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El arte moderno de Brasil desembarca en el Reina Sofía

El museo acoge una amplia muestra de los artistas brasileños del siglo XX alrededor de la obra crítica de Mário Pedrosa

Normalmente las exposiciones suelen organizarse en torno a un artista, una generación, un movimiento o un tema sobre el que giran las obras reunidas en la muestra. La originalidad de esta exposición de arte brasileño que se puede ver en el Museo Reina Sofía de Madrid es que ha sido concebida en torno a la obra de un crítico de arte, Mário Pedrosa (1900-1981), uno de los intelectuales y activistas políticos más importantes del siglo XX iberoamericano, a cuya iniciativa se debe en buena medida la fundación de la Bienal de Sao Paulo y del Museo de Arte Moderno de esta ciudad.

Alecio Andrade: Mario Pedrosa en el Centre national dart contemporainTambién tuvo un importante papel en la creación de la ciudad de Brasilia como nueva capital del país gracias a su pasión por la arquitectura y a su interés por el urbanismo como lugar privilegiado para debatir la función social del arte.

Una obra fundamental

La creación artística brasileña del siglo XX se entiende mejor conociendo la influencia de las ideas de Mário Pedrosa sobre los creadores de este país y su papel en el desarrollo del arte iberoamericano en general. De ahí el interés de esta iniciativa, que recoge la influencia de sus ideas sobre muchos artistas de la época y su papel en instituciones como el Museo de la Solidaridad en el Chile de Salvador Allende durante su exilio en aquel país durante la dictadura militar brasileña. Su militancia política (fundó con ‘Lula’ da Silva el Partido dos Trabalhadores) le costó a Pedrosa la prisión preventiva y el exilio en Chile en 1970. Tras el golpe de Pinochet se trasladó a México y a París. No volvió a Brasil hasta 1977.

Las preocupaciones de Mário Pedrosa giraban en torno a las experimentaciones del artista para dar con el lenguaje formal con el que expresaba sus ideas. Para Pedrosa el arte era una “necesidad vital”, algo inherente a todo ser humano, al mismo tiempo que un ejercicio experimental de la libertad. El arte planteaba por lo tanto una revolución en la sensibilidad humana y por eso influía en la organización social de las comunidades.

Unas 200 obras (pinturas, grabados, fotografías, libros…) de 40 artistas resumen aquí las preocupaciones de Mário Pedrosa en su vida intelectual. Hay representaciones de los movimientos artísticos del siglo XX, como el Realismo social brasileño y la abstracción, pero Pedrosa se interesó también por otras manifestaciones artísticas, como la de los niños y la de los enfermos mentales. También se han reunido en torno a Pedrosa obras de artistas a las que el crítico dedicó una parte importante de sus escritos, como Alexander Calder, Giorgio Morandi o Paul Klee.

Giorgio-Morandi-Naturaleza-muerta

Si hay una obra con la que Pedrosa tuvo una especial relación fue con la del italiano Giorgio Morandi. Lo definió como el artista más político de su generación, tanto por su negativa a participar en el arte fascista como por su resistencia a convertirlo en un arma de propaganda. Su influencia en el arte brasileño fue muy importante y su obra está en los inicios de las relaciones con el arte internacional. Llevó a Brasil el arte de Picasso (el Guernica se expuso en 1953), Paul Klee y Ben Nicholson. Relacionados con la obra de Morandi se pueden ver en esta exposición cuadros de los brasileños Milton Dacosta y María Leontina.

En cuanto a Calder, en su obra Pedrosa vio la posibilidad de repensar las relaciones entre el hombre y la máquina desde una perspectiva humanista, desde la que colaboró a divulgar la abstracción geométrica y el neoconcretismo brasileño, promoviendo el conocimiento de las obras de Lygia Clark, Ivan Serpa o Hélio Oiticica.

Kathe-Kollwitz-Recordatorio

Un recorrido temático y cronológico

En la primera de las salas de esta exposición se condensa el arte al que Pedrosa dedicó sus primeros escritos, en los años 30 del siglo XX, relacionados con el expresionismo de la alemana Käthe Kollwitz. A través de la exposición de las miserables condiciones de vida de la clase obrera alemana, sus cuadros estaban dedicados a la denuncia del capitalismo y a la creación de una conciencia de clase. Los pintores brasileños Candido Portinari y Emiliano Di Cavalcanti muestran estas mismas inquietudes junto a la preocupación por la cultura de masas. Este primer entusiasmo por el realismo social se atenuó en Pedrosa con la deriva de la Unión Soviética durante el estalinismo, al que criticó con dureza siempre desde posiciones de izquierda.

Otra de las salas se dedica a papel de Pedrosa en el desarrollo del arte abstracto en Brasil y a su apoyo al conocimiento de artistas como Amilcar de Castro, Mary Vieira, Franz Weissmann, Jorge Oteiza o Lygia Pape, de los que difundió sus obras y organizó exposiciones. A diferencia de otros críticos de izquierda, para quienes el arte abstracto era algo ajeno a la lucha de clases, Pedrosa reivindica el contenido revolucionario de la abstracción y su capacidad para despertar la creatividad innata de las personas.

Emygdio-de-Barros-Sin-titulo

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El arte desde los márgenes

Uno de los aspectos fundamentales de la obra de Pedrosa es su dedicación a la sicología visual y su relación con los enfermos mentales. En 1940 asiste en el Hospital Siquiátrico Dom Pedro II de Rio de Janeiro a un experimento sobre la capacidad de los pacientes para organizar de manera plástica su relación con el mundo. En una sala de esta exposición se recogen obras, relacionadas con este tema, de Raphael Domingues y Emygdio De Barros. Pedrosa lo llamó “arte virgem”, en el que incluye junto al arte de los enfermos mentales, el de los niños y el de los artistas autodidactas, con lo que quiere demostrar que el arte es una “necesidad vital” de todos los seres humanos.

Alfredo Volpi, José Pancetti, Ismael Nery y Djanira ocupan una sala dedicada al arte moderno brasileño. En otra se pueden ver las obras de Abraham Palatnik, que utilizaba las nuevas tecnologías para crear composiciones lumínicas en movimiento. Y en un espacio dedicado al arte pop relacionado con la sociedad de consumo están las obras de Rubens Gerchman, Antonio Dias y Darcilio Lima, con temas sobre la cultura de masas, las drogas, el sexo y la sicodelia.

Junto a estas manifestaciones hay aquí representaciones de la “sensibilidad inventiva” de las caricaturas de Millôr Fernandes, quien colaboró en periódicos en los que Pedrosa también escribía, algunos fundados por él mismo. También están los grabados de Livio Abramo y Oswaldo Goeldi, que retrataron las zonas marginales y proletarias de las grandes ciudades.

El arte posmoderno, que cierra la exposición, está representado por las obras de Hélio Oiticica, Rubens Gerchman, Antonio Días y Darcilo Lima. Pedrosa lo calificó en uno de sus escritos como “un nuevo ciclo con vocación de anti-arte”, más preocupado por la cultura que por la expresión plástica.

En una de las salas se proyecta la película “El paraguas rojo”, de Lygia Pape, donde los textos del poeta Manuel Bandeira se ilustran con imágenes de Oswaldo Goeldi arropados con la música de Heitor Villa-Lobos.

El catálogo de la exposición recoge una importante parte teórica de la obra de Mário Pedrosa, traducida por primera vez al castellano.

  • TÍTULO. Mário Pedrosa. De la naturaleza afectiva de la forma
  • LUGAR. Museo Reina Sofía. Edificio Sabatini. Planta 3ª. Madrid
  • FECHAS. Hasta el 16:10:2017

Sobre Francisco R. Pastoriza

Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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