Teléfonos inteligentes

Nuestro idioma de cada día

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Creía yo, ingenuo que soy, que en la clasificación de los seres únicamente los vivos y pensantes podían calificarse de inteligentes, o sea dotados de raciocinio.

Emilio Bernal-Labrada

Pero no. Ahora resulta que tenemos «teléfonos INTELIGENTES» —que pronto podrán conversar con nosotros sin necesidad de otro interlocutor—, y en breve vendrán cafeteras, tostadoras, planchas, mondadientes y desgrapadoras inteligentes. Nada, un mundo gobernado por el robot en que los entes pensantes, como los humanos, seremos obsoletos, nulos, por siempre mortales y desechables. Es decir, como han pronosticado los grandes visionarios, el mundo estará en manos de la tecnología, de la inmortal computadora PENSANTE.

Buen chiste, ese. Como si las computadoras llegaran a tener conciencia de su propio ser y volverse ambiciosas, avariciosas y ávidas de poder como su propio creador: ese malévolo ser, el humano. Bueno, en mejores manos estaríamos. Al menos no habría amenazas norcoreanas de un holocausto estadinense y occidental, lo cual tiene a los maniáticos mediáticos muertos de miedo. ¿No habrá otras noticias más lógicas e importantes? ¿Acaso ese jovenzuelo ensimismado se va a suicidar atacando a un país mil veces más poderoso?

Volviendo al tema, digamos que es totalmente ilógico hablar de lo inerte como si tuviera cerebro capaz de hacer lucubraciones y tomar ponderadas decisiones. Pero eso nos pasa por copiones sin criterio, puesto que el sentido en que se usa smart en este caso no es el de capacidad razonadora sino el de algo ágil, veloz, dinámico, flexible, capaz de hacer múltiples cálculos y operaciones en fracciones de segundo.

Por cierto, empecemos con que el smart phone es equívoca denominación en inglés, puesto que el dispositivo es lo que hoy se llama cell o mobile, en tanto que phone es apócope del teléfono tradicional, con alambres y todo. Pero nada, insistimos en copiar cualquier disparate. A tal punto que hemos visto, en artículos periodísticos, avisos publicitarios y demás, teléfonos inteligentes, teléfonos smart y hasta smart phones tal cual.

Si no me equivoco, el sistema tradicional para nombrar los artefactos o incluso seres más avanzados o desarrollados, ya sea en capacidad, dimensiones o jerarquía, es muy sencillo: se agrega el prefijo súper o híper y listo. Así tenemos supermercado, superhombre, supercarretera, hipersensible, superintendente, hiperacústico, etc.

Por consiguiente, la solución al intríngulis es tan sencilla que se cae de su peso: supermóvil. Reto a cualquier lector a pronunciar la palabra en contexto para ver si algún tonto la cuestiona.

Los seres PENSANTES del mundo hispanófono tenemos que «ponernos las pilas» y salirle al paso a los copiones que nos quieren anular la propia INTELIGENCIA con la pretendida SUPERioridad de un exógeno vocabulario.

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