La campaña estadounidense gira alrededor del presidente Donald Trump, pero los votantes reclaman al Congreso que salga de las urnas una agenda diferente. Reducir el coste de la vida y terminar la guerra con Irán reciben un apoyo mucho mayor que investigar a la Administración o impulsar el programa presidencial, según un nuevo sondeo nacional.

Aproximadamente ocho de cada diez votantes registrados consideran que abaratar la vida debe figurar entre las máximas prioridades de la próxima legislatura. Alrededor de siete de cada diez conceden esa importancia al final de la guerra.
Solo unos dos de cada diez sitúan el apoyo a la agenda de Trump en ese nivel. Unos cuatro de cada diez quieren dar prioridad a las investigaciones sobre su Gobierno. La información original del Observatorio Trump publicada en Aquí Madrid incorpora también los últimos promedios electorales y las diferencias entre las carreras senatoriales más ajustadas.
El sondeo mide el mandato político, no el resultado electoral
La encuesta de Associated Press y el Centro NORC para la Investigación de Asuntos Públicos se desarrolló del 8 al 12 de octubre entre 1.119 adultos, incluidos 925 votantes registrados. La muestra procede del panel probabilístico AmeriSpeak de NORC, diseñado para representar a la población adulta de Estados Unidos.
El estudio combinó 1070 entrevistas por internet y 49 por teléfono. El margen de error para el conjunto de adultos es de 3,9 puntos porcentuales. La incertidumbre aumenta en los resultados de votantes registrados y de grupos partidistas más pequeños.
La pregunta no obliga a escoger un único asunto. Cada participante puede considerar prioritarias varias políticas, por lo que los porcentajes no suman cien. Tampoco se pregunta directamente qué partido recibirá el voto. Los resultados describen qué esperan los ciudadanos del Congreso, no quién ganará la Cámara de Representantes o el Senado.
El coste de la vida crea el consenso más amplio
Demócratas y republicanos sitúan el bolsillo por delante de sus respectivas prioridades partidistas. El dato coincide con el malestar provocado por los precios de los alimentos, la vivienda y los combustibles, y con el deterioro de la confianza del consumidor.
Trump presenta las inversiones anunciadas y sus políticas comerciales como el comienzo de una «edad de oro». El vicepresidente JD Vance, quien participa en la campaña republicana, ha reconocido que la gasolina continúa demasiado cara y que la Administración necesita mejorar sus resultados.
La encuesta plantea un problema para ambos mensajes. Los votantes no piden únicamente una explicación sobre la economía ni una promesa de prosperidad futura, sino que reclaman al poder legislativo medidas que reduzcan sus gastos cotidianos.
Reducir el déficit presupuestario y alcanzar acuerdos entre los dos partidos aparecen entre las máximas prioridades para cerca de la mitad de los votantes. Son porcentajes relevantes, aunque quedan por debajo del consenso sobre el coste de la vida.
La guerra con Irán deja de ser solo un asunto exterior
El final de la guerra con Irán ocupa el segundo lugar. Su importancia refleja tanto el rechazo al conflicto como sus efectos internos: el precio del combustible, el gasto federal y el despliegue de militares estadounidenses han trasladado la política exterior a la experiencia diaria de las familias.
Al menos la mitad de los republicanos vinculados al movimiento MAGA y de quienes no se identifican con él quieren que el Congreso termine la guerra, reduzca los costes y controle el déficit. Esas demandas constituyen un terreno común dentro de un partido dividido sobre el papel que debe conservar Trump después de las elecciones.
El conflicto también ha erosionado apoyos tradicionalmente republicanos. Veteranos que respaldaron al partido en elecciones anteriores han cuestionado una intervención cuyos objetivos y calendario no consideran suficientemente definidos. El efecto político se percibe en estados donde las carreras al Senado permanecen dentro del margen de error.
MAGA mantiene la lealtad presidencial que pierde el resto del partido
La diferencia más marcada dentro del electorado republicano aparece al preguntar por la agenda de Trump. Aproximadamente seis de cada diez republicanos MAGA quieren que el nuevo Congreso la convierta en una de sus máximas prioridades.
Entre los republicanos que no se consideran parte del movimiento, la proporción desciende a unos dos de cada diez. El promedio de todo el electorado republicano queda alrededor de cuatro de cada diez, por debajo del respaldo que reciben los precios, la guerra y el déficit.
Los candidatos afrontan así una campaña con dos exigencias. Deben movilizar a la base presidencial, pero también convencer a conservadores moderados e independientes que no quieren convertir la próxima legislatura en una prolongación exclusiva del programa de la Casa Blanca.
Investigar a Trump tampoco encabeza la agenda demócrata
Aproximadamente seis de cada diez votantes demócratas sitúan las investigaciones sobre la Administración entre sus máximas prioridades. La cifra demuestra que existe una demanda sustancial de supervisión, pero incluso dentro de ese electorado queda por detrás de la reducción de costes y del final de la guerra.
La intensidad depende de la orientación ideológica. Cerca de tres cuartas partes de los demócratas que se definen como socialistas democráticos quieren priorizar las investigaciones. Entre quienes no adoptan esa identidad, la proporción queda ligeramente por debajo de la mitad.
El primer grupo también concede más importancia a terminar la ayuda militar a Israel y menos a alcanzar compromisos con los republicanos. La diferencia anticipa un debate interno si el partido recupera una mayoría legislativa.
El líder de la minoría demócrata en la Cámara, Hakeem Jeffries, ha anunciado una combinación de políticas de asequibilidad y supervisión extensa de la Administración. El sondeo indica que la prioridad concedida a cada elemento puede resultar tan importante como su contenido.
Una ventaja nacional no garantiza el control del Congreso
El promedio ponderado de Track the Vote del 22 de octubre colocaba a los demócratas 9,5 puntos por delante en el voto genérico nacional. La desaprobación neta de Trump alcanzaba 24 puntos.
Esos promedios agregan encuestas de intención de voto y aprobación presidencial. Son mediciones diferentes de la encuesta AP-NORC sobre prioridades. Ninguna permite trasladar automáticamente la ventaja nacional a escaños, porque la Cámara se decide en 435 distritos y el Senado en elecciones estatales.
Alaska, Kansas, Iowa, Texas y Maine presentaban diferencias senatoriales inferiores a tres puntos. Un error pequeño en la medición o una variación en la participación puede cambiar el vencedor y, con él, el control de la cámara alta.
La encuesta AP-NORC no resuelve esa incertidumbre electoral, pero define el mandato que los votantes pretenden entregar. Quieren que el próximo Congreso actúe sobre los precios y la guerra antes de dedicar su capital político a defender o investigar a Trump. El partido que confunda una victoria con autorización para ignorar ese orden de prioridades corre el riesgo de perder rápidamente el apoyo recibido.



