En 2014, los periódicos españoles difundían 2.7 millones de ejemplares de media diaria entre unas ochenta cabeceras. En 2024, esa cifra se había desplomado a 764.000 ejemplares según los datos del Observatorio de Prensa Diaria de la Asociación de Medios de Información.

Para ponerlo en perspectiva, esos 764.000 ejemplares sumando todas las cabeceras del país es lo que vendían hace veinte años solo El País y El Mundo juntos. Los diarios de información general se quedaron en 635.000 copias, con caídas anuales de entre el seis y el diez por ciento que ya nadie en el sector se molesta en redondear porque da igual si es un siete o un nueve, la dirección es la misma.
Varias cabeceras han desaparecido del papel directamente, y las que sobreviven han recortado distribución a las provincias donde el envío todavía se justifica por volumen. El uso de papel por parte del sector cayó de casi 20.000 toneladas en 2013 a menos de 5000 en 2024.
De la flota que reparte todo eso cada madrugada se habla bastante menos.
Un coordinador de distribución de un grupo editorial con cobertura nacional lo resumió con números que no necesitan mucha interpretación. De 38 rutas activas en 2019 para la mitad norte de España pasaron a 21 en 2024. Los quioscos que cerraron se llevaron algunas paradas, pero no tantas como cabría esperar, porque los que sobreviven siguen necesitando su carga a las seis y media de la mañana igual que antes.
Lo que cambió fue el volumen por parada. Donde un conductor dejaba 40 o 50 ejemplares ahora deja 12, quizá 15 en un buen día. La furgoneta sale medio vacía y el coste por kilómetro recorrido se dispara si nadie toca la ruta. Durante 2020 y 2021 intentaron reorganizar las secuencias de entrega con hojas de cálculo, absorbiendo a mano los puntos de las rutas que iban cerrando. Funcionó más o menos. Cuando pasaron a software de optimización de rutas la caída en kilómetros totales fue de un dieciocho por ciento en el primer trimestre, y eso sin perder ni una parada.
Hay pocos productos con una logística tan ingrata como el periódico. Sale de la rotativa entre las dos y las cuatro de la madrugada y a las siete tiene que estar colocado en el expositor del quiosco, porque a las siete y cuarto pasa el señor que lo compra camino del trabajo y si no lo ve se va sin él. Un día que no compra no es grave. Tres días seguidos y cambia de hábito, se pasa al móvil y no vuelve.
Esa ventana de tres a cinco horas para cubrir 30 o 40 paradas urbanas y otras 15 o 20 en pueblos a quizá 60 kilómetros no perdona un atasco mal calculado ni una secuencia de entrega que obligue al conductor a dar un rodeo innecesario por una parada que ya ni siquiera recibe suficientes ejemplares para justificar el desvío. Los últimos diez quioscos de una ruta mal planificada reciben los periódicos a las ocho, y a las ocho el quiosquero ya sabe que va a devolver la mitad.
La caída de circulación no es solo causa de la digitalización. Tiene un componente logístico que nadie cuantifica con demasiada precisión, en parte porque los datos hasta hace poco no existían.
En las flotas de distribución con más de 25 paradas por ruta, los datos de rastreo GPS de gpswox.com/es muestran algo que debería ser obvio pero que se tarda en ver. Las secuencias de entrega que funcionaban cuando había 50 quioscos en la ruta y cada uno pedía 30 o 40 ejemplares dejan de tener sentido cuando quedan 35 quioscos y piden la mitad.
Nadie rediseña la ruta cuando cierra un quiosco, simplemente se salta esa parada y el conductor sigue con la secuencia de siempre, que ahora tiene huecos y distancias que no cuadran. Meter eso en un algoritmo de optimización de rutas que recalcule el orden de paradas considerando distancias reales, tráfico a las cuatro de la mañana y la ventana de entrega de cada punto produce recortes de entre un 15 y un 20 por ciento en kilómetros totales, con reducciones parecidas en combustible según los datos agregados de la industria de gestión de flotas.

El coordinador de distribución contó otra cosa que quizá importa más que el ahorro de combustible. Desde que tienen registros de seguimiento vehicular completos puede sentarse delante del director financiero del grupo y mostrarle el coste real de cada ruta, desglosado por tramo, por parada, por minuto de espera. Hay quioscos que reciben ocho ejemplares al día y generan un desvío de cuatro kilómetros. Eso se ve en los datos, y antes no se veía en ningún sitio.
Las decisiones sobre qué rutas consolidar y cuáles cerrar se tomaban antes por presupuesto o por queja del conductor. Ahora se toman con un informe que dice que el ejemplar número 13 de la ruta de Burgos cuesta 0.47 euros en logística solo de transporte, sin contar el papel ni la tinta. El resultado muchas veces es el mismo, la ruta se cierra porque los números no dan. Pero el conductor que pierde tres paradas y gana cinco de otra ruta entiende el porqué cuando se lo explicas con un mapa de calor en vez de con un correo de dos líneas de recursos humanos.
A finales de 2024 había 18.1 millones de sistemas de gestión de flotas activos en Europa, y la proyección de Berg Insight sitúa esa cifra en 30.5 millones para 2029, con un crecimiento anual del 11 por ciento.
España aparece como un mercado de crecimiento significativo en el periodo 2026 a 2034. Una parte de ese crecimiento que pocas veces se menciona viene de flotas que hasta hace tres o cuatro años ni se planteaban instalar un localizador porque movían ocho furgonetas y el jefe de logística se sabía las rutas de memoria.
El reparto de prensa encaja en ese perfil. Las furgonetas son casi siempre vehículos ligeros de entre 2.5 y 3.5 toneladas, y las que cruzan frontera, que las hay, quedan sujetas desde el 1 de julio de 2026 a la obligación del tacógrafo inteligente G2V2. Hay distribuidoras que llevan prensa en español a zonas de Andorra, el sur de Francia y el norte de Portugal. No son muchas, pero la normativa no distingue entre un camión de 40 toneladas y una furgoneta de 3.2 que lleva 200 periódicos a Biarritz.
Esos 764.000 ejemplares diarios de 2024 siguen llegando a los quioscos cada mañana. La audiencia que los compra es mayoritariamente gente mayor de 55 años en ciudades medianas, gente de costumbres que baja a por el periódico antes de las ocho porque lleva haciéndolo treinta años.
La flota que se lo lleva tiene que cumplir con la misma puntualidad de siempre, solo que ahora lo hace con la mitad de los vehículos y un margen que en algunas rutas es de céntimos por ejemplar entregado.
El coordinador de Valladolid dijo algo que se me quedó. Que el GPS no les salvó el negocio, pero que gracias a los datos de ruta puede ir a la reunión trimestral de presupuesto y explicar por qué las veintiuna rutas que quedan todavía tienen sentido económico, aunque sea por poco. Sin esos informes, alguien en dirección financiera habría cerrado cinco más el año pasado



