Los Trece Gatos maúllan “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”. Casa de muñecas

Luis de Luis[1]

 

Más de una vez ha dicho Nuria Espert que han sido el tiempo y la experiencia lo que le ha hecho apreciar en toda su justa medida la grandeza de Doña Rosita como la gran heroína trágica de Lorca por encima de las protagonistas de sus, por otra parte, justamente celebérrimos dramas.

Y tiene razón, claro; pero no es menos cierto que para que Doña Rosita resplandezca es necesario hacerla muy, muy bien, para evitar caer en la ñoñería, el drama de época, la afectación o, lo que es peor, la intrascendencia. Es necesario tener un enorme entendimiento de los personajes, algo que solo se consigue con una gran compasión y empatía hacía lo que significan las vidas vividas en vano.

Y la compañía Trece Gatos lo ha conseguido, dirigida con mano tranquila y contenido por Carlos Manzanares que ha procurado que nada salte (ni sobresalte) durante el discurrir de este suavísimo drama subterráneo e interior.

El primer acierto de este montaje ha sido, por así decirlo, deslocalizar la historia y convertirla en un cuento que se narra fuera de tiempo y lugar, un cuento, además, que transcurre entre la ensoñación y un sueño desde el que aparecen y desaparecen los personajes con sus idas y venidas,

Personajes que luchan y pelean contra una realidad que acecha por los bordes del escenario, personajes que nacen y crecen y mueren a lo largo de un día como la rosa del poema lorquiano.

En torno al desparpajo que prodiga una encantadora Raquel León, vitalista, lúcida  y sensata Ama; a la melancolía absorta y lejana que Carmen Valero concede a Rosita y a la aceptación serena con que Ángeles Laguna traza a la Tía gravitan como bandadas de pájaros que pían, gorjean y, solo a veces, graznan, las Ayolas y Manolas, las solitarias y solteronas, en un vuelo hacia ninguna parte  encarnadas por un reparto efervescente y encantador mientras , a su alrededor, gravitan el Tío y Martin desconcertados e inocentes y una, fabulosamente, desconcertante Renata, encarnada por Elsa Valera.

Todo en la función destila, conmovedoramente, una tristeza que imbuye y encandila al espectador, por su hondura y profundidad, porque no es patética, ni risible, pero si está maldita, como dijo Federico García Lorca, por la esperanza que no muere.

Lorca, a quien, por cierto, le hubiera encantado esta representación. Sin duda alguna.

  1. Luis de Luis es crítico teatral.

 

Reparto:

Carmen Valero, Raquel León, Ángeles Laguna, Jose Mora/Fernando Presas, Gerard Jiménez, Elsa Valera, Brian López/Gonzalo Rus, María Sierra/Isabella Tausz, Ana Bastos, Silvia Otegui, Elena Sanz, Cristina Herranz, Elisa Marti, Cuchi Sanchez, Dalia Pérez, Irene de Burgos.

Director

Carlos Manzanares Moure

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