Otros pequeños detalles del lenguaje

El artículo más reciente de este espacio de divulgación periodística, titulado «¿Soda o bicarbonato? ¡Usted decide!», produjo inquietudes y aun dudas.

Algunos dijeron que nunca habían oído hablar de bicarbonato, y a otros les pareció que solo hice una crítica y que no aporté algo nuevo.

En cuanto a lo último, es posible que hayan ocurrido dos cosas: que no entendieron o que en algún renglón me haya desviado de la intención original. Y como estoy para aclarar y no para oscurecer, les recalco que al compuesto blanco que se emplea para hornear, como antiácido y para limpiar, entre otros usos, se le puede llamar de las dos maneras en razón de gusto, por lo que no hay nada que pueda considerarse incorrecto, aunque en relación con bicarbonato, ese término no es solo aplicable al sodio, dado que se usa para otros elementos de la tabla periódica; pero se entiende que la intención es referirse a lo que mucha gente, con propiedad y sin incurrir en error, llama soda.

De cualquier modo, a los que no entendieron, les recomiendo que relean el artículo, demarquen los renglones o los párrafos en los que estimen que no fui lo suficientemente claro; me los señalan, y yo con mucho gusto trataré de despejarles las dudas.

La semana pasada no escribí, y la causa solo es imputable a mí, pues aunque tenía las ideas claras, en último momento decidí tomarme un descanso. Tenía previsto continuar con las palabras, frases y expresiones que, por la fuerza de la costumbre y otros factores, se las utiliza de manera incorrecta, que fue el tema de la entrega del sábado 13 de junio de 2026. Por eso hoy les mostraré otros casos, que son continuación de esos «pequeños detalles», correspondientes a la fecha nombrada.

Expresiones como «juzgue y compare», «sano y salvo», «en torno a» y «de cuando en cuando», se las usa de manera muy frecuente, sin tomar en cuenta que en ellas hay pequeños detalles que conviene conocer en virtud de usarlas adecuadamente.

De la primera podría decirse que no tiene nada de malo, desde el punto de vista gramatical; pero en cuanto a lo semántico hay algo que la hace inadecuada, y es que primero se compara y luego se juzga: se miran dos o más cosas juntas; se encuentran semejanzas y diferencias reales y luego se emite el juicio, por principio elemental de derecho universal. No se podrá juzgar y luego comparar.

Es harto frecuente oír «juzgue y compare», y quizás ello se deba a que esa forma es más sonora que «compare y juzgue»; pero no se trata de si suena mejor que la otra, que es la forma correcta, sino de utilizar las palabras de manera adecuada.

Sano y salvo es otra frase que ha resurgido y está en el vocabulario de los reporteros de los medios que le han dado cobertura a las consecuencias que dejó el doblete sísmico que afectó a La Guaira, Caracas; y a algunos lugares de la región norte costera de Venezuela. Cada vez que era rescatada una persona de los escombros, se decía y aún se dice que fue rescatada «sana y salva», o fulano de tal apareció «sano y salvo». ¿Qué tiene de malo? ¡Verán!

Desde el punto de vista gramatical, al igual que la anterior, no tiene nada de condenable; pero hay un detalle que muchos reporteros, redactores y gente del común de los hablantes no ha tomado en cuenta, es que si alguien es rescatado con vida, está a salvo; pero si sufrió heridas, fracturas y en el peor de los casos mutilaciones, no estará sano, aunque esté a salvo. Alguien podrá estar a salvo; pero no sano, y he ahí la diferencia. Para referirme a esos casos, prefiero hablar de salvo. Sano lleva implícita la noción de salvo; pero salvo no la de sano. Lo de sano estará determinado por el resultado de la valoración médica a la que sea sometido.

La frase «En torno a» contiene uno de los usos impertinentes de la preposición «a», de los que por ahora no voy a hablarles. Solo les diré que «torno» es sinónimo de «alrededor de», lo cual debe inducir a «en torno de» y no «en torno a». Cuando se habla de entorno, se alude a algo que está alrededor de alguien; «su entorno más cercano», por ejemplo.

Finalizo con una frase que es muy frecuente en mi vocabulario, y la uso, no por dármelas de muy culto, sino con la intención de demostrar cuán amplio y flexible es el idioma español. A muchos les ha parecido extraño que yo utilice la frase «de cuando en cuando», en lugar de «de vez en cuando», que algunos consideran la única forma de referirse a algo que ocurre cada cierto tiempo. Es absolutamente válido decir «de cuando en cuando».

Y como «entre gustos y colores no han escrito los autores», la uso de cuando en cuando. ¡Así de sencillo!

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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