Georgina Ginastera habla sobre el legado musical de su padre

Alberto Ginastera, es uno de los grandes músicos latinoamericanos del siglo XX, su legado musical continúa en su obra y en el interés actual por su música, que se interpreta en Estados Unidos, Europa, Latinoamérica y últimamente en China y Japón. En el 2016 se conmemoran los cien años de su nacimiento, el 11 de abril de 1916, en Argentina.

Alberto Ginastera
Alberto Ginastera

Formado musicalmente en Argentina, compuso, durante la década del 40, obras de fuerte inspiración folclórica nacional, formando parte del gran movimiento musical nacionalista latinoamericano que incursionaba en los temas autóctonos indígenas dentro de la música clásica, impulsado también por otros grandes compositores como Chávez en México, y Heitor Villalobos en Brasil.

Al obtener la beca Guggenheim, en la década del 40, viaja a New York, donde estudia con Aaron Copland y asimila las nuevas tendencias compositivas. Al regresar a Buenos Aires se dedica a la actividad docente y funda la Facultad de Música en la Universidad Católica, crea la Escuela de Altos Estudios Musicales del Instituto Di Tella y el conservatorio de La Plata.

Su música se inicia con temas nacionales pero luego gira hacia temas universales, como su última opera Beatriz Cenci, con guión del poeta argentino Alberto Girri, estrenada en el Kennedy Center de Washington en 1971, o su Opera “Don Rodrigo”, también estrenada en Washington, con Plácido Domingo. Y finalmente “Bomarzo”, opera que le valió reconocimiento mundial y que cerrará el ciclo de homenajes a su aniversario.

Ginastera es un exponente de la música ecléctica, su estética sintetiza lo tradicional argentino y latinoamericano con las vanguardias europeas, incluyendo el politonismo y aspectos de la música dodecafónica.

Recibió numerosos premios y distinciones, llego a ser miembro de la Unesco en el Consejo de Música y Académico de número.

Sus últimos años se radicó en Suiza, donde murió el 25 de junio de 1983, descansa en el cementerio Plainpalais de Ginebra.

Tuve el privilegio de conocerlo, porque también escribió música para películas y existió la posibilidad que escribiera la música de mi película “La melodía perdida”.

Alberto y Georgina Ginastera

Georgina Ginastera, su hija, acaba de publicar “De Padre a hija”, con las cartas que el maestro le enviara.

En una conversación que tuvimos recientemente llena de recuerdos y proyectos, me revela aspectos particulares de este gran músico argentino.

Georgina Ginastera: Mi padre fue un músico muy talentoso y con mucho éxito desde muy joven. Se puede hablar de tres etapas muy definidas. La primera estuvo muy ligada a Buenos Aires, Argentina, donde se formó y se vinculó al Teatro Colón. Es un período nacionalista, producto de la época, recordemos a Béla Bartok, a Stravinsky, a Falla. Su despegue sucede en Nueva York, con su gran mentor Aaron Copland y el contacto con grandes centros musicales internacionales.

A partir de este momento comienza una segunda etapa de apertura musical y de integración a las nuevas tendencias musicales.

La tercera época que algunos especialistas llaman neo-expresionismo, es más elaborada, comienza en Buenos Aires y termina en Suiza, en Ginebra, donde vivió los últimos años de su vida. Esto lo explico en el libro.

Adriana Bianco: Cuando regresa a Buenos Aires, en los 60, el maestro vive el auge cultural de Buenos Aires y la creación del Instituto Di Tella, donde desarrolló una gran tarea de difusión musical.

GG: Si, participó activamente en el movimiento cultural de los 60, e hizo una gran labor pedagógica, docente y de difusión musical.

En su actividad de compositor, gira hacia una estética renovadora. Mi padre, sentía una gran exigencia al componer, en cambio, enseñar le daba alegría. Siempre decía: “Yo no enseño, me enseñan.”

AB: Tuvo alumnos que luego fueron muy famosos, entre ellos Astor Piazzola.

GG: Piazzola fue su gran alumno. Astor hizo con el tango, lo que papá hizo con la música folklórica argentina, renovación y jerarquización. Tuvieron una amistad muy linda y se veían mucho cuando vivían en Europa. Mi padre al final de su vida me decía: “Tengo que escribir tangos” y nos reíamos.

AB: Ginastera, fue un autor muy prolífico, compuso música muy diversa: para piano, cello, orquesta de cámara, sinfónica, hizo cantatas, ballet, opera, hasta compuso música para niños y música para cine en los 50.

GG: Ese es uno de los secretos de la supervivencia de su obra: su gran creatividad. Abarcó todas las manifestaciones musicales.

Su música para piano se toca en todo el mundo y “Las tres danzas” forma parte de los concursos internacionales.

Junto a Revueltas, Villalobos, Chávez, rescató el acerbo folklórico nacional y lo proyectó a un plano internacional. A mí, personalmente, me gusta mucho su primera y segunda etapa, la última es más elaborada, aunque tal vez, sea más universal.

En cuanto al ballet y a la opera, sorprende su vigencia. En un momento recibí información que reponían su Ballet “Estancias” en Tokio, en New York y en Argentina, el mismo ballet representado en tres lugares distintos del mundo.

“Bomarzo” se ha convertido en un ícono, su presentación en la Opera de Madrid en mayo del 2017, cerrará la serie de homenajes previstos en el mundo, por su aniversario. Esta ópera, no solo fue censurada cuando se estrenó en el 67, en Buenos Aires, sino que la misma opera tiene un protagonista, el Duque Orsini, que es un transgresor.

Alberto Ginastera en Bomarzo
Alberto Ginastera en Bomarzo

AB: El escritor argentino Manuel Mujica Laínez tomó al personaje histórico como protagonista de su novela “Bomarzo”, recuerdo cuando la estaba escribiendo.

GG: Claro, primero fue una novela y luego “Manucho” y mi padre elaboraron el guión operístico. Se centraron en la relación de los dos hermanos y en la imposibilidad del amor del duque.

Es interesante que dos personalidades tan distintas como Ginastera y Mujica Laínez estuvieran unidas por el arte. Los dos, además, estaban decididos a hacer una ópera moderna, diferente, de ruptura de reglas y convenciones, y lo lograron.

AB: ¿Qué recuerdos guardas de tu padre?

GG: Tengo dos imágenes, por un lado la imagen del artista y por otra la de mi papá, un ser afectivo, exigente, prolijo, muy trabajador. Creo que me inculcó todo eso. Era muy organizado con su trabajo pero también le gustaba la vida después de los conciertos y el éxito; papá disfrutaba de su éxito, le gustaba invitar a amigos a casa. Recuerdo dos amigos de Estados Unidos muy especialmente: Aaron Copland y a Leonard Bernstein. A Bernstein llegué a conocerlo, músico y director, tocaba la obra de Ginastera en la filarmónica. También se llevaba muy bien con Carlos Chávez, el compositor mexicano.

AB: Compartían el concepto de identidad nacional, el significado de la latinoamericanidad.

GG: Si, ese sentido de lo latinoamericano lo compartían los dos. Ginastera tiene una obra “La Cantata para América Mágica”, donde resume nuestras raíces prehispánicas. Elije todos los instrumentos de percusión, que son muy antiguos y el canto que es una de las manifestaciones más primitivas del hombre. Es una obra que refleja ese sentido americanista. Al principio, compuso con una visión local, nacional, como “Los Cantos de Tucumán”, “Malambo”, “Estancia”, luego fue ampliando su visión hacia Latinoamérica. Nunca abandonó sus raíces aunque indagara temas universales. En su última obra, “Popol Vuh”, vuelve a ese sentimiento latinoamericano.

AB: Lo recuerdo como un hombre muy culto, como un humanista, interesado en los temas universales.

GG: Sí era un humanista. Le interesaba todo, el arte, la filosofía, la literatura, leía a sus contemporáneos, Borges, Cortázar, Sábato… Amaba a Kafka. Creo una Cantata con las cartas que Kafka le envió a su amante y traductora.

Le interesaban los conceptos abstractos porque para Ginastera la música era una de las artes más abstractas y motivaba a sus alumnos para una formación humanística, no solo musical.

Era un amante de la música contemporánea, más que la barroca o romántica.

Para papá, Stravinsky era el Picasso del Siglo XX. Tenía una gran admiración y lo frecuentó cuando vivía en New York. Yo llegué a conocer a Stravinsky en los 50, cuando vino a Buenos Aires a dirigir, era un hombre pequeño, tímido, dulce; no se lo podía relacionar con su música tan fuerte.

Cecilia Scalisi: portada del libro "De padre a hija" sobre Alberto y Georgina Ginastera
Cecilia Scalisi: portada del libro «De padre a hija» sobre Alberto y Georgina Ginastera

AB: Hablemos de tu libro “De padre a hija” y de los eventos para su aniversario.

GG: Es una recopilación sobre las cartas que Ginastera me mandó durante diez años. En este libro, que la escritora Cecilia Scalisi le dio forma biográfica, está todo su mundo musical y familiar. Su preocupación por componer, por su obra, los estrenos y su vida agitada de músico, pero también su amor a la familia. Es un libro revelador para conocer a Ginastera, al ser humano y al músico.

Los eventos, con motivo de su aniversario comienzan en Argentina, se extienden a Miami, luego en New York y Los Angeles, igualmente en Europa, donde varias orquestas interpretaran la obra de Ginastera, para terminar, en Madrid, con la presentación de la ópera “Bomarzo”. Creo que Ginastera ha logrado un sitial universal, con su música.

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