El diablo juega al ajedrez: la historia del lobo de Badenoch

Alejandro Estuardo, conde de Buchan (1343-1405) fue conocido como El lobo de Badenoch y también como el Atila Céltico. Era hijo del rey escocés Roberto II (1316-1390). Fue nombrado señor de Badenoch, en las tierras altas escocesas (Highlands), en 1371.

Alexander Stewart el lobo de Badenoch por Xulio Formoso
Alexander Stewart el lobo de Badenoch por Xulio Formoso
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El apodo por el que es conocido se basaba en su crueldad hacia sus súbditos y su avaricia petulante, además de, entre otros desmanes, haber destruido la catedral de Elgin. Es considerado como uno de los personajes más malvados de Escocia, quemaba casas y tierras de los que le desagradaban y requisaba bienes más allá de lo razonable por lo que se ganó la censura de la gente común y del clero.

Alejandro Estuardo (Alexander Stewart, en su original en inglés), se casó en 1382 con la viuda Euphemia I, condesa de Ross (fallecida en 1394), con la que no tuvo hijos, pero que le sirvió para duplicar sus dominios donde contaba con todo un ejército privado a su servicio.

Fue Justiciar of Scotia -principal autoridad legal de Escocia- durante un tiempo, aunque, por su carácter, no fue un juez eficaz. Su labor sobre el amplio territorio que controlaba fue definida como “inservible a la comunidad”.

Tras abandonar a su esposa, pidió en 1389 al obispo de Moray, Alexander Bur (1320/30-1397), que pusiera fin a su matrimonio y se fue a vivir con su amante, Mairead Inghean Eachann o Mariota Mackay (1356-1408) con la que tuvo siete hijos.

Al ser las leyes matrimoniales privilegio de la Iglesia –con la que había tenido previos enfrentamientos, en concreto con el propio obispo de Moray y el de Aberdeen- le obligaron a volver con su esposa pero no cumplió y fue excomulgado. En 1392 la corte papal en Avignon declara nulo el matrimonio por lo que pierde las propiedades de su ya excónyuge.

Pero antes se perpetró la venganza del lobo de Badenoch, ya que, tras quemar Forres, en junio de 1390 procedió a la destrucción de Elgin y de todas las propiedades eclesiásticas, su catedral, monasterio, parroquia y hospital. “Fue un infierno” dijeron los que huyeron de la quema, palabras que pueden enlazar con el final que tuvo el causante de tanta destrucción.

La historia posterior de la catedral de Elgin–que fue la segunda más grande de Escocia denominada La linterna del norte- es que fue reconstruida en 1560 pero el papa Pio IV (1499-1565) no quiso bendecirla, debido a la ruptura de Escocia con la iglesia católica, por lo que apenas estuvo un siglo en servicio, ya que, como si fuera una maldición, fue abandonada.

En 1711 se derrumbó parte de la torre y de la nave. Ya a inicios del siglo XIX, en 1807, un vigilante de las ruinas advirtió al concejo de la ciudad del deterioro de los restos, que fueron entonces redescubiertos y permanecen en pie hasta nuestros días.

Tras ser excomulgado (el monje que le llevó el mensaje fue enviado al pozo de las mazmorras) y tras la destrucción de Forres y Elgin, Alejandro Estuardo debió presentarse ante el nuevo rey, su hermano mayor, Roberto III (1340-1406) y el consejo general, para solicitar su perdón y pagar las reparaciones oportunas. Consiguió la absolución y paró sus desmanes aunque los prosiguieron sus hijos, tres de los cuales fueron encarcelados de 1396 a 1402.

El castillo de Lochindorb era su refugio favorito, ubicado en un lago del mismo nombre (en gaélico, lago de los peces pequeños), fue conocido como La guarida del lobo (The Wolf´s Lair). Hoy se encuentra en ruinas.

Ruinas del Castillo de Ruthven
Ruinas del Castillo de Ruthven

Pero donde termina la historia y empieza la leyenda es con su muerte producida en junio ó julio de 1405 en el Castillo de Ruthven, cerca de Kingussie. Se cuenta que se produjo tras perder una partida de ajedrez con el mismo demonio con el que se había apostado su alma. Así, una noche recibió en la sala de banquetes la visita de un hombre alto, vestido completamente de negro, con el que jugó al ajedrez durante horas hasta que el desconocido dijo “jaque” y luego, tras una sonora carcajada, “jaque mate” y se levantó de la mesa.

Inmediatamente comenzó una terrible tormenta con rayos, truenos y granizo. La tormenta siguió toda la noche y a la mañana siguiente reinaba el silencio. Fue entonces cuando se descubrió su cadáver, las uñas de los pies habían sido arrancadas de las botas de cuero y estaba rodeado de jarras de cervezas, mientras sus hombres, aparecieron esparcidos en las murallas, ennegrecidos, como llenos de cenizas, como si le hubiera caído un rayo. También se comenta que se escuchaba una música como fantasmal.

El lobo de Badenoch, portadaEl castillo de Ruthven, donde ocurrió su muerte, fue destruido posteriormente en 1451 pero reconstruido ocho años después en su lugar. Tras las guerras civiles escocesas del siglo XVII quedó dañado y está actualmente en ruinas. Se considera un lugar maldito y ha sido objeto de visitas de estudiosos de lo desconocido y lo paranormal ya que algunos afirman haber visto en un rincón al diablo jugar la partida de ajedrez con el lobo de Badenoch.

Su enterramiento fue acompañado de una tormenta nunca vista. Su sepulcro está en la Catedral de Dunkeld, -la más romántica de Escocia- adornado con su efigie en armadura, es uno de los pocos monumentos funerarios escoceses que han sobrevivido desde la Edad Media.

Actualmente hay una marca de whisky escocés con ese nombre, The wolf of Badenoch así como se ha escrito un libro recientemente con ese título, aunque entra dentro de la fantasía histórica con elementos que poco o nada tienen que ver con la historia original. Está escrito por el autor escocés Malcolm Archibald y ha sido traducido al español.

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Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, rama Periodismo con cursos de doctorado, estudios sobre Marruecos contemporáneo y el Sáhara Occidental. Más de 30 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta el último en 2019. Gran aficionado al ajedrez y amante de Portugal. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.

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