo como cabría esperar. En su autopsia psicológica, Alejandra Pizarnik interactúa con el médico (que es quien cerrará sus párpados, algo que a ella le preocupaba sobre manera), con el músico (que cantará a la viola piezas de autores judíos, como Leonard Cohen), con los objetos todos de la estancia (camilla, aparatología forense, agua, barquitos, césped) y finalmente con el público (tan púdico él, petrificado en su butaca, a quien apostrofa fijamente con sus ojos bellísimos y alucinados). Finalmente Alejandra se desnudará de cuerpo y alma para lograr así la plena reconstrucción, en tan sólo una hora, de su vida, enfermedad mental y comunicación de sus ideas de muerte..

Flora Alejandra Pizarnik nace el 29 de abril de 1936 y muere el 25 de septiembre de 1972 tras varios intentos de suicidio, siendo el primero con 20 años. Causa de la muerte: sobredosis de seconal. Sus constantes entradas y salidas al hospital psiquiátrico le había proveído de un importante arsenal farmacéutico suficiente para acabar con su vida. Tenía 36 años.

Y sin embargo, amaba la vida, esto es vital. Amaba la vida más que muchos vivos y el sexo era para ella es el motor de todo. ¿Qué es la vida sino una concha y una pija?, yo me las he comido todas, soy la experta, dice en desgarrado acento argentino, lo que le ayuda a enumerar formas y tamaños. Sinceridad que, sin embargo, no suaviza sus ansias de ir siempre más lejos para llegar hasta el final. ¿Conocen ustedes la noche? Sin duda se refiere a la noche de los placeres y a la noche oscura del alma, que las dos las conoce ella muy bien.

Obsesionada con el sexo y con la muerte, ella cree que esta obsesión que la lleva a buscar siempre en todo hasta el final le viene de muy atrás, de su madre, quien inculcó en ella durante su niñez obediente la tristeza insoluble de su vida, pero tristeza que se forjó tal vez antes de su nacimiento: Quizás lo mío es anterior a mí. Obsesionada con su madre y con el sexo de su padre, en Alejandra su vida y su obra son imposibles de separar.

Se veía como una maldita separada de los “normales” (ellos se casan, tienen hijos, veranean…), a los que, sin embargo, no desea parecerse. Se sabe distinta y ama su vida, también su muerte que quiere suya.

Enigmática y a la vez cercana, casi familiar que si se te acerca te quema, contagia con su crudeza un gran amor a la vida. Una obra bellísima y absolutamente recomendable de la mano de una gran actriz y unos magníficos auxiliares.

Alejandra-Pizarnik_prohibe-mirar-cesped

  • Compañía: Colectivo Ghetto 13/26.
  • Actores: Félix Fradejas, Marta Ruiz de Viñaspre.
  • Director: Félix Fradejas.
  • Músico: Pau de Nut.
  • Duración: 60 minutos.
  • Sala Triángulo. Fecha: 26 de octubre de 2013

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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