John Keats, Borges y su casa museo en Roma donde murió hace doscientos años

John Keats, el poeta romántico inglés vivió con el estigma de su condición humilde, el escándalo epistolar amoroso y la tuberculosis que le arrebató la vida a los veintiséis años. Nada impidió que cumpliera su destino de gran poeta. España ha reeditado recientemente su poesía traducida, con un interés nuevo por el poeta.

Roma, Plaza de España, Casa Keats Shelley
Roma, Plaza de España, Casa Keats Shelley

Nacido el 31 de octubre de 1795, proviene de una familia modesta con un padre que trabajaba en las caballerizas y muere cuando John tiene ocho años. Su madre vuelve a casarse, pero se separa pronto y se refugia con sus hijos en casa de la abuela. La tuberculosis ronda a la familia: primero muere su madre y luego John tendrá que atender a su hermano. Mientras trabaja como asistente de médico siente su vocación literaria y abandona todo para dedicarse a sus sueños poéticos.

El Romanticismo inglés ya había dado autores de la talla de William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, llamados los poetas «Lakistas», por haber nacido en la región de Cumberland, de los lagos, región que visité en Inglaterra, con suaves colinas, ruinas romanas, paseos pastoriles y bosques idílicos. Es la ruta de los poetas románticos que tuvieron la primer Mirada hacia el paisaje de su país.

Keats junto a su amigo Shelley y Byron pertenecerán al Segundo Romanticismo, de alguna manera más transgresor por mezclar ideas literarias con conceptos políticos y sociales.

Keats no tiene formación literaria, es autodidacta, lee los clásicos, se vincula a Leigth Hunt editor del periódico Examiner, y finalmente, en medio de la muerte de su hermano, publica Endymion, un poema largo que fue duramente recibido por la crítica.

Socialmente Keats no pertenecía a la aristocracia ni tenía estudios universitarios, para algunos críticos era un advenedizo, se lo vincula a la Escuela Cockney de la segunda generación de poetas románticos, pero asociada con la baja condición social, falta de instrucción y uso inapropiado de los modelos clásicos. Es interesante estudiar en la sociedad inglesa del Siglo diecinueve, esta discriminación tan marcada con los poetas, inicio de muchos cambios sociales posteriores con la revolución industrial. Lo cierto es que este estigma acompañará a Keats, que trata de oir su voz lírica.

En su apasionada relación amorosa con Fanny Brawne llega a tener un escándalo por publicarse la correspondencia entre ellos, irritando a la muy Victoriana sociedad inglesa, incluyéndolo en la lista de poetas malditos.

Borges y Keats

Tuve el privilegio de estudiar el Romanticismo inglés en la cátedra que dictara Jorge Luis Borges en la Universidad de Buenos Aires. Fue una experiencia única y maravillosa para estar en contacto con la poesía y sus hacedores. El día del examen final, teníamos derecho a preparar un tema y yo trabajé sobre el poema la Oda al ruiseñor de Keats y el poema La Alondra de Percy Bysshe Shelley, el pájaro en estos escritores románticos como símbolo de la poesía y la libertad creadora.

Cuando le dije el tema, Borges me dijo: ¡Caramba!

La Oda al ruiseñor, Keats la concibe en 1819, después de su famosa Oda a una urna griega, donde expresa la frase memorable:

«La belleza es la verdad, la verdad es belleza. 
Ésto es todo lo que necesitas saber.»

Es una oda donde marca su estética poética y que le gustaba mucho a Borges.

En La Oda al ruiseñor, el tenor es diferente, el poeta admira al pájaro y a su canto, el ruiseñor entonces, se convierte en símbolo de lo poético y de la libertad. El poeta vuela con el ave que canta, eleva sus alas hacia la altura y poeta y pájaro se funden en la poesía.

La naturaleza es una fuerza casi divina para los románticos, son ellos quienes descubren el paisaje oriundo, sus tonalidades y melancolía, la mística de la natura y su poder de liberación. Keats evoca al ruiseñor, un ave pequeña pero que tiene un canto muy potente, creado imitando los trinos de otros pájaros, con varios registros. El ruiseñor oculto entre los árboles puede cantar durante mucho tiempo, de día pero especialmente de noche, algo bastante particular. Europa asocia el ave con la primavera, ya que emigra y retorna cuando ésta llega, lo asocia además con el renacer y el amor.

En el poema de Keats, la imagen del pájaro se une a la del poeta que ansia expresar la belleza y elevar su canto, como el ave, hacia la altura y la eternidad.

Grande fue mi sorpresa cuando Borges me acompañó recitando las estrofas del bello poema:

«!Perderme lejos, lejos! Pues volaré contigo,
No en el carro de Baco y con sus leopardos,
Sino en las invisibles alas de la Poesía,
Aunque la mente obtusa vacile y se detenga.»
(versión de Juan Gonzalez-Blanco de Luaces)

Borges era poeta y era el maestro que todos deseamos tener. Aquel «Caramba» y beneplácito de Borges ante mi examen, supe años después por una amiga cercana a él, se debía a que su padre le recitaba poemas de Keats cuando niño, que lo subyugaron por la música y el hechizo verbal.

La Oda a Psique, Oda a una urna griega y Oda a un ruiseñor, son los poemas más famosos de Keats junto con Endymion, y el libro Lamia, Isabella, la víspera de Santa Inés y otros poemas. Legado inconfundible de su lírica.

Sin embargo, Keats, ansiaba crear el poema que lo uniera a los grandes poetas de su tierra. Lo manifiesta en su epistolario, emprende, entonces, la escritura de La caída de Hyperion: un sueño.

Casa museo en Roma

La tuberculosis comienza a adueñarse de su joven cuerpo, su amigo Shelley lo invita a Roma, con un clima más benévolo podría recuperarse. Keats vive con Shelley en la casa que hoy es museo.

En Roma, tuve ocasión de visitar la casa, que alojó a  los poetas, junto a Plaza España, en una callecita romana donde la bohemia del siglo diecinueve propiciaba las reuniones de poetas y artistas.

La casa museo contiene el mobiliario de la época, manuscritos y documentos de los escritores. Las ventanas que dan a la plaza, permiten que entre la luz dorada de Roma, iluminando la sala con la biblioteca que acompañó a los poetas.

Keats mejoró en el ambiente soleado de Roma, sin embargo, sabía que la sangre expectorada era signo de muerte. Su lucidez frente al final lo impulsó a luchar para poder acabar su obra. Era consciente de que el tiempo era breve y tenía mucho que decir, así lo manifiesta en sus cartas. La muerte lo visitó el 23 de febrero de 1821. Descansa en el cementerio protestante de Roma. Según su deseos su lápida contiene este epitafio:

 «Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua». 

Su poesía al principio arrebatada, maduró indagando aspectos que sobrepasan los tópicos románticos, por ejemplo, la necesidad de contener el «yo subjetivo» para crear una poesía más universal, menos confesional, persiguiendo la luz de la belleza.

Qué importan ya los ataques, su condición humilde, su irregular educación; cuando la llama lírica irrumpe en el corazón, nace el poeta!

Keats cumplió su bello destino y por magia de la poesía su nombre queda escrito «eternamente» en el agua.

 

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