Español y castellano

No es posible precisar la cantidad exacta de los temas más controversiales del mundo; pero sin dudas son muchísimos. Por más que se insista, siempre habrá posiciones encontradas, pues cada quien se cree dueño de la verdad.

El Descubrimiento de América, la llegada del hombre a la Luna, el verdadero autor de la muerte de John F. Kennedy y la COVID-19, entre otros, son una pequeña muestra de la amplia gama de asuntos de interés público que ocupan la atención de los que frecuentemente opinan en los medios de comunicación, incluidas las redes sociales.

Los enemigos del Descubrimiento advierten que América no fue descubierta dizque porque ya existía, pero no ofrecen un argumento convincente; los que cuestionan la llegada del hombre a la Luna dicen que la imagen de Neil Angstrom fue elaborada en un estudio de Hollywood; por otro lado, se ha dicho que en la escena del crimen donde fue abatido Kennedy, aparte de Lee Harvey Oswald, había otros dos pistoleros, por lo que muchos opinan que es un caso aún por resolverse, y polémico por demás.

Y en cuanto a la COVID-19, unos dicen que es un virus creado en un laboratorio; pero hasta ahora nadie ha mostrado algo que no sea meros comentarios en redes sociales, con fines propagandísticos. Lo cierto del caso es que por causa de él, mucha gente ha muerto, aun los escépticos.

A todas esas, seguirán siendo temas polémicos, por mucha opinión que se emita, y siempre habrá mucha tela por cortar. Otro tema que ha dado bastante de qué hablar, es la denominación del idioma que se habla en España y en Latinoamérica, con la excepción de Brasil.

De esto voy a hablarles, por segunda vez durante los más de veinte años en los que me he dedicado a escribir sobre asuntos gramaticales y lingüísticos, en virtud de satisfacer una petición de Raimond Gutiérrez, abogado, columnista, aficionado del buen decir y fiel cultivador de la amistad popular. Mi deseo es que otros, interesados en el asunto, puedan disipar sus dudas y convertirse en multiplicadores, para forjar y forjarse un criterio claro.

Para aclarar el asunto, solo basta con leer lo que al respecto establece el Diccionario panhispánico de dudas, en el que se advierte que español se usa «para designar la lengua común de España y de muchas naciones de América, y que también se habla como propia en otras partes del mundo».

Admite que tanto español como castellano son válidos, por lo que la polémica que algunos fomentan, no tiene razón de ser. Y aunque el referido diccionario los muestra como sinónimos, advierte que español «es la denominación internacional de la lengua que hoy hablan más de cuatrocientos millones de personas»; en tanto que castellano lo refiere al dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media, o al dialecto del español que se habla actualmente en esta región.

En España se usa, asimismo, el nombre castellano cuando se alude a la lengua común del Estado en relación con las otras lenguas cooficiales en sus respectivos territorios autónomos, como el catalán, el gallego o el vasco.

Como habrán podido notar, no existe ningún criterio de incorrección, por lo que ambos términos podrán usarse en razón del gusto del hablante. En el caso de Venezuela, en los textos de educación primaria y secundaria se habla de castellano, y muy rara vez de español, por lo que el segundo resulta chocante al oído de quienes la fuerza de la costumbre los ha llevado a preferir castellano. Claro está, eso no impide que alguien pueda hablar de español pues, como ya se ha dicho, pueden usarse indistintamente.

En la formación docente de ese país existe la cátedra de Castellano y Literatura; pero curiosamente, en otras universidades que no forman docentes en esa área, se habla de español, lo cual reafirma el criterio de que ambos términos podrán emplearse sin el riesgo de incurrir en impropiedad.

De modo pues que, Raimond Gutiérrez y los que aún mantienen la duda, estarán en capacidad de afirmar, sin temor a equivocarse, que tanto español como castellano son válidos para referirse al idioma que se habla en España y en muchas naciones de América.

Es, a todas luces, un asunto de sentido común que no requiere mayor dedicación en vista de la sencillez, y por ende, no hay lugar a polémicas. ¡Esa es mi opinión!

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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