Australia, el arte aborigen y el tiempo del sueño

Australia, la tierra austral, el arca gigante anclada en los mares del sur es una nación orgullosa de su presente y proyectada al futuro. Su extensión abarca casi toda Europa, tiene 3,6 habitantes por kilómetro cuadrado, bellas ciudades: Sidney, Melbourne, Perth, Darwin, su capital Canberra. Con una economía estable, riqueza minera, agrícola y pesquera, es uno de los países más industrializados del mundo.

Australia aborígenes Tiene un clima primaveral, bosques, playas, la famosa barrera de coral, desiertos, vestigios de dinosaurios, pinturas rupestres por doquier, y aborígenes que cultivan un arte ancestral y milenario, con la aclaración que el término aborigen proviene del latín ab-origene, quiere decir desde el comienzo, puesto que fueron los primeros habitantes que llegaron al territorio australiano hace aproximadamente sesenta mil años.

Cuando viví y viaje por Australia aprendí mucho de los «aussie». Pude llegar hasta la extracción del ópalo y vi la variedad de esta piedra multicolor. Estuve en una mina perdida de oro y tuve una pepita de oro en mis manos. Recorrí playas vírgenes observando las aletas de los tiburones que inundan el mar. Gocé de museos, ciudades, y visité la fabulosa Opera en Sidney y la Villa Olímpica, en Homebush, sobre el río Parramatta, donde se llevó a cabo la Olimpíada del 2000. La mayoría de los «aussie» están convencidos de que viven en un paraíso, con un clima perfecto, donde producen de todo y viven en paz. Paz, que los australianos cuidan después de la Segunda Guerra Mundial donde hicieron un reajuste de relaciones con Asia y afirmaron su concepto de identidad.

La socióloga Mary Roz me explica: «El concepto de Austroasia está ya asumido, somos un país austral, pertenecemos a Oceanía, pero cercano a Asia. De hecho el tráfico y el comercio con los países de la región se ha intensificado, buscando nuevos mercado. Nuestra geografía determina nuestra identidad australiana».

Según el dicho: «Todos los australianos unidos frente al mundo», tiene una significación y esa unión los llevó a crear, en 1901, el Commonwealth con Inglaterra.

Tuve ocasión de hablar con el profesor de filosofía Bob Ewin, de la Universidad de Western Australia, quien me comentó: «El boom de los años setenta sobre los cuestionamientos de identidad nacional se balancean hoy con la ‘Globalización’. El sentido nacional se ha afianzando y se asume el concepto de australidad».

Ese concepto hace a los australianos particulares: viven en el confín del mundo, aislados y, sin embargo, integrados al planeta y autosuficientes, amantes de la naturaleza, forman una sociedad multicultural que afirma sus raíces en las soledades del sur.

Australia: amanecer en Kakadu
Australia: amanecer en Kakadu

Esta tierra austral fue avistadas por navegantes españoles, portugueses, holandeses, en el siglo dieciséis, pero fue el inglés James Cook quien, en 1769, desembarcó en estos lares, dando origen a que Gran Bretaña estableciera el primer asentamiento, y una colonia penal, que visité como rastro de un pasado. Sin embargo, no fue la prisión y sus criminales, los que detuvieron el florecer de familias que prosperaron en las costas y fueron poblando el continente.

Es sorprendente que esta masa territorial fuera habitada desde hace miles de años; cuevas pintadas comprueban la existencia de estos habitantes, que eran cazadores y recolectores, mantenían un sistema de vida grupal, semi nómada, con una tradición oral y valores espirituales de respeto a la naturaleza, a la tierra y al tiempo del sueño, que aún sus descendientes conservan.

Wave Rock, Australia
Wave Rock, Australia
Australia canguros
Australia canguros

Me aconsejaron visitar Wave Rock para comprender mejor su filosofía. Fui entonces a Wave Rock, a 400 kilómetros de Perth, en Hyden, el lado oeste de Australia. Mientras viajaba en el confortable autobús, miraba el paisaje de los campos sembrados que me recordaban la Pampa argentina. El conductor, con quien conversaba, me dijo que el campo australiano se había mecanizado y eso lo había hecho más eficiente. Grandes silos se observaban en el horizonte, molinos de vientos y extensiones de cultivo muy bien aprovechadas. A medida que nos acercábamos a la región protegida, el paisaje se tornaba agreste.

Cabe destacar que Australia es uno de territorios más antiguos del planeta y gran parte es semiárida, lo cual no impide tener una gran diversidad de flora y fauna. En sus zonas de conservación pude ver los famosos canguros, avestruces y cocodrilos, y al simpático koala.

Al llegar a la reserva encontré una pintoresca tienda de venta de recuerdos y artesanías, donde organicé mi caminata.

Mi guía, Punjey, era un nativo de la tribu Ballardong, me contó que había nacido en esos parajes, algunos de sus familiares vivían y conservaban su lengua, mientras que él había aprendido el inglés y trabajaba como guía. Me informó de que existían 516 parques nacionales en Australia, entre zonas protegidas de flora y fauna y reservas de pueblos originarios. El sistema de parques cubre una gran extensión. Además, algunos parques, como Kakadu y Uluru y algunas cuevas de arte rupestre, son Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Al llegar a Wave rock, impresiona la altura de quince metros de la pared de granito, que tiene más de veintisiete millones de años, y forma una suerte de ola gigante. Punjey me cuenta que, según la leyenda, esa piedra monumental fue construida por la gran serpiente que vivió en estas tierras en tiempo de la creación. Al recorrerla uno siente que viaja a los orígenes del planeta. El guía me habla de la vida de su gente, del boomerang, instrumento de madera que se lanza para cazar y sirve para cavar y vigilar el fuego.

Los originarios pintan sus sueños en la tierra y en la corteza de árboles y se reúnen para sus ritos al son del didgeridoo, instrumento musical sagrado, que data de cuarenta mil años; Punjey me muestra cómo se construye con el tronco de eucalipto perforado por termitas, la longitud determina la gravedad del sonido. Me invita, viendo mi interés, a una de esas reuniones musicales, que son, en verdad, rituales. Al atardecer me reúno con los nativos. Llevan sus cuerpos y rostros pintados, soplan aquella flauta que lanza un tañido ancestral evocando los lamentos del viento y del agua, y produce un embeleso hipnótico. Embeleso que ha llevado a organizar festivales, conciertos y grabaciones de este extraño instrumento que tiene muchos adeptos, entre ellos, yo.

Australia arte aborigen
Australia arte aborigen

El arte aborigen

Aquella visita a Wave rock y mi relación con los oriundos me motivó a conocer más de su expresión artística, por eso, en Sidney, que tiene alrededor de doscientos museos, visité la Galería de Arte NSW, y su Colección de Arte Aborigen. Wadgi, artista nativo, me explica: «Estas son pinturas anónimas y abarcan diferentes épocas. Nuestro arte aborigen australiano está íntimamente ligado al espíritu; son obras que se realizan en trance y no están a la venta, aunque en la actualidad se han comercializado y muchos artistas aborígenes se dedican a esta expresión y viven de su arte».

Al mirar las pinturas observo que los soportes son diversos: cortezas, hojas, además se pinta en la arena, en la tierra, en la corteza de los árboles. Algunos trabajos son con puntos, estilo «puntillista» o llamado «Papunya Tula».

Wadgi me comenta: «En sueños se ve como puntos y al pintar puntos se produce una sensación de concentración, a veces aparecen figuras geométricas, otras leyendas o animales y otras solo imágenes. Venimos de un tiempo de sueño, estamos aquí, y luego volvemos al tiempo de sueño. El arte es de todos y todos podemos ‘soñar’ porque es una manifestación espiritual. La vida, lo que nos pasa, los fenómenos naturales, los astros, son parte de un vasto movimiento de relaciones. Lo que importa es la unión con el tiempo del sueño, de dónde venimos y hacia dónde vamos».

Estas pinturas se conectan con el arte rupestre de los ancestros; sorprende el enfoque de la pintura como una vista aérea, mapeando desde lo alto. Generalmente se trabaja con pigmentos naturales: rojo, ocres, azules y se utilizan símbolos: círculos dentro de círculos, ondulaciones o flechas; las pinturas varían según provengan del desierto central, donde está la roca sagrada Uluru, del Territorio del Norte, o de Arnhemland o las costas.

El arte aborigen está ligado, como en otras culturas antiguas, a lo religioso y a la visión cósmica. Son expresiones sagradas y cosmocéntricas, el arte y el ritual conviven, son expresiones estéticas que se sumergen en una vivencia de unidad dentro del tiempo cíclico, en contacto con el origen. El tiempo del sueño es el tiempo de la creación, es el tiempo mítico, eterno. Tiempo y espacio sagrados confluyen en la cosmovisión de estos pueblos originarios provenientes del fondo de la humanidad y cuyos descendientes directos, según se ha comprobado, viven en tierras australianas.

Me encontré en varias ocasiones con Wadgi, quien me presentó algunos artistas y galeristas. Uno de ellos me comentó que en los años setenta, el profesor de arte Geoffrey Bardon alentó a los pintores de Panpuya a que fijaran sus trabajos en lienzos. En los ochenta y noventa hubo un auge de ventas de este arte, lo cual propició estafas al público y a sus creadores. Actualmente, hay legislación y control para proteger la cultura autóctona; algunos artistas se incorporan al sistema de galerías, premios, firmando sus obras, otros trabajan de manera mas anónima, en centros de arte comunitarios ; lo indudable es que el movimiento de arte aborigen es diverso y reconocido, para los nativos, una manera de continuar su tradición, de vincularse a sus ancestros pero también de integración social.

Sin duda, estas singulares visiones motivan a reflexionar sobre el sentido del arte y el tiempo del sueño… de «dónde venimos y hacia dónde vamos»…

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3 Comentarios

  1. Maravilloso relato , nos transporta y nos hace partícipe de la aventura de conocer un país , casi continente y su cultura ancestral , gracias Adriana Bianco

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