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Querida Queen Letizia

¡Qué mala es la envidia, Dios mío!  pero, ¡qué envidiosos somos los españoles!  Si tenemos un defecto quizá solamente sea ese querida Queen Letizia. Somos honestos, capaces, generosos, solidarios y muy, muy trabajadores. Hacemos con un dicho un momento alegre y nos reinventamos llegado el caso, pero eso de ver triunfar a una del pueblo nos revienta el hígado llegado el caso.

No hemos parado de leer tras quince años de Hola, Sálvame y sucursales en todos los medios de comunicación posibles y futuros que la Leti, como le apodaron algunos, no llegaría a estar a la altura llegado el caso. Que si se ha operado, que si no sabe, que si es de una familia obrera, que si la  mar, que si los peces…El hecho cierto es que la dama que aterrizó en el Reino Unido era una mujer que a la sazón, fue periodista en algún tiempo. Pasó por delante el entonces príncipe de Asturias, como le seguimos llamando algunos cuando hablamos de seguido, y finalmente se casó con Él. Ese fue el principio de la historia y lo demás ya lo saben ustedes cómo fue. Hablar de Ella, de Sus hermanas, de Sus padres, incluso de Sus abuelos fue todo uno. Todo eran voraces críticas hacia Su vida, Su persona, hacia Ella como ser humano.

Esa dama, que es la misma que la anterior, acabó siendo desde una enferma anoréxica hasta qué se yo las barbaridades que pudo leer. Y por si no fuera poca la envidia ajena, también la tuvo en Su familia, porque en todas, no se crean, cuecen habas, y en la Suya, fueron calderadas. Su ya famoso primo, David Rocasolano, escribió lindezas personales que a nadie le incumbían e intentó lucrarse a costa de los secretos que alguna vez Ella le confiara. Y no sucedió, ¿saben por qué? Porque para eso estaban las revistas mal llamadas de corazón, que sin corazón alguno destriparon cada gesto, cada arruga, cada cambio de look de la Señora, que hoy es Su Majestad la Reina, Queen Letizia como dicen los colegas de Su Graciosa Majestad.

Y tras varios viajes, tras varias demostraciones de Sus discursos, Su valía profesional y también la humana por Su enorme solidaridad con los pacientes de Enfermedades Raras y sus familias, entre otros gestos, demuestra que es capaz de ser Cenicienta y aparecer con la longeva Reina Isabel II tan bien conservada por el whisky patrio; “saca el guisky cheli para el personal, que voy a hacer un guateque”, ¡qué tiempos!- y así ha sido, de hecho es, y será. Su imagen permanecerá en la retina de todos las que la vieron en la carroza en la más majestuosa de las ciudades en donde todo protocolo es poco y en donde se guardan las tradiciones como antaño; esas que Usted vivió como una reina bajo el tibio sol que esta vez, sí salió en la oscura y encapotada ciudad de Londres. Su recuerdo y sonrisa a la que fuera la más desgraciadas de las princesas estuvo presente en el color de la fuerza; el amarillo limón, ese que tanto le gustara a la también criticada Lady Diana Spencer.

La valía de nuestros reyes es indudable, Su formación y Su conocimiento es impresionante y no podemos sino Agradecerles que sean los mejores embajadores que tenemos en este país de políticos mediocres en donde el que no roba, cohabita con el ladrón o le disculpa. El que no critica, no habla bien del prójimo y se aproxima, y en donde nada parece lo que es porque todo el mundo tiene envidia del que llega. Ella Ha llegado. Sí, la joven ovetense que una vez soñara con ser periodista Ha llegado a darnos con una lección de humildad cómo se puede torear en una plaza tan compleja como la española en donde además de cornadas, gritos y pitos, pocas personas han reconocido Su valía. Pues Señora, me descubro una vez más y Le agradezco que esté ahí en nombre de los españoles y en el mío propio. Ahora vendrán las críticas voraces no se crea. Aquí no ha acabado esto ni de refilón pero como decía el otro, ¡acabáramos!

Gracias por dejar esa estela amarilla en el país en donde el color es gris cuando amanece, en donde la educación y el politeness cohabitan entre ciudadanos. Ese lugar en donde está lo que brilla y en donde todo lo que parece ser, es. Su savoir faire ha conquistado a los súbditos de Su Majestad y Ha traspasado con creces las fronteras. Disculpe los desatinos de los que fueron Sus colegas. Ya sabe Señora, que en esta profesión o te reinventas en esa especie o te quedas fuera del ruedo y no te queda más remedio que criticar; porque criticar es fácil, no obedece a nada y no supone esfuerzo alguno; no obliga a estar al día ni tampoco a tener cultura alguna y mientras más medios hagan porque esos programas existan, más veces escuchara, no se crea, improperios que se refieran a Usted. Que si los zapatos, que si el bolso, que si Mango o Felipe Varela. Como si se pone un saco o un mantel de cuadros. Siempre estará mal para el que quiere tener envidia y nunca estará bien para el que se la tiene. El mal llamado periodismo del corazón, una vez más en el candelabro; ¿qué fue de aquella mujer que acuñó tal término, por cierto?

Finalmente, Usted, llegó, vio y venció. De eso no Le tiene que caber ni la menor duda. La vida quizá solamente sea eso. Esperar y demostrar llegado el caso. Lo malo es que muchos no se dan cuenta nunca y viven o sobreviven viendo la paja en el ojo ajeno y nunca en el propio. Ahora Espérese que me van a llover a mi las críticas. ¡Menos mal que no soy reina, ni tampoco Cenicienta! Me conformo con tener la aquiescencia que Usted Ha tenido estos años, querida Queen Letizia.

¡Dios Salve a la Reina!

Sobre Ana María De Luis Otero

PhD, Doctora C.C. Información. Periodista. @anadeluis Divulgadora Científica. Profesora Universitaria. Fotógrafo. Consultora de Comunicación. -www.consultoriadecomunicacion.com Comprometida con la Discapacidad. Miembro Consejo Asesor de la Fundación Juan José López-Ibor. Miembro del Comité Asesor de Ética de Eulen Servicios Sociosanitarios. Presidenta de D.O.C.E Discapacitados otros Ciegos de España @asociaciondoce www.asociaciondoce.com Autora del Libro Fotografía social, Editorial Anaya.

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