Cantoría: un joven y brillante cuarteto vocal renacentista

Desde las primera obras del programa de Cantoría se advierte que estamos ante un cuarteto que aúna a su juventud un cualificación canora sorpredentemente impactante por su alto nivel. Aunque sólo lleve tres años de trayectoria profesional, si el espectador cierra los ojos y se concentra en el canto, bien podría pensarse que se trata de un conjunto con un nivel de conjunción y empaste sonoro propios de una más dilatada ejecutoria.

Cuarteto vocal Cantoría
Cuarteto vocal Cantoría

Se desprende por eso que si las voces de Cantoría suenan así de frescas, bien timbradas, precisas y concordes ahora, el porvenir que les aguarda a sus intregrantes no puede ser más que brillante, muy brillante. Felicitamos por lo tanto al Festival de Música Antigua de Gijón por haber elegido con tan buen tino la participación de este cuarteto con muy poco pasado curricular pero con un futuro sin duda digno de seguir, del que iremos teniendo sin duda exitosas noticias que lo avalen.

El cuarteto se formó en el Festival Internacional de Música Antigua de Sierra Espuña durante el verano de 2016. A partir de entonces, intervino en distintos festivales como el International Young Artist’s Presentation de Amberes (2017), la edición fringe del MA Early Music Festival de Brujas (2017) y la edición fringe del Festival Oude Muziek de Utrecht (2017 y 2018). Cantoría fue seleccionado enEeemerging (2018), un programa europeo de cooperación para el fomento de ensembles emergentes, donde ganaron el Audience Prize y fueron elegidos para continuar en el proyecto durante un año más (2019). También ha enriquecido su experiencia en las residencias artísticas de La Cité de la Voix de Vézelay (2018), el programa MusAE del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte o el reputado circuito FestClásica de la Asociación Española de Festivales de Música Clásica.

Inés Alonso (soprano), Samuel Tapia (contratenor), Valentín Miralles (bajo) y Jorge Losana (tenor y dirección) ofrecieron ayer el programa Lenguas malas, con un repertorio de obras de polifonía del renacimiento ibérico, caracterizadas por el deseo físico y la devoción religiosa, y pertenecientes a los cancioneros de Gandía, Uppsala, Medinaceli, Palacio, las Ensaladas de Mateo Flecha y las canciones y villanescas de Francisco Guerrero. Se trata de historias sobre la virginidad de María y otras virginidades, los amores incumplidos o por cumplir, los santos y los demonios, todas ellas con influjos de la música popular y cortesana, en un contexto político-religioso con la contrarreforma como marco histórico.

De las tres primeras canciones, dedicadas a la virginidad de María, excelente la soprano Inés Alonso en Dadme albricias, hijos d’Eva, obra anónima del Cancionero de Uppsala. Muy destacable Dindirindín, texto confidencial de una amante a un ruiseñor, cantado en occitano, correspondiente al Cancionero Musical de Palacio, de autor también anónimo. Con este, del mismo cancionero, Cantoría ofreció Pase el agoa (en italiano, occitano y catalán) y La Tricotea (plural de lenguas). Especialmente expresivo se mostró el cuarteto con los fragmentos de La Justa, de Mateo Flecha “El viejo”, donde se canta el combate entre  Adán y Satanás, al que finalmente rendirá Jesús.

Las canciones de amor y desamor Prado verde y floridoSi la noche haze escura y Huyd, huyd, de Francisco Guerrero, nos hicieron echar de menos en el programa los textos correspondientes, si bien Jorge Losana glosó previamente cada una de las canciones. Completaron el concierto unos fragmentos con intención moralizante de El Fuego, de Mateo Flecha; Falalán, falalera, de autor anónimo, con Inés Alonso otra vez magnífica; Teresica hermana, canción picaresca con final trágico del Cancionero de Uppsala; Corten espadas afiladas, del Cancionero Musical de Medinaceli, y La Bomba, de Mateo Flecha, con la que Cantoría rubricó su notable concierto, al que no le faltó la expresividad gestual de los cantantes para una mayor visibilidad del relato.

Ante los aplausos entusiastas del público, el cuarteto ofreció como propina No quiero ser monja, del Cancionero Musical de Palacio, con inclusión de castañuelas en las manos del contratenor Samuel Tapia.

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