Valle del Cauca: terror, presiones económicas y autocensura

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Reporteros sin Fronteras (RSF) y la Federación Colombiana de Periodistas (Fecolper) han publicado el 7 de mayo de 2015 un informe conjunto sobre la libertad de información en el Valle del Cauca (sudoeste del país), donde se impone una constante: los periodistas trabajan allí entre terror, autocensura y presiones económicas.

Desde el inicio del año, RSF y la Fecolper han registrado dos asesinatos y un intento de asesinato de periodistas en Colombia, lo que confirma su triste estatus: es uno de los países más peligrosos del continente americano para ejercer la profesión periodística.

Tras el asesinato de Edgar Quintero, periodista de la emisora local Radio Luna, en Palmira, el 2 de marzo pasado, RSF y la Fecolper decidieron desarrollar una misión para documentar los desafíos a los que se enfrentan los actores de la información en el departamento de Valle del Cauca. Del 13 al 15 de marzo de 2015 representantes de las dos organizaciones se reunieron en las ciudades de Buenaventura y Palmira, donde se entrevistaron con más de 50 periodistas y se pusieron en contacto con las autoridades, dos organismos de profesionales de los medios de comunicación y representantes de la sociedad civil.

“Los hechos son indiscutibles. Los periodistas de Valle del Cauca se enfrentan a la violencia brutal de grupos armados, de los paramilitares y de la guerrilla, así como a presiones económicas asfixiantes”, señala Claire San Filippo, responsable del Despacho Américas de RSF: “Algunos se ven obligados a la autocensura por miedo a represalias; otros, a cambiar de lugar de residencia. Si no se llevan a cabo investigaciones independientes, imparciales y a profundidad sobre los ataques en su contra y se emprende una política de protección eficaz y coordinada, los periodistas colombianos seguirán trabajando con miedo”, añadió.

Entre 1980 y 2015, 29 periodistas fueron asesinados en este departamento; doce de ellos en Cali, la capital; cinco en Cartago, y cuatro en Buenaventura. La periodista Adriana Minota, de la radio Voz del Pacífico, explica los efectos de esta violencia en su trabajo: “Nos autocensuramos porque acá matan a la gente. A la gente la desaparecen, aunque disminuyan los homicidios uno oye de más desaparecidos. Los delincuentes saben cuándo se va a cubrir alguna información. Hay gente que controla con el miedo. Con lo que han vivido otros periodistas que están amenazados uno se preocupa”.

Además de la violencia, la libertad de información se ve seriamente limitada por el condicionamiento de la publicidad del gobierno. La falta de reglamentación y de igualdad en su atribución sigue siendo un problema. Así, las autoridades continúan valiéndose de este medio para favorecer o sancionar a los medios de comunicación por su línea editorial. “Nos llaman de arriba y nos dicen que no les gusta esto o aquello. [….] No se puede trabajar de manera clara y tranquila el periodismo aquí en Palmira”, explica la periodista Adriana Restrepo Valencia, del canal en línea Palmitveo Colombia.

Colombia se encuentra en el lugar 128, entre 180 países, en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros sin Fronteras publicada en febrero de 2015.

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