Un canto a la amistad de Paco Elvira

Confieso que me une una relación muy especial con esta foto.

Paco-Elvira-MongoliaLa tengo entre mis preferidas “sí o sí”, cualquiera que sea el temario particular de “Las Mejores Fotos” por el que en cada caso se me pregunte. Una canasta en Mongolia, este fotón de Paco Elvira, me cautivó desde el primer momento en que la vi, y estoy hablando de 1979, un momento en el que los editores gráficos de los medios españoles sumábamos menos efectivos que los dedos de una mano. O quizá por eso. El caso es que hace no mucho, en que un querido colega y amigo –Enrique Shore– cumplió 50 años y un nutrido grupo de amigos le ofrecimos una fiesta sorpresa en la que me tocó elegir la compra del regalo colectivo, no dudé ni un instante en pedirle a Paco el archivo de la foto.

Estamos ante una obra temprana, hecha en plena Transición en España por el primer reportero freelance en visitar China. Alguien la acabaría titulando Una canasta en Mongolia, pues fue tomada en plena estepa mongola. En medio de un paisaje de desolación, bajo el cielo gris, todo naturaleza muerta, un grupo de chicos da ordenadamente rienda suelta a la chispa de la vida lanzando una pelota a la canasta.

La primera impresión visual de la foto es la verticalidad y la elegancia. Elegí esta foto para regalarle a Enrique porque le describe a la perfección: es un tío cabal, elegante, vertical. Mira de frente y va al grano. Lo mismo que los cuatro chicos de la foto. Y, cómo no, antes que a Enrique y a los propios chicos mongoles, la foto retrata a su autor Paco Elvira.

Estamos rotundamente en un tema de buen rollo: Paco es -fue, ay-, antes que nada, ¡buena gente! Por encima de buena gente, ya digo: es un referente absoluto del fotoperiodismo español que deja tras de sí una portentosa trayectoria como fotoperiodista, profesor y comunicador que empezó como el primer fotorreportero español que se curtió en reportajes internacionales y terminó como autor de un blog integral de fotos y textos que no tardará en ser objeto de tesis doctorales, compaginando su inagotable actividad con su entrega a la docencia.

¿Una alegoría acaso del fatal desenlace de la feroz escalada del calentamiento global, la revancha climática y la crispación de la otra, en el paisaje de la actualidad de nuestros días?

En este sentido, estoy por pensar que el grupo de chicos de la foto de Paco Elvira representa la esperanza en los resortes más íntimos de humanidad valiente de los hombres libro/hombres libres de Fahrenheit 451 resueltos a salvaguardar la esencia de la que están formados los grupos que alcanzan la categoría de equipos: la amistad.

Ni fruto del azar como tampoco de la fría planificación estratégica. Hay una sustancia esencial, ya digo, que se intuye de lejos en los chicos de la foto y es la llama de la amistad. Los chicos no compiten, sino que ensamblan un conjunto coordinado, construyen el equipo. Fotógrafo–chicos–observadores de la imagen. ¿Teoremas de la comunicación? No hace falta salir de esta foto.

Dije que la primera impresión de la foto es la mezcla de la resuelta verticalidad de su construcción formal y la acendrada elegancia que desprende. Una primera impresión visual física, mensurable, y una subsiguiente virtual, sobreentendida. Perfecto. Con una economía espartana de elementos, Paco Elvira nos presenta un poema visual concentrado en la imagen del instante decisivo al tiempo que nos sugiere una atmósfera muy particular en la que cabe desde la belleza de la composición de la foto-objeto hasta el estado de ánimo del observador-sujeto. Una obra de arte. Lo dicho: un fotón.

El grupo de chicos de la foto de Paco Elvira representa la esperanza en los resortes más íntimos de humanidad valiente de los hombres libro/hombres libres de Fahrenheit 451 resueltos a salvaguardar la esencia de la que están formados los grupos que alcanzan la categoría de equipos: la amistad.

He ahí esa sustancia esencial que se intuye de lejos en los chicos de la foto como también en Enrique Shore y es la llama de la amistad. Los chicos no compiten, sino que ensamblan un conjunto coordinado, construyen el equipo. Equipo entre ellos ahí sobre el terreno baldío al lado de la canasta, pero también equipo con el autor de la foto y el observador que la está mirando.

Dije al principio que la primera impresión de la foto es la mezcla de la resuelta verticalidad de su construcción formal y la acendrada elegancia que desprende. Una primera impresión visual física, mensurable, y una subsiguiente virtual, sobreentendida. Perfecto. Con una economía espartana de elementos, Paco Elvira nos presenta un poema visual concentrado en la imagen del instante decisivo al tiempo que nos sugiere una atmósfera muy particular en la que cabe desde la belleza de la composición de la foto-objeto hasta el estado de ánimo del observador-sujeto. Una obra de arte. Un fotón.

Por encima de todo, ea, la amistad. Con razón sostenía Voltaire: “Cambiad de placeres, pero no cambiéis de amigos». “Quien tiene un amigo tiene un tesoro”, reza el refrán popular, y salta a la vista que tanto Enrique, a quien homenajeamos con esta foto, como Paco, el autor de la foto, tiene o deja muchos amigos. No sin razón dijo otro famoso, Frank Sinatra, que “para tener éxito hay que tener amigos; pero para mantener mucho éxito hay que tener muchos amigos». Un amigo, ya se sabe, es como la sangre, “que acude a la herida sin tener que llamarla”. Bruce Springsteen afirma que “la amistad te impide resbalar al abismo”. Sí, un amigo es “uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere”.

La Canasta en Mongolia es una obra tranquila. Irradia una fuerza sosegada, llena de ritmo, armonía, equilibrio. Un equilibrio aparentemente estático pero que advertimos que en realidad es dinámico cuando reparamos en la malla de la canasta y observamos que está suavemente mecida por el viento.

Otro viento, el de la solidaridad, es el que nos empuja a honrar, desde el dolor del trallazo de la noticia de la trágica desaparición de Paco Elvira, la memoria de quien ya está situado en la historia entre la selecta élite internacional de fotoperiodistas que marcan el antes, que los fotorreporteros retrataban noticias, y el después, en que retratan sentimientos.

Imágenes como esta de Paco Elvira son las que nos llevaron a un puñado de editores gráficos de prensa a elaborar el Manifiesto de Mariñán.

Apología de la canasta

Fallece Paco Elvira en accidente en El Garraf

 

 

Únase a más de 1100 personas que apoyan nuestro periódico

Podrás comentar, enviar sugerencias y además podrás acceder de forma gratuita a eBooks, póster y contenidos exclusivos de nuestros colaboradores.

Fallece en diciembre de 2014, siendo editor adjunto de Periodistas en Español. Periodista, fotógrafo, profesor y consultor de medios. En la profesión desde 1966. Perteneció a las redacciones de 'Gaceta ilustrada', 'Cuadernos para el Diálogo", 'El Periódico" y 'Tiempo'. En 1982 funda FOTO, revista que edita y dirige hasta 2009 (287 números). Fue vocal por el sector de la Fotografía en la Comisión Redactora del Anteproyecto de Ley de Propiedad Intelectual de 1987. Profesor de Fotografía de la Universidad Nebrija (1997-2001). Desde 2000, vinculado a la Escuela Superior de Publicidad. Autor de 'Fotografía Creativa', guía didáctica de un curso en una plataforma 2.0 (282 págs., Maren, Madrid, 2010). Su exposición fotográfica antológica 'Manuel López 1966-2006' va camino de 40 itinerancias por España y América.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.