Cerca de cinco mil marineros e infantes de marina llevan más de 250 días consecutivos en el mar a bordo del USS Abraham Lincoln, un récord entre los portaaviones de Estados Unidos. Sus familias denuncian duchas con moho, escasez de comida y varios intentos de tripulantes de arrojarse por la borda tras meses de despliegue prorrogado por la guerra contra Irán.

El presidente Donald Trump respondió el viernes descartando la preocupación de las familias: el despliegue, dijo, «no lleva ni de lejos el tiempo suficiente».
El secretario interino de la Armada, Hung Cao, se reunió la semana pasada con cerca de doscientos familiares en San Diego, mientras el secretario de Defensa Pete Hegseth calificó los relatos de «completamente tergiversados». La presión política más concreta llegó del Partido Demócrata: el representante Mike Levin, cuyo distrito incluye la base de Camp Pendleton, y los senadores Richard Blumenthal y Ruben Gallego exigieron por escrito una investigación formal.
Lo relevante del episodio, de cara a las elecciones del 3 de noviembre, es su origen: la alarma no partió de la política, sino de las propias familias militares, y solo después fue recogida como demanda formal por el Partido Demócrata en el Congreso.
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