¿Doble sentido o anfibología?

El artículo de la semana pasada, como era de esperarse, generó comentarios e inquietudes, pues muchas personas desconocían que los vocablos sexo y género no son sinónimos, por lo menos en español y, en tal sentido, no podrán usarse indistintamente.

Debe quedar claro, lo digo una vez más, que lo que determina si un ser vivo es macho o es hembra, es el sexo, no el género, dado que género tienen las palabras y las cosas inanimadas. Eso deben tenerlo muy presente los comunicadores sociales y los educadores, especialmente, pues son ellos, desde su ámbito de trabajo, los que entre otras cosas, tienen la obligación moral de procurar que el idioma español sea usado de la mejor manera.

Recibí inquietudes acerca de las disputas que existen en torno de pedir disculpas, un vaso de agua y presidenta, que como he dicho en reiteradas ocasiones, les he dedicado varios escritos, por lo que en la entrega anterior hice solo una referencia de manera introductoria; pero aún quedan dudas.

Y por eso, antes de entrar en materia, explicaré de nuevo y brevemente cada una, en función de que los interesados en deshacerse de esos vicios que ajan y envilecen el lenguaje escrito y el oral¸ puedan tener argumentos sólidos para responder a aquellos a los que les encanta buscar errores en donde no los hay, comúnmente llamados «espontáneos del lenguaje». También se les conoce como «sabelotodo».

Entiéndase que las disculpas son un camino de doble circulación, en el que hay alguien que las pide y otro que las da. Si ofendo o le causo un daño a alguien, lo cortés, lo valiente y lo decente es que le pida disculpas. Quien me las dará, si es que quiere y puede, es la persona ofendida. Cuando alguien dice «discúlpame», está pidiendo que le quiten la culpa; no está ofreciendo ni dando disculpas, tal como lo sugiere el prefijo de negación «dis» (quítame, en este caso, la culpa).

Un vaso de agua es la cantidad que cabe en un vaso. En esa frase, la preposición «de» no alude al material con que está construido, sino a su contenido. Y en relación con presidenta, es la mujer que ejerce una presidencia, tal como está plasmado en el DLE (Diccionario de la Lengua Española). ¡Lo demás es necedad!

El español es abundoso en sinónimos y curiosidades, que son elementos que lo hacen vivo y fascinante. Es hablado por cerca de quinientos millones personas. En muchos países de habla no hispana es el segundo idioma, lo cual es una muestra de su importancia y de su influencia; pero como en todas las lenguas, su sinonimia no es perfecta. Eso último es una de las curiosidades que causan más dudas, confusión y polémicas, de las que muchas veces he hablado en este trabajo de divulgación periodística.

Hace pocos días leí el título de una información publicada en una conocida red social de Venezuela, sobre un femicidio perpetrado en un estado costero de este país. Decía textualmente: «Comisario de la policía de La Guaira asesinó a su expareja de dos disparos en Caraballeda». Le hice captura a la imagen y la publiqué en mi estado de WhatsApp y en mi perfil de Facebook. Para hacerla más visible y llamativa, le coloqué una interrogación sobre cuál es esa parte del cuerpo llamada Caraballeda, con sentido humorístico, que siempre empleo en mis publicaciones. Muchos entendieron la intención; pero hubo otros que creyeron que yo no sabía la ubicación de esa zona. Tiene otras impropiedades que por ahora no voy a analizar.

Sin dudas, el redactor de la nota incurrió en un error denominado anfibología, que algunos confunden con doble sentido. El doble sentido y la anfibología están íntimamente ligados; pero hay una sutil diferencia que conviene conocer para poder distinguirlos.

El doble sentido es, por lo general, voluntario y se usa con intención humorística, literaria o irónica, como por ejemplo: «Los recién casados viajaron por la autopista (autovía) para evitar el polvo de la carretera»; en tanto que la anfibología es involuntaria, propia de redactores descuidados, como ocurrió con la información que usé de ejemplo. Ese vicio es muy frecuente en la publicidad de radio, redes sociales y muy poco en televisión, en donde de cuando en cuando aparecen anuncios según los cuales «se venden camisas para caballeros de seda» y también «abrigos para niños de cuero». ¡Qué interesante!

Lo del título de la nota del femicidio de La Guaria fue sin dudas una anfibología por descuido del redactor (o redactora). Pudo haberlo escrito sin incurrir en ese vicio, si hubiese usado el lugar de los hechos como antetítulo: «Caraballeda: Comisario de la Policía de La Guaira asesinó a su expareja de dos disparos»; o incluir el lugar de los hechos en el título: «En Caraballeda comisario de la Policía asesinó a su expareja de dos disparos»; pero por esa falta de tiempo que siempre alegan algunos diaristas, incurrió en algo impropio. Entonces, aunque se parezcan, doble sentido y anfibología no son sinónimos, no se les olvide.

David Figueroa Díaz
David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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