Muchos de los artículos publicados en este trabajo de divulgación periodística surgen de amables sugerencias que recibo por diversas vías, lo cual es una demostración de que, aun cuando la gama de impropiedades lingüísticas sigue siendo amplísima, hay un marcado interés en muchas personas que han entendido la importancia de escribir bien y hablar de mejor manera, y en virtud de lo cual, procuran deshacerse de esos vicios que afean la escritura y la expresión oral, que son muy notorios en quienes por el rol que desempeñan, están obligados a ser ejemplos del buen decir, como comunicadores sociales, educadores y otros profesionales que frecuentemente escriben y hablan para el público.
En los casi treinta y dos años en los que me he dedicado a hablar de manera regular de estos asuntos, un mismo tema lo he expuesto varias veces. Eso ocurre por dos razones: porque me lo solicitan o porque se ha vuelto muy frecuente, ante lo cual estimo necesario volver sobre él cuanto me sea posible, para tratar de que las dudas puedan ser disipadas. Muchos lectores lo han logrado; pero hay otros a los que no les ha sido posible superar esos escollos, que no les permiten adquirir soltura en eso de escribir y de hablar bien, para lo que, lo digo una vez más, no es necesario ser catedrático del idioma español.
Una vez más les comento que las palabras diatriba y experticia (mal utilizadas) se han vuelto infaltables en el vocabulario de periodistas que laboran en importantes medios televisivos y radiofónicos de gran prestigio, y por lo cual sería impensable tacharles un error de esa naturaleza.
En la sección deportiva de noticieros, entrevistas, farándula, variedades y en otras, a ambos vocablos casi a diario se los utiliza como si fuesen una creación lingüística. Hace algunos meses, un periodista de un importante canal de televisión de Venezuela incurrió en mal uso de la palabra experticia, lo cual me dio pie para hablar de la asombrosa frecuencia con que se la utiliza. Un amigo mío y de él le hizo llegar mi artículo, y no sé si fue porque admitió la falta o no ha tenido ocasión de usarla otra vez; pero lo cierto es que, a partir de ahí, nunca más he vuelto a oírsela. ¡Aleluya!
Entonces, tal como lo había prometido, volveré a hablarles de diatriba y experticia, con la finalidad y el deseo de que los periodistas, educadores, locutores, publicistas y todos aquellos que escriben y exponen ante el público con regularidad, puedan usar esas palabras de manera adecuada, como se los impone la profesión y el oficio que ejercen.
Desde tiempos inmemoriales, no sé si en otros países de habla hispana ocurra lo mismo, al término diatriba se lo usa como si fuese sinónimo de controversia, disputa, discordia, pelea, desencuentro, bronca, lío, discusión, debate u otro término que aluda a ruptura.
No es sinónimo de ninguna, aunque en ocasiones pudiera asimilarse con discusión y debate.
Es un discurso o escrito violento, injurioso y agresivo contra alguien o algo. Se distingue por su tono agresivo, hostil y unidireccional, con la finalidad de criticar con dureza, insultar o descalificar. Es frecuente en artículos de opinión y en las intervenciones de algunos parlamentarios del mundo, que aprovechan para descargar su inconformidad ante tal o cual tema o persona. Lo he visto mucho por televisión en el parlamento español y en el de la Unión Europea.
Con experticia ocurre algo parecido: se la usa como si fuese sinónimo de experiencia, quizás por el parecido fonético y grafico de ambas palabras. En cualquier entrevista, tertulia, conversatorio u otra dinámica, sea por televisión o radio, siempre habrá alguien que le pida a otro que le hable de su experticia, lo cual es una evidencia de que desconoce el verdadero significado. Lo cuestionable es que quienes más incurren en el error, son personas a las que se supone que sean muy instruidas, con un nivel de preparación superior al del común de los morales; pero lamentablemente se han dejado arrastrar por la fuerza de la costumbre.
Experticia es una prueba pericial, hecha por alguien especializado en la material. Dicho procedimiento se usa para encontrar causas y elementos que pudieran determinar responsabilidades, como en el caso de incendios, hurtos, homicidios y otras situaciones que puedan ser de interés criminalístico.
También, cuando alguien en Venezuela desea cambiarle el color a un vehículo o regularizar (traspaso) el documento de propiedad, es necesaria y obligatoria una experticia. De modo pues que, experticia, no es sinónimo de experiencia. ¡No se les olvide, mis apreciados colegas periodistas y amigos educadores.
Sinónimos de experiencia son: trayectoria, pericia, desempeño, habilidad, años de servicio, bagaje de conocimientos y veteranía, aunque en Venezuela, a esa última palabra le han dado un matiz peyorativo que pudiera ser motivo de encontronazos verbales y físicos, por lo que no es recomendable utilizarla a la ligera, dado que en los estratos medio y bajo de este país la asocian de manera humorística con la homosexualidad.
De modo pues que, cuando desee aludir, dirigirse o nombrar a alguien que es experimentado en cierto y determinado oficio, le sugiero que utilice un sinónimo. ¡Y ya!


