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Fernando Castelló, periodista comprometido

Fernando Castello (Valencia, 1937), periodista comprometido con los derechos humanos y defensor activo de la libertad de expresión y de su principal soporte, la libertad de prensa, ha fallecido en Madrid a los 76 años de edad, afectado por un cáncer.

En la fotografía aparece en primer plano Fernando Castelló y a mi izquierda Fernanado G. Urbaneja, en un acto en la Asociación de la Prensa de Madrid
En la fotografía aparece en primer plano Fernando Castelló y a mi izquierda Fernanado G. Urbaneja, en un acto en la Asociación de la Prensa de Madrid

Conocí a Fernando Castelló en la transición democrática, cuando se formó una mesa de trabajo para reconocer el acceso a la profesión de todos aquellos periodistas, fotógrafos y reporteros que habían quedado marginados o fueron represaliados en los años del franquismo, que tuteló Luis María Anson en la sala de reuniones de la tercera planta en la Agencia EFE.

Después volvimos a coincidir en EFE, él como director de Internacional y yo como editor de nacional, y fui testigo de cómo hacía prevalecer el derecho a la información sobre cualquier otra consideración, por ejemplo cuando comprometió su puesto directivo dando paso a la información que llegaba desde el lejano oriente sobre la detención del fugado exdirector de la Guardia Civil Luis Roldan.

También sufrí su forma protectora de tratar a las mujeres, cuando me embarcó en un Hercules de la Fuerza Aérea Española a Sierra Leona para dar cobertura a la peripecia del embajador de España en Liberia cruzando la selva para ser recogido por un portaaviones de los EEUU que le trasladó junto a su séquito a Freetown. Solo tenía dos personas disponibles en la guardia de ese fin de semana, y la otra era nuestra colega Sole Verdú, en la edición de Internacional, así que me lo adjudicó sin vacilación alguna.

Pero lo que nos unió con fuerza durante muchos años fue compartir el proceso de internacionalización de Reporteros Sin Fronteras (RSF), organización que presidía, en donde acepté la secretaría general para hacer frente a uno de los objetivos que formulaba constantemente: concienciar a la profesión y a la sociedad de la necesidad de luchar por la libertad de expresión como derecho fundamental de las personas y los pueblos, porque como se dice ahora, sin periodistas no hay democracia, pero los dueños de la información son las personas a las que se dirige.

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En este empeño se mostraba radical, en ocasiones generando incluso cierta incomprensión, como cuando, desde sus posiciones conocidas de izquierda, defendía el derecho de Jiménez Losantos a decir todas las barbaridades que se le ocurrieran a través del micrófono, hizo declaraciones muy críticas por el cierre de Egin, o se implicó como observador en el proceso de Taysir Aloni porque entrevistar a Osama Bin Laden no significaba connivencia del periodista con sus actividades; y fue expulsado de China por participar en las movilizaciones con las que RSF presionaba en Pekín para la apertura informativa del régimen comunista.

Fueron años de trabajo en los que se consiguieron cotas altas de aceptación de los fundamentos de RSF entre los profesionales de la comunicación en España, con la inestimable ayuda de María Dolores Masana, quien aceptó presidir una profunda renovación de la sección española de Reporteros Sin Fronteras, en la que se consiguió el apoyo de los principales medios de la prensa, radio y televisión, así como el de numerosos periodistas de primera fila que prestaron su apoyo para el desarrollo de todas las iniciativas de la ONG.

“Reporteros Sin Fronteras agradece los esfuerzos y trabajos de Fernando Castelló en favor de la organización, lamenta su pérdida, y acompaña en el sentimiento a la familia”, dice ahora en una escueta nota la sección española de RSF.

Leo, en la reseña que hace Juan María Calvo desde EFE, que también se le recuerda por la defensa que hizo de los periodistas afectados por el primer expediente de regulación de empleo en la Agencia, y de la furia mal contenida del presidente que lo impulsó, Miguel Ángel Gozalo, cuando publicó el artículo de “Jubilados al amanecer“, en el que ponía de manifiesto la felonía de aquella acción.

Castelló acabó prejubilado fuera de la Agencia y yo pasé seis años “pendiente de destino”, pero me libre de la depresión de hacer pasillos porque dedicábamos muchas horas a RSF, parte de ellas en París, en las reuniones del Consejo Internacional, que nos dejaba tiempo para callejear por las calles de su juventud, cuando vendía papel usado para pagarse en Francia los estudios que no podía hacer en España.

Escribe Juan Mari Calvo que Fernando libró la última lucha contra el cáncer y también aquí se batió con empeño. Hace unos 10 años se le detectó un cáncer de pulmón, que logró superar. Aunque los últimos años vio muy reducida su movilidad, se ha mantenido lúcido hasta hace apenas dos semanas. Según su médico, Fernando logró, hasta este 25 de abril, un récord de supervivencia en este tipo de dolencias.

Fernando era una persona muy vital y tuvo varias pasiones, entre las que ahora podría destacar la mitología (escribió dos libros) y la micología (eran sagradas sus salidas al campo los fines de semana de otoño).

Lilou López, su compañera, y sus dos hijos, Iván y Vera, que han seguido los pasos de su padre como periodista, van a mantener siempre vivo el recuerdo de una persona comprometida, concluye Calvo.

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Sobre Rafael Jiménez Claudín

Periodista Editor de periodistas-es.com

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4 comentarios

  1. Muchas gracias, Rafael, por tu bonito recuerdo a mi padre.

  2. Ignacio Fontes de Garnica

    Amén.

  3. Vicente Verdú Maciá

    Fernando Castelló fue un amigo leal, limpio, solidario. Un magnífico profesional y un luchador infatigable por los derechos humanos de todas las partes del mundo empezando por España. Su desaparición nos conmueve aún más que la magnitud de su presencia y su honradez. Vivo era inigualable, muerto es inasimilable. Siempre volveré a su nombre como ejemplo de lo que merecía la pena hacer y por lo que mereció la pena ser periodista.

  4. Fernando fue un magnífico y ejemplar compañero siempre solidario, intransigente con el desprecio de los derechos más fundamentales, militante de la libertad de expresión y defensor de la libertad de prensa hasta sus últimas consecuencias. Así es como quiero recordarle. Gracias, Rafael por contribuir a la memoria.

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