Linda Peretz: No seré feliz… pero tengo marido

Este título tan irónico “No seré feliz… pero tengo marido” da pie a un monólogo lleno de humor e ironía sobre el papel de la mujer en el matrimonio, de donde debería brotar el revulsivo capaz de sacudir masoquismos, pero ahí seguimos contra el varón, con el discurso feminista al cuello cual piedra de Sísifo y vuelta a empezar. “Lo importante es que ya sabemos a quien echar la culpa”, tal es el mensaje que yo percibo en la obra.

Cartel de "no seré feliz, pero tengo marido"

La actriz Linda Peretz, protagonista única de la pieza aunque con intervenciones grabadas de otros actantes con papel en la tragedia matrimonial, reúne a primera vista todas las características de la mujer sensible casada con un borrico. Mientras que ella es delgada hasta la exageración y lleva una preciosa melena color naranja que se atusa con mimo, él es un gordinflón calvorota que se deja retratar tumbado en el sofá y protegido de sus insultos por una gruesa capa de indiferencia gorrina. Ella es ama de casa y pintora, él un hombre de negocios que ama los coches y las modelos. La obra se basa en el best seller de Viviana Gómez Thorpe y ha recorrido ya 12 países con promesa de cambiar las cosas.

Pues bien, resulta que Linda Peretz, judía sefardita argentina, prepárense ustedes la labia y la memoria -incluida la histórica- que rige esa cabeza, lleva 16 años con este espectáculo “feminista” cargado de desprecio hacia el varón con el que lleva 27 años de casada pero del que no puede desprenderse ni un solo momento. Todo la lleva a él. Es como si fuera de safari pero cada animal… como esas mujeres que han conseguido por fin superar una etapa (la de aburrimiento posterior al atontamiento del amor en que han sido unas esclavas y así lo reconocen) pero a la que, inmisericordes, siguen enganchadas por los siglos sin poder hablar de otra cosa, estén donde estén y estén con quien estén, su matrimonio.

Linda reconoce que mientras ella cocina, él come; mientras ella limpia, él ensucia… Todo lo hacen a medias. Mientras ella sólo piensa en la poesía de la vida en pareja, el marido sólo piensa en el dinero y últimamente en las jovencitas, que cuando le dicen “Papito” se derrite.

No se llevan pequeño vapuleo los señores provectos de la sala que han acudido a verla acompañados de chicas mucho más jóvenes, pues hay entre el público teatral numerosos empresarios y raro es el que ha venido con su actual pareja, mucho menos con primera mujer (esto lo chequea con minuciosidad judaica Linda, de atrás para adelante y de adelante para atrás y vuelta a empezar, que ella lo quiere saber todo).

No seré feliz pero tengo marido es un título que está requetebién puesto. Ahora bien, que pueda cambiar la vida de las mujeres, lo dudo, porque por muy de acuerdo que éstas estén, no van a poder evitar seguir contando lo que les pasa. Y ésta es la parodia que, como aviso para navegantes, nos entrega Linda Peretz con una ironía y una frescura que sólo una actriz consumada puede renovar a lo largo de tantos años. Su voz apenas audible es, además de su figura de pintora sensible y anaranjada, lo mejor de su actuación.

Una voz que se impone por nítida, suavísima, victimaria y pérfida. Una voz que cuanto más fina y acaramelada se vuelve (es argentina), mejor se oye, y que actúa como un bisturí para examinar a las mujeres, pero sobre todo a los varones, sobre sus coincidencias con el suyo, su caso, su marido, su historial de agravios y tristezas perrunas que, como las piedras del camino, empedran la afirmación “No seré feliz… pero tengo marido”

Porque resulta que este examen exhaustivo que pone a muchos las orejas coloradas -porque se ve y se siente, que a la vista está que todos los allí presentes son como el suyo- es lo que más hace reír. No hay olvido ni perdón y todavía queda el último y memorioso tirón de orejas cuando el ramo de flores que le entrega el productor Enrique Cornejo descubre que ella, además de actriz, es empresaria de tres teatros, una cadena de TV, etc. lo que la hace resplandecer negando y todo parece volver a empezar. Que por ella no nos iríamos en toda la noche de lo feliz que está en España. ¡Pues bienvenida!

“No seré feliz…pero tengo marido” llega de la mano del productor español Enrique Cornejo y del argentino Carlos Rottemberg.

  • Título: No seré feliz… pero tengo marido
    Autora: Viviana Gómez Thorpe
    Adaptación y dirección: Manuel González Gil
    Actriz: Linda Peretz
    Música: Martín Bianchedi
    Iluminación: Carlos Alzueta
    Teatro Muñoz Seca (Plaza del Carmen, 1, Madrid)

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Doctor en Filología por la Complutense, me licencié en la Universidad de Oviedo, donde profesores como Alarcos, Clavería, Caso o Cachero me marcaron más de lo que entonces pensé. Inolvidables fueron los que antes tuve en el antiguo Instituto Femenino "Juan del Enzina" de León: siempre que cruzo la Plaza de Santo Martino me vuelven los recuerdos. Pero sobre todos ellos está Angelines Herrero, mi maestra de primaria, que se fijó en mí con devoción. Tengo buen oído para los idiomas y para la música, también para la escritura, de ahí que a veces me guíe más por el sonido que por el significado de las palabras. Mi director de tesis fue Álvaro Porto Dapena, a quien debo el sentido del orden que yo pueda tener al estructurar un texto. Escribir me cuesta y me pone en forma, en tanto que leer a los maestros me incita a afilar mi estilo. Me van los clásicos, los románticos y los barrocos. Y de la Edad Media, hasta la Inquisición.

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