¿Incurrir a un error?

Alexis Márquez Rodríguez, profesor universitario y periodista, ya fallecido, sostenía que un alto porcentaje de los errores en la escritura y en el lenguaje hablado, se debe a la deficiencia en la formación de algunas personas que son parte fundamental de los medios de comunicación, lo cual ha hecho que, por el inmenso poder inductivo que estos ejercen, se hayan arraigado en el habla cotidiana.

Por esa y por otras razones, los ejemplos de impropiedades son abundantes, aunque es justo reconocer que ha habido y hay intenciones de mejorar el lenguaje oral y escrito, por parte de algunos que han entendido la importancia de escribir bien y hablar de la mejor manera.

La gama de impropiedades es amplísima, y lo más punible es que quienes incurren en ellas son personas universitarias que en alguna etapa de su formación debieron haber visto nociones elementales de lenguaje y comunicación.

Hace pocos días leí un mensaje publicado en un grupo de WhatsApp cuyos integrantes son personas que pertenecen a diversos estratos de la sociedad y con diferentes niveles académicos y de cultura, en el que, palabras más, palabras menos, se advertía que quien hiciera tal o cual cosa, «incurre a un error». Independientemente de cuál hubiese sido el tiempo en que fue conjugado el verbo incurrir, toda vez que no lo recuerdo exactamente, es una falta ante la que es necesario decir algo, en virtud de evitar que tome cuerpo y se convierta en un vicio indesarraigable.

Confieso que es la primera que leo una frase con semejante error sintáctico. La persona que escribió el despropósito es una médica que ejerce como directora de un centro asistencial de una capital estadal en Venezuela.

Ahora, que un profesional de la Medicina no sea un gran conocedor del lenguaje articulado, pudiera ser aceptado, dado que ese no es su oficio; pero lo que no es admisible es que no sepa que se incurre en y no a. Todos los profesionales universitarios, de acuerdo con el sistema de enseñanza-aprendizaje de cada país, se los instruyó en gramática, en función de que se apercibieran de recursos lingüísticos que les permitieran cumplir cabalmente su función, y ha habido algunos que han desarrollado habilidades que los muestran como excelentes conocedores y manejadores del lenguaje oral y escrito, aun cuando son médicos, abogados, ingenieros, etc. Hay otros que su expresión oral o escrita supera los límites de la pobreza crítica. Lo peor de todo es que justifican su ignorancia en el hecho de que no son lingüistas, ni profesores de lenguaje, ni periodistas, ni algo parecido.

¿Cómo haría un médico para desenvolverse con facilidad ante un auditorio en el que debe valerse del recurso oral y escrito para, por ejemplo, exponer las bondades de una tendencia en la búsqueda de curas para enfermedades; un abogado tratando de convencer al juez sobre la inocencia de su defendido; o un ingeniero que desee ganar la licitación sobre un proyecto, si tanto el médico, el abogado y el ingeniero no manejan con facilidad el lenguaje que emplean?

Sin duda que ninguno de los tres tendría grandes posibilidades de éxito, a menos que se apoyen en otros recursos. Lo cierto es que, independientemente de que no sea lingüista, cada profesional universitario debe conocer y manejar con relativa facilidad la expresión y escrita, pues con ellas será más fácil lograr el objetivo.

El caso de «incurrir a un error», les repito, es la primera que lo veo. Ojalá que no se convierta en una especie de comodín para aquellas personas que habitualmente usan las redes sociales y grupos de WhatsApp para opinar sobre diversos temas.

Algo parecido ocurre con «motivado a» y «con motivo a», muy frecuentes: «Motivado a problemas de salud, la profesora de inglés no estará presente», y «Con motivo a los cuatrocientos años de la ciudad de Acarigua, habrá una sesión especial en el Concejo Municipal de Páez». En ambos ejemplos hay algo impropio, y es que el sentido común sugiere que se escriba «Motivado por problemas de salud… y Con motivo de los 400 años de Acarigua…»

Sobre lo anterior he hablado con personas que son entendidas en protocolo y ceremonial, y a Dios gracias, se han persuadido de la importancia de llamar las cosas por su nombre. Otros en cambio, persisten en el error.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

4 Comentarios

  1. Usted nos tiene acostumbrados a leer sus novedosos artículos que, yo en particular; valoro en sumo grado.
    Son una indubitable contribución a evitar que también se esfume el correcto uso de nuestro idioma en el «mundillo» de los antivalores.
    Gracias.

  2. Estimado David:

    Por lo visto la preposición `a´ termina involucrada en muchos desaguisados del lenguaje cotidiano. Yo también lo escucho por primera vez, así que es una infortunada novedad. Esperemos que no haga metástasis y escribir sobre ello seguramente puede ayudar a prevenir su arraigo a tiempo. Las personas más preparadas modelan, por esta razón sus errores se multiplican más fácilmente. Es justamente lo que pasa con los periodistas activos, situación que esta columna pone de relieve constantemente.

    Sería interesante saber cuál es la causa de este extraño gazapo. Me vienen a la mente explicaciones que se relacionan con el cruce que se da en otras expresiones mal construidas como “en base a” y “en relación a”, en las que la pobre e ínfima `a´ vuelve a tener protagonismo, sin su consentimiento informado”. Si no recuerdo mal, David, estos últimos asuntos los has tratado en columnas publicadas antes, aquí en Venezuela. Don Alexis Márquez también ha escrito al respecto. Al parecer las expresiones válidas “en relación con” y “con relación a” experimentan alguna suerte de cruce endogámico y surge “en relación a”, una especie de hijo con deformidades congénitas que hereda un poco de cada padre, y a pesar de su disfunción se abre paso en la vida. ¿Cuáles serán los desventurados progenitores de “incurrir a”?

    Los hablantes somos una fuente inagotable de imprecisiones idiomáticas. En el lenguaje oral se comprenden todos los yerros que pueden surgir, la oratoria es un arte y en situaciones no formales pues un lenguaje relajado es producto de la improvisación y el calor de las circunstancias. Pero este no es el caso del lenguaje escrito en medios impresos en los que el vocablo incurrir no se hace acompañar de la preposición “en” que es indispensable. Está muy bien expresado en la entrada de este vocablo en el Diccionario Panhispánico de Duda (https://www.rae.es/dpd/incurrir). La omisión aquí es el núcleo del problema. Cito uno de los ejemplos de esta fuente: “Las flagrantes contradicciones ideológicas incurridas por la causa monárquica”. Debió ser “Las flagrantes contradicciones ideológicas en las que incurrió la causa monárquica” y como puede verse hay un cambio importante en la estructura que deja claro que la posición de la preposición “en” en la oración no siempre es la misma pero su presencia es necesaria.

    Saludos.

    Posdata: Carlos Abrego, un comentarista de esta columna recomienda cambiar aprender por enterarse, en una frase que aparece casi al final de esta página. Suscribo lo sugerido y en esa misma línea quiero comentar que en la parte superior del artículo justo arriba del título, la etiqueta es “gramatica española”. Es evidente la falta de tilde y mayúscula de la palabra gramática, aunque ciertas licencias ortográficas son tomadas cuando se trata de imagen gráfica o mercadeo, al menos en cuanto a la tilde creo que no está justificado.

  3. En este artículo, muy interesante, se ha cometido lo que llamo un «trasdedo» en el teclado, se omitió la palabrita ‘vez’ en el párrafo tercero si se cuenta de abajo hacia arriba.

    Abajo de los comentarios, viene una pésima traducción (me imagino que es eso), allí dice «Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios». Se debe decir «Entérate de cómo se procesa…».

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