Luego de que la selección de fútbol de Marruecos clasificara a la fase semifinal del campeonato mundial celebrado en Catar en 2022, surgieron dudas, muchas de las cuales culminaron en polémicas sanas.
Recuerdo una protagonizada por mis amigos Rubén Darío Brieto, a quien cariñosamente todos sus amigos llamamos «Comba»; Luis Montoya (la «Polla») y un ciudadano de origen árabe que, aunque no es mi amigo, tampoco es mi enemigo. Los dos primeros sostenían que el mencionado país es africano; en tanto que el tercero, sin ninguna base que sustentara su opinión, afirmaba que es árabe.
La disputa verbal se mantuvo por largo rato, sin que los contendientes dieran su brazo a torcer. Al final, el ciudadano de origen árabe no pudo convencer a nadie, pues sus alegatos son el producto de una pretensión de erudito que lo caracteriza; pero para mí, parafraseando a Reynaldo Armas, muy lejos de erudito, «es un simple necio con caprichos» de sabio. La sabiduría está en los libros, y su usted no lee, y encima de eso se muestra insolente e imprudente, no tendrá éxitos en sus propósitos.
Trataré de ser lo más explícito posible, dado que es un tema muy importante, del que vale la pena hablar y aportar para que las dudas puedan disiparse; esa es la intención y finalidad de este trabajo de divulgación periodística.
Para empezar, es necesario que se sepa que no existe la nacionalidad árabe. Hay veintidós países que hablan ese idioma, además de que comparten algunas costumbres; pero debe quedar claro que lo de árabe es solo una identidad cultural y lingüística, no una nacionalidad. No se necesita ser un gran filósofo para entender eso.
Gracias a un material informativo que me facilitó mi amigo y ferviente lector, Jesús Silva Hernández, puedo decir que de esa cantidad, doce están localizados en Asia, a saber: Arabia Saudita, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Palestina, Siria y Yemen, los cuales constituyen el Oriente Medio.
Los diez restantes están enteramente en el continente africano, con la excepción de Egipto y Yemen, que tienen territorio entre ambos continentes, es decir, son transcontinentales: Argelia, Comoras, Yibuti, Libia, Mauritania, Marruecos, Somalia, Sudán, Túnez y Sáhara Occidental. Sobre este último territorio existe una especie de disputa por el estatus, de lo que no hablaré, pues desconozco los pormenores.
En el material que me envió Jesús, hay otros elementos de gran importancia por sus rasgos históricos, geográficos, sociales y políticos, que requieren una profunda lectura para luego opinar; no obstante lo cual, os prometo que echaré mano de ellos en otra ocasión.
Lo cierto es que con lo plasmado en los párrafos anteriores no debe quedar dudas sobre el nombre que deberán recibir Marruecos y los marroquíes por el territorio que ocupan. La nacionalidad es marroquí y, por su ubicación geográfica, sus habitantes son africanos, no árabes, como creen algunos. Pero hay algo más: los turcos y los iraníes no son árabes. Los primeros son otomanos; y los segundos, persas.
Eso de decir que los habitantes de paises africanos en los que se habla árabe tienen esa nacionalidad, es simple y llanamente desconocimiento. Es como si se dijera que Angola, Cabo Verde y Mozambique, que se independizaron de Portugal después de la Revolución de los Claveles (Revolução dos Cravos, en portugués), son portugueses.
El gentilicio de los nacidos en esos lugares es: angoleño, caboverdiano y mozambiqueño, respectivamente. Vale señalar que la Revolución de los Claves fue un alzamiento militar que el 25 de abril de 1974 dio al traste con la dictadura del Estado Nuevo, que mantuvo oprimido a Portugal desde 1926.
Algo parecido ocurre con las Islas Canarias, «archipiélago atlántico perteneciente a España», con naturaleza y geografía africanas; pero política y culturalmente europeo». El mismo criterio se aplica en el caso de Haití, en donde el idioma oficial es el francés. Sus habitantes son haitianos, ubicados en el Caribe y, por lo tanto, son caribeños, pertenecientes a la región geográfica de Centroamérica y el Caribe.
Es necesario recalcar que la nacionalidad árabe no existe, pues solo es una identidad cultural y lingüística. Es preciso insistir para que muchos redactores, incluidos algunos de grandes y prestigiosas empresas periodísticas no sigan escribiendo y describiendo situaciones en las que se refieran a «ciudadanos de nacionalidad árabe».
Es una impropiedad que, aunque no es muy repetitiva, aparece de cuando en cuando, por lo que debe evitarse en función de que no se convierta en un vicio indesarraigable.



