¡No aplican, se aplican!

La semana pasada, tal como me ha ocurrido en varias ocasiones, no pude escribir ni enviar el acostumbrado artículo de los sábados; mucho menos excusarme por la ausencia. La inestabilidad en el fluido eléctrico, que por supuesto, por lo menos en el lugar en el que habito, que afecta a la Internet, fue la causa, aunada a otros factores relacionados con mi ocupación de diarista. Por esa razón pido disculpas al cuerpo editor de este importante medio de comunicación y a las personas que día a día siguen este trabajo de divulgación periodística. 

He perdido la cuenta de las veces que he abordado el tema del uso de algunos verbos con significado diferente del que registran los diccionarios, y sin dudas, el más sobresaliente es aplicar, en torno del cual se ha tejido una red de situaciones viciadas que se han vuelto casi indesarraigables.

Antes de entrar en materia acuso recibo de sendas misivas de parte de Luis Colina y de Emilio Páez, en las que ambos emiten comentarios elogiosos y estimulantes sobre mi trabajo de comentar casos de impropiedades lingüísticas, sobre todo de los medios de comunicación social. Con Luis y Emilio me une una amistad de vieja data, que me sirvió y me sirve para, entre otras cosas, adquirir conocimientos del tema lingüístico, pues los dos manejan con relativa facilidad la expresión escrita. ¡Gracias, queridos amigos!

A raíz del surgimiento en Venezuela, del Plan de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, se puso de moda el uso del verbo aplicar con sentido diferente del que tiene. El referido plan es o era una política gubernamental, de darles la posibilidad a los bachilleres de cursar estudios universitarios en el exterior, especialmente en Estados Unidos. Eso hizo que más temprano que tarde, applications y applicants se convirtieran en aplicaciones y en aplicantes, respectivamente.

Esa situación dio origen a frases como: «Fulano de tal va a aplicar a varias universidades»; «Las aplicaciones deberán ser enviadas antes de que finalice el mes»; «Yo voy a aplicar a la Universidad de Yale», etc. Sin dudas, es una influencia del inglés, favorecida por el parecido gráfico y fonético de applications y applicant con aplicar, que en español tiene otro significado.

Alguien pudiera decir que se trata de una innovación lingüística, lo cual no es cierto, pues es simple y llanamente un calco del inglés, con cierta dosis de pitiyanquismo, definido este último término como «imitación torpe y servil del idioma y las costumbres estadounidenses», a lo que el insigne venezolano Mario Briceño Iragorry cuestionó acremente, pero con elegancia.  

Aplicar, para los que la lengua materna es el español, tiene varios significados: «Poner una cosa sobre otra o en contacto de otra»; «Emplear alguna cosa, o los principios que le son propios, para conseguir un determinado fin»; «Referir a un caso particular lo que se ha dicho en general, o a un individuo lo que se ha dicho de otro»; «Atribuir o imputar a uno algún hecho o dicho»; «Destinar, apropiar, adjudicar», etc. 

Como habrán podido notar, por ningún lado nuestro verbo aplicar tiene parentesco semántico con solicitud, solicitante, petición, peticionario, demanda, demandante. Es simplemente un vicio que se arraigó y que será muy difícil desterrar; pero nunca estará demás decir algo al respecto, con el deseo de que aquellos que tienen la escritura como herramienta básica de trabajo, puedan adquirir madurez y deshacerse de esa impropiedad. La  amplia gama la conforman locutores, periodistas, educadores, publicistas y otros profesionales.

Pero quizás la reina de las expresiones en las que aparece aplicar como calco del inglés, es aquella que señala que «ciertas condiciones aplican». 

En el ámbito publicitario es frecuente que muchas firmas comerciales, para promover bienes o servicios, en los que hay algunas condiciones y privilegios, apelen a la malhadada frase. Se entiende perfectamente que la intención es señalar que para recibir ciertos y determinados beneficios, tendrán que cumplir con algunos requisitos; pero no es la forma adecuada. Aplicar es un verbo transitivo que se utiliza con un complemento directo.

Estos ejemplos extraídos de una publicación de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) podrán aclarar el panorama: «Antes de llegar al color, aplica una base transparente»; «Dijo que la República Dominicana aplica una política contra las drogas…»; «Debes aplicarte o no podrás terminar esa tarea»; «La ley no se aplica con carácter retroactivo». 

En todo caso podrá decirse que ciertas «condiciones se aplican», «hay condiciones», «existen condiciones», u otra forma parecida, y asunto arreglado.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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