América Latina en la conciencia de la España actual

Tomás Mallo[1]

Días atrás, en la conferencia “América Latina en la conciencia de la España actual; un proyecto de la sociedad”, pronunciada en el Ateneo de Madrid, intenté dar cuenta de este proyecto, en el que participan académicos, diplomáticos, periodistas y ateneístas, abordando algunos de los temas tratados hasta el momento en las reuniones y haciéndome eco de algunas de las cuestiones planteadas en el debate posterior.

Efectivamente, estamos ante un proyecto de la sociedad civil y que, como ha señalado Ernesto Barnach-Calbó, implica varias vertientes:

  1. América en la conciencia de la sociedad española en general y en la educación en particular;
  2. América en la conciencia de empresarios, periodistas e intelectuales;
  3. América en la conciencia de nuestros políticos responsables de ejecutar una política exterior hacia América Latina; y
  4. Hay que tener en cuenta también los vínculos culturales e históricos, los aspectos socioeconómicos o la influencia entre las dos Américas.

Las actividades del proyecto se pueden seguir, gracias a María Santos, en twitter, en un blog y en la web del Ateneo de Madrid, en la que se puede apreciar el seguimiento que han dado a los debates algunos medios de comunicación, muy especialmente Lara Lusson de Notimérica y Rafael Jiménez Claudín de Periodistas en Español.

El tema que más tiempo ha ocupado nuestros debates es la situación actual de las relaciones entre España y América Latina. Según Celestino del Arenal, la política exterior española en general y la iberoamericana en particular han experimentado desde 2002 hasta el presente un proceso de declive que nos sitúa ante un escenario internacional e iberoamericano cada vez más problemático desde la perspectiva de los intereses de España. A esta situación han contribuido, también de forma significativa, los importantes cambios que se han producido en el escenario latinoamericano desde principios del siglo XXI: creciente heterogeneidad y división política y económica, mayor autonomía de las políticas exteriores, diversificación de las relaciones internacionales, renovación de los procesos de integración o la creciente presencia de nuevos actores extrarregionales, que han hecho que la región cada vez dependa menos de los actores extrarregionales tradicionales, como es el caso de España; aspecto éste último en el que también se detuvo José Luis Abellán.

A juicio de Celestino del Arenal, es necesario revertir esta situación insuflando un nuevo impulso a la misma. América Latina es una dimensión clave de la política exterior española, donde están en juego una parte substancial de los intereses, la imagen y el peso internacional de España. Es indispensable que el nuevo gobierno que surja, se replantee de raíz la política exterior y de manera particular la política iberoamericana. Por ello es necesario adoptar una serie de medidas, entre las que se sugieren las siguientes:

  1. Abordar la política iberoamericana a partir de una política exterior global, que tenga en cuenta los retos sociales, políticos y culturales de la España actual y que ha de ser una política de Estado, basada en el consenso entre los principales partidos políticos y la sociedad;
  2. En ese marco, hay que redefinir la política iberoamericana, que exige una atención especial. Hasta el momento se ha dado por hecho que los lazos históricos y culturales eran suficientes para desarrollar la política iberoamericana, ahora ya sabemos que no y hay que dedicarle una atención especial por lo que sería conveniente formular un Plan Iberoamérica y planes de estrategia país, prestando más atención a las relaciones bilaterales y multilaterales;
  3. Como parte de esa política iberoamericana, habría que trabajar para alcanzar un cierto liderazgo en las relaciones de la Unión Europea con América Latina; y
  4. De la misma manera, habría que trabajar para consolidar las Cumbres Iberoamericanas, en el sentido de consolidar un foro multilateral que sea realmente iberoamericano.

Así pues, el nuevo gobierno debe tener una voluntad clara de impulsar la política iberoamericana y llamamos la atención sobre el escaso relieve que los cuatro partidos más votados, han dado a los temas internacionales en los programas electorales, echándose de menos una mayor calado político y una mayor originalidad en lo que se refiere a las relaciones de España con América Latina. Quizás por eso se ha llegado a decir que “América Latina estaba ausente del 20 D”.

Jefes de Estado y de Gobierno e intelectuales han afirmado que “España también es Iberoamérica” (Felipe González), que “Iberoamérica es consustancial a nuestro propio ser como españoles” (Felipe VI) ya que “sin los latinoamericanos España no sería la misma. Sería otra España, incompleta, inconsciente de sí misma, sin historia, sin presente y sin futuro” (Mariano Rajoy). Por su parte, Carlos Fuentes afirmaba que “podemos anudar un diálogo de civilizaciones. Nuestro privilegio, nuestra personalidad iberoamericana, es indígena, africana, mulata, mestiza y, a través de Iberia, mediterránea, griega, latina, árabe, judía, cristiana y laica…Podemos ser el microcosmos de la convivencia”.

Si todo es tan claro, ¿Por qué no lo hacemos realidad? ¿No será todo esto un artificio retórico?

Efectivamente, cada vez son más los que piensan que “Iberoamérica” es un concepto que se refiere a una construcción política inclusiva y multilateral, creada de arriba abajo para sustituir el enfoque unidireccional de la “cultura hispánica” y para reposicionar a España en sus relaciones con América. Las Cumbres son su expresión visible y en su evolución son pocos los resultados conseguidos para mejorar la vida de los ciudadanos si los comparamos con los muchos esfuerzos económicos y políticos realizados. Lo iberoamericano, en sentido de pertenencia, no está introducida ni en la sociedad de los países latinoamericanos ni en la española, excepto con alguna expresión retórica, literaria o por conveniencia financiera.

Quedémonos más modestamente y por el momento con la opinión de Antonio Lago en su libro “América en la conciencia española de nuestro tiempo”, que da título a nuestro proyecto y que dice: “Hay una conciencia compartida de que el hombre que nace en uno de los países iberoamericanos se siente de la misma familia que los hombres nacidos en cualquiera de los otros pueblos de la misma estirpe. Pero ese sentimiento necesita ser reafirmado a través de la comunicación y el conocimiento cotidiano”

Sin lugar a dudas nuestras relaciones con América Latina se sustentan en la cultura, si tenemos en cuenta la influencia mutua, pero necesitamos una planificación estratégica de las relaciones culturales con América Latina, lo que supone también la coordinación, coproducción y coodistribución entre los agentes culturales. Como dice Fernando Rueda: “España tiene la obligación de intensificar la agenda cultural con América Latina en un contexto de transformación de las reglas de juego, donde la lógica de la cooperación está dando paso a la de una transformación multidireccional de tecnología y conocimientos”. Y efectivamente son también unas relaciones basadas en el conocimiento, que es lo que nos demanda América Latina. En este sentido el presidente ecuatoriano Rafael Correa ha reiterado que la cooperación debe orientarse a la creación de talento humano y a la transferencia de conocimiento y tecnología, en lo que la política exterior y la cooperación españolas han trabajado.

Conviene plantearse en este sentido cuál es la situación en la universidad española. No cabe duda, como afirmaba Manuel Alcántara, que en los últimos años hay un gran activismo universitario con numerosos libros editados y tesis doctorales leídas; no obstante conviene matizar esta visión. Si revisamos trabajos como “Estado actual de la investigación y la docencia americanista en España” (1999), el de REDIAL titulado “Estudios latinoamericanos en las universidades españolas. Formación de posgrado, curso 2013/14” (2014) o “América Latina en la formación de postgrado de las universidades españolas” (2014), nos damos cuenta que si bien los estudios latinoamericanos están bastante extendidos en las universidades públicas españolas, dicha formación solo atrae de forma parcial a alumnos españoles y parece estar dirigida a la captación de alumnos latinoamericanos y de otras nacionalidades, lo que contribuye a internacionalizar la universidad española, en lo que tampoco brillamos, por cierto, en comparación con otros países europeos, pero no a mejorar el conocimiento sobre América Latina entre la juventud española.

Pero además, advertimos dos cosas muy importantes:

  1. Falta en nuestro país un plan estratégico sobre las relaciones con América Latina y para el tema que nos ocupa, falta una política científica específica; y
  2. No hay diálogo, colaboración y trabajo conjunto entre las instituciones académicas y entre éstas y las instituciones políticas y de cooperación. Se echa de menos una institución que agrupando a centros docentes y de investigación, públicos y privados, acometa estas tareas.

En el artículo titulado “La cooperación universitaria iberoamericana. Entre la retórica y la incertidumbre” de 2013, Jesús Sebastián analiza las potencialidades y el futuro de la cooperación iberoamericana, condicionada por diversos factores, entre ellos, el menor peso de la dimensión iberoamericana, las crecientes asimetrías entre las universidades y la fatiga observada en los instrumentos de fomento de la cooperación.

La cooperación “estricta” iberoamericana, se mueve en la incertidumbre y sólo alguna iniciativa nacida en el ámbito privado, como Universia del Banco Santander, está favoreciendo las relaciones académicas en Iberoamérica. La cooperación “indirecta”, que no tiene una institucionalidad iberoamericana, como la de la UE, ha sido mucho mayor, en términos presupuestarios, que la anterior. Y otro tanto se podría decir de la cooperación “autónoma”, la que se ejecuta en redes triangulares o redes multilaterales.

Así pues, el ámbito iberoamericano plantea, en estos momentos, dudas y debilidades, provocadas, entre otras cosas, por la disminución de lo iberoamericano en las políticas y estrategias de los países latinoamericanos y la languidez por la que atraviesa el propio ámbito iberoamericano. Posiblemente la lengua, las expresiones culturales y las relaciones personales, son los elementos que hoy cohesionan una cierta identidad iberoamericana. Además existe una evidente fatiga de los instrumentos. Véase, a modo de ejemplo, la situación del Programa de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (CYTED) o algunos programas de la OEI, que han de ser reestructurados con urgencia.

El balance de los últimos años es muy modesto a pesar de la existencia de una comunidad académica y científica con lazos establecidos y consolidados. La disminución significativa de las becas de posgrado o los severos recortes en los presupuestos de las universidades españolas, no invitan al optimismo. Ojalá que la Alianza para la Movilidad Académica Iberoamericana, puesta en marcha por la SEGIB en la Cumbre de Veracruz (2014), alcance sus objetivos.

Los medios de comunicación juegan también un papel fundamental en la configuración de la conciencia sobre América Latina. Es cierto que en España se genera mucha información sobre la región, pero no lo es menos que la información está en muchos casos sesgada por los intereses empresariales de los propios medios. A ello hay que añadir los efectos terribles que sobre los mismos ha tenido la crisis económica, desapareciendo muchas corresponsalías y los efectos derivados del “titularismo” de los medios digitales, todo lo cual no favorece la realización de un periodismo de calidad.

¿Cómo hacemos entonces para que los españoles conozcan América con cierta objetividad? Hay que poner la información en el contexto adecuado: dar noticias, añadir el contexto en el que se producen y explicar quiénes son los personajes, utilizando además distintos medios; todo ello para formar la opinión y la conciencia de la gente con más objetividad.

Queda claro que la comunicación y el conocimiento, en lo que se incluye la cooperación educativa y científica, las emigraciones y el turismo, son fundamentales para generar esa conciencia, entendida como una reflexión sobre los hechos para llegar a un conocimiento más objetivo más objetivo de los mismos.

Dentro de estos parámetros

Acabo el artículo con algunas propuestas dirigidas a conseguir unas relaciones igualitarias en España y América Latina y un mejor conocimiento de la región por parte de los ciudadanos españoles, en las que queremos trabajar los integrantes del Proyecto “América en la conciencia de la España actual”

  1. Redefinir la política iberoamericana formulando un Plan Iberoamérica y planes de estrategia país, en los que se tenga en cuenta la dimensión asociativa y la circulación de estudios e investigaciones.
  2. Trabajar para conseguir el diálogo, la colaboración y el trabajo conjunto entre las instituciones docentes y de investigación y entre éstas y las demás instituciones que operan en la región.
  3. Dedicar especial atención a los contenidos educativos y al papel que juegan los Medios de Comunicación en la formación del conocimiento que sobre América Latina tenemos los españoles.
  4. Trabajar para conseguir una mayor circulación de bienes y servicios culturales entre España y la región.
  5. Estudiar cómo nos ven los latinoamericanos que están en España (becarios, profesionales e inmigrantes).
  1. Tomás Mallo es secretario de la Sección Iberoamericana del Ateneo de Madrid.

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