En español: arribazón, atarraya y acérrimo

Hace pocos días un ciudadano venezolano, que se precia de ser poeta, escribió en la red social Facebook una frase que me llamó la atención, y en virtud de ello le señalé algunas impropiedades vertidas. Por supuesto que la respuesta no se hizo esperar, acompañada de comentarios de algunos usuarios que salieron en su defensa, pues estimaron que yo lo había ridiculizado, y era necesario salvar el honor del reputado poeta. Hubo incluso personas que pretendieron dictar cátedra.

Quienes me conocen y han leído mis artículos, saben que mi intención al escribir sobre asuntos gramaticales y lingüísticos, es aclarar dudas y contribuir con un mejor uso del lenguaje oral y escrito, siempre convencido de que nunca se termina de aprender, además de que no soy catedrático del idioma español.

“Estoy pensando arrejerar los anzuelos que llegó la ribason”, publicó el aludido poeta, con lo cual, supongo, quiso expresar su intención de irse de pesca o algo así, habida cuenta de que en los actuales momentos en Venezuela estamos en el período de sequía, que hace que los peces remonten el cauce de los ríos y se produzca lo que se conoce como arribazón.

Luego de mis observaciones escribió varios comentarios en los que deja traslucir su enojo y su intención de justificar el uso de la malhadada frase, con base en una supuesta autenticidad en el empleo del lenguaje, pues seguramente no tiene claro qué es ser auténtico y qué es ser chabacano.

La frase en cuestión tiene varios aspectos que conviene conocer, para no incurrir en impropiedades, evitables y  aun cuestionables, sobre todo cuando los responsables son personas que por el rol que cumplen en la sociedad, están llamados a ser ejemplos del buen decir, como poetas, escritores, docentes, periodistas y demás profesionales cuya ocupación habitual se basa en la redacción.

El común de las personas dice ribazón en lugar de arribazón, que es la palabra original, y que por comodidad en la pronunciación, muchos han adoptado. De hecho, así está registrada en el Diccionario de la Lengua Española (DLE). Pero una cosa es ribazón, que es una deformación fonética de arribazón, y otra es ribason. Sin dudas, el autor de la mencionada frase  quiso mostrar sus cualidades poéticas y amplios conocimientos gramaticales; pero ignora que arribazón o ribazón se escriben con “Z” y son palabras agudas que  tienen la mayor entonación de voz de en la última sílaba, terminadas  en “N”, y por lo tanto llevan tilde. Son palabras que aluden a una multitud, es decir, aumentativas.

Algo parecido ocurre con palabra atarraya, que la mayoría de los hablantes, por lo menos en mi país, pronuncia tarraya, por las mismas razones por las que dice ribazón en lugar de  arribazón. Pero una cosa es escribir tarraya, y otra, tarralla, como frecuentemente aparece en las principales redes sociales. Lo lamentable de todo eso es que quienes incurren en ese desliz son personas a las que se las ha estimado como cultas e instruidas.

El DLE registra tarraya, y lo señala como propio de Andalucía, Badajoz, Antillas, Nicaragua y Venezuela, por lo que se puede usar sin el temor que de algún sabidillo del lenguaje pueda cuestionarla por impropia.

De la misma gama de palabras mal utilizadas está aférrimo, muy habitual en lenguaje de algunos políticos, sobre todo en Venezuela, en donde abunda la política del micrófono y de las redes sociales. Acérrimo es sinónimo de fuerte, vigoroso, tenaz. Es un adjetivo que se aplica a varios sustantivos, para ponderar la actitud o actuación de algunas personas: “enemigo acérrimo”, “opositor acérrimo”, “perseguidor acérrimo”. También se puede usar para señalar la intransigencia, el fanatismo o el extremismo de alguien.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

7 Comentarios

  1. Es oportuna la aclaratoria del uso de estas palabras, estoy segura que a pesar de mostrar molestia quien la escribiò mal, no lo volverá a hacer. sigue tu labor que es muy productiva.

  2. Felicitaciones. Como hace falta buenos profesores(as) del castellano en nuestras escuelas y liceos. nuestros estudiantes venezolanos llegan a las universidades con graves problemas en la redacción y pronunciación de nuestra lengua. Es algo preocupante que nuestros jóvenes no sientan interés por pronunciar y escribir correctamente nuestro lenguaje

  3. Esas palabras son una fuente inagotable de dudas y confusiones, y por eso es muy oportuna la aclaración del periodista venezolano David Figueroa Díaz.

  4. Excelente aclaratoria,pues muchas personas, incluidos profesionales de la comunicación pronuncian y escriben mal esas palabra.

  5. Muy de acuerdo con su análisis y me parece que a pesar de tu modéstia, si posees visos de catedrático al menos, en nuestro hermoso estado Portuguesa, Noam Shonsky y muchos otros adáptan la teoría de que los niños ya tienen un conocimiento innato en el lenguaje, sin importar la lengua materna que tengan, estos catedráticos defienden su propuesta basados en que el niño puede aprender un número finito de palabras, pero que es capáz de producir un número infinito de nuevas oraciones, desde precisamente ese innatísta conocimiento, claro que no abarca las reglas, signos de puntuación, gramática etc, pero se entiende en un niño, pero no se justifica en un adulto, que se ha profesionalizado y es un poeta, maestro, periodísta ect.

  6. Es evidente que el poeta, al ser estimulado por la realidad que lo rodea, traduce lo que percibe en forma de poesía. Protagonizando así un proceso de creación artística. La belleza de esa creación no solamente va en el arreglo del conjunto de palabras sino en la corrección del instrumento que es su vehículo por excelencia: el lenguaje escrito.

    Ribason sin tilde no suena como ribazón. El que lo lee está obligado a articular como palabra llana (ribáson) y en ese caso es posible que se pierda la sonoridad o rima esperada. Y un español se vería obligado a atenuar el sonido labidental de la zeta que les caracteriza.

    El poeta se habrá molestado porque se tomó la observación como una reprimenda, pero justificar el uso que hizo no es más que un acto reactivo poco reflexivo. Quizás es de las personas que prefiere que sus errores sean descubiertos en la privacidad. Dale Canergie recomendaba permitir que las personas conservaran su orgullo cuando se percataban de sus yerros.

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