Los gritos de los mexicanos

A partir de junio, México se ve sometido a una temporada de lluvias que suele causar auténticos estragos en las zonas más deprimidas. Dura hasta septiembre u octubre, depende. En 2010 se hablaba de que la temporada había dejado cinco muertos y 370.000 personas afectadas, pero me parece que se quedaron cortos. En 2011, las inundaciones anegaron zonas de nueve Estados. Este año está siendo mucho peor.

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Ya a finales del pasado mes de agosto, el Valle de Toluca, en el Estado de México, sufrió unas trombas de agua que amenazaron con sepultarlo, pero lo que se ha vivido esta fin de semana ha superado con creces eso, y los dramas de otros años.

De momento, el saldo es de unos 30 muertos, más de 8.000 evacuados, que no son todos los afectados, ni muchos menos, puesto que, los cálculos oficiales hablan de 200.000 damnificados. Estoy segura de que, si son capaces de hacer un recuento serio, la cifra se puede multiplicar considerablemente.

No ha sido una tormenta tropical al uso, es que el país ha sido azotado por sus dos flancos: la costa del Pacífico y el Golfo de México. Una tormenta tropical (Manuel) en la primera zona y un huracán (Ingrid) en la segunda, han arruinado las Fiestas Patrias (aniversario de la independencia) de la mayoría de los ciudadanos, porque las dos terceras partes del país se han visto afectadas en mayor o menor medida.

Jalisco, Nuevo México, Veracruz (donde ha habido que evacuar a 23.000 personas), Nuevo León (a donde se desplazaron unos 10.000 efectivos del ejército), Guerrero, Puebla, Oaxaca… Todos estos Estados están, en estos momentos, esperando que la ayuda solidaria y oficial les alivie de las primeras necesidades. Guerrero (22 muertos) y Michoacán, han sido las zonas más castigadas.

En Acapulco (Guerrero) hubo que cerrar el aeropuerto el lunes y el martes a la mañana tan sólo salieron diez vuelos, que apenas pudieron sacar de la ciudad a los turistas atrapados. Atrapados por completo, pues nadie podía entrar ni salir debido a la rotura de un tramo de autopista. En la pequeña localidad de Zihuatanejo, también en la costa, 2.000 turistas se vieron retenidos. Tres días de fiesta (sábado, domingo y lunes) se convirtieron en un drama para cientos de miles de mexicanos.

El “grito” del Zócalo

Mexico-desfile-zocalo_GustavoCamachoGonzalez Mexico-grito_OctavioGomezLa mañana del día 16, lunes, amaneció negra y lluviosa en el DF. Realmente, reflejaba el estado de ánimo de una gran mayoría de la población. EL Zócalo, la plaza principal de la ciudad, había sido el escenario, los días anteriores, de una batalla campal entre los maestros de la CNTE establecidos allí desde hace meses, en protesta por la mal llamada “reforma educativa” (a todas luces es una reforma “administrativa”, sin más).

Ese espacio lo necesitaba el presidente para pronunciar su “grito” de independencia, como se hace cada año el día 16 de septiembre (realmente el aniversario es el día 15, pero un presidente -Porfirio Díaz, 1830-1915- lo cambió al 16 para hacerlo coincidir con su cumpleaños -y así sigue-). Pues eso, que lo necesitaba Peña Nieto para “gritar” y para que las fuerzas armadas se lucieran, y hasta el mismo domingo se vivieron allí escenas de auténtica batalla revolucionaria. Los últimos maestros, unos 500, fueron obligados a salir so pena de ser desalojados con gases, a rastras o como fuera. La consigna era clara: o salís u os sacamos. Miles de policías estaban “velando” para que se produjera el desalojo. Y se produjo. La plaza quedó limpia esa misma noche y el evento del lunes quedó garantizado.

Un evento que se suponía debería llenar la plaza (se llama de la Constitución, pues allí fue donde se juró la Constitución Española en 1813, promulgada en Cádiz el año anterior, pero todo el mundo se refiera a ella como El Zócalo) que, junto a algunas calles aledañas, ofrece una superficie de 46.800 metros cuadrados, y puede albergar a 20.000 personas. Pero se llenó, eso sí, a costa de reclutar a ciudadanos dispuestos a vitorear y soportar las inclemencias del tiempo. Se dice que llegaban en autobuses procedentes de fuera de la capital, con 350 pesos (poco más de 20 euros) en la cartera, un bocadillo y un refresco, como pago a su “amor patrio”.

Los gritos de los ciudadanos

Pero las noticias meteorológicas ya hablaban de la grave situación que estaban viviendo miles de mexicanos. Mientras Peña Nieto gritaba en el balcón del Palacio Presidencial el tradicional “viva México independiente”, los ciudadanos gritaban que se estaban ahogando, que se hundían sus casas, que morían arrastrados por ríos torrenciales. Otros gritaban que no había derecho a haber desalojado de esa manera a los maestros. Es decir, gritos por todas partes. Las redes sociales echaban humo (en siete estados estaba dañada la red eléctrica), porque todo aquel que podía reportaba la catástrofe que estaba viviendo.

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Supongo que cumplida la “misión oficial”, que luce mucho y hace alarde de un poderío militar increíble, Peña Nieto se vio obligado a dar la cara ante los ciudadanos y ponerse “a la cabeza de las tareas de auxilio a la población”, según la información oficial. Pero lo hacía con dos días de retraso. Primero se fue a Acapulco (en helicóptero, única forma de acercarse) en donde, en mangas de camisa y subido a un vehículo, micrófono en mano, aseguró que ya estaba en marcha el operativo de rescate y distribución de alimentos.

Prometió que los recursos necesarios llegarían de forma acelerada y que se iba a evitar que grupos u organizaciones políticas se aprovecharan de la situación. Al respecto, ordenó levantar un censo directo en los hogares afectados. Es curioso que mencionara lo de rentabilizar el tema, porque el primero que se va a aprovechar es su partido, el PRI. Y no van a poder hacer un censo fidedigno, porque hay mucha gente en el país que no está legalizada, principalmente en las zonas rurales (cuando tienen los hijos no los registran, porque tienen lejos los juzgados o por costumbre, depende). Y es allí, precisamente, donde peor están. También dijo que el Ejército y la Marina estaban brindando apoyo. Yo, sinceramente, no vi miembros de uno ni otro cuerpo en las imágenes que desfilaron por mi televisor hasta el lunes a las 2 de la tarde. Si vi el despliegue de efectivos que desfilaron por el Zócalo (en 2009, las Fuerzas Armadas contaban con 254.705 elementos: 202.355 del Ejército y Fuerza Aérea, y 52.350 de la Armada). Quizás su trabajo comenzó el lunes a la tarde… Vamos a creerle.

En este punto recuerdo las imágenes de las inundaciones de 1983 en Bilbao: soldados con picos y palas retirando escombros, cubiertos de lodo hasta la cabeza, como cualquier ciudadano; camiones del ejército repartiendo comida, agua y cuanto fue necesario; militares, en fin, levantando o reparando puentes. Fueron los militares del ejército español los que brindaron toda la ayuda necesaria a los bilbaínos. Por supuesto, las provincias limítrofes y el resto de España se solidarizaron de corazón y eso se notó. Bilbao, y los pueblos de y barrios afectados, quedaron como un espejo en poco tiempo. Fue un esfuerzo de todos, ciudadanos, gobierno y militares.

Ayudas que no llegan

En Zaragoza, Nuevo León, se sabe ya que hay más de 600 familias de 22 comunidades rurales, de difícil acceso, que están incomunicadas. La Cruz Roja es la única depositaria de las ayudas de comida y útiles, así como de las aportaciones económicas. A los diputados, el propio presidente les ha pedido que donen un aparte de su sueldo. En Guerrero dicen que han destinado 238 millones de pesos del Fondo de Desastres naturales (Fonden). También hay albergues distribuidos por todos los Estados, a donde, supuestamente, la gente que se ha quedad in vivienda puede dirigirse en busca de ayuda.

Cuando digo “supuestamente” lo hago después de haber leído lo que ha sucedido otros años: las comunidades más alejadas de los centros urbanos, cuando consiguen atravesar la barrera de agua y lodo, ya no encuentran nada, lo han distribuido, lo han vendido, o lo han robado. Nadie les ayuda a limpiar los caminos de tierra que atraviesan las montañas. Lo pierden todo, porque viven en casas que apenas se sostienen, y no disponen de seguro alguno que se haga cargo de sus pérdidas. Ni siquiera tienen derecho a ayuda estatal.

Pero se levantan. No sé cómo lo hacen, pero se levantan. Sus cosechas, ahora mismo, están arrasadas, sus animales muertos, sus enseres destrozados. Pero, milagrosamente, llegarán a la siguiente temporada de lluvias… y vuelta a empezar. Eso sí, el presidente de la República y sus servidores, tan solo se colocarán las medallas de lo que han hecho por la población, fotografiándose junto a algún que otro ciudadano pobre (indígena) al que le regalan una manta, una cocinita, o un aparato de televisión, para que coloque en una casa levantada con cuatro bloques de hormigón gris, con suelo de tierra… sin luz ni agua potable, y, aún menos, dotada de saneamiento. Pero lo utilizará en su campaña de reelección, sea del partido que sea. Gritará que hizo una gran labor, mientras los ciudadanos gritarán, a su vez, que es mentira.

Terminando de escribir esta crónica, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informa de que los remanentes del ciclón Manuel se han fortalecido en las últimas horas, dando origen a una nueva depresión tropical que se dirige hacia la Península de Baja California, con vientos de 55 kilómetros por hora y rachas de 7. Se prevé que en las primeras horas del 18 de septiembre se ubique unos 140 km al suroeste de La Cruz, Sinaloa, como tormenta tropical, con vientos de 75 km/h y rachas de 85 km/h. Se prevén lluvias muy fuertes y hasta localmente intensas, especialmente en los Estados de Jalisco, Nayarit y Sinaloa.

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Periodista. Tras más de 30 años en el sector de la construcción en general, de la mano de una publicación para profesionales, un buen día nuevos derroteros la llevaron al mundo de la política, pero sin dejar la comunicación. Esa época determinó el comienzo de un camino dirigido a la solidaridad, a la defensa de los derechos humanos, a la denuncia. Poco después dejó España y se instaló en México. Allí comenzó a publicar en el periódico México Inteligente, donde tuvo su propia columna. Posteriormente, colaboró con el Periódico de Puebla y con revistas literarias, donde editó poesía. Un buen día contactó con Periodistas en Español, medio que le permitió relatar a los españoles lo que sucedía en el país azteca, así como describir las maravillas de su naturaleza. Tras siete años de estancia en México, a mediados de 2018 regresó a España. Actualmente sigue los avatares mexicanos y continúa contándolo en Periodistas en Español.

4 Comentarios

  1. y un abrazo para toda esa gente que lo esta pasando mal que nosotros aqui ya sabemos lo que es eso de las inundaciones

  2. prima eres una fenómena me alegro que te vaya todo bien te has arriesgado pero veo que te ha salido lo que tu querias me alegro un montón y aseguir luchando un beso Hono

    • Muchas gracias Hono. Lo de “fenómena” me llega al alma.
      Esto no ha terminado todavía. Ayer se agravó porque el huracán tocó tierra. Lo contaré en un par de días.
      Un abrazo

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