Errores persistentes

Una de las bases para escribir medianamente aceptable, lo he dicho muchas veces, es familiarizarse con las palabras, para lo cual es indispensable leer con regularidad. Existen elementos básicos que, si se manejan con relativa facilidad, permiten que el redactor profesional o el que solo escribe por hobby, pueda cumplir el cometido.

Se debe tener presente que la herramienta básica de trabajo es el lenguaje. A cualquiera, hasta  al más cuidadoso de los redactores, puede escapársele un error ortográfico; pero cuando en vez de uno son dos o tres, la cosa es preocupante y amerita una revisión.

Las personas que redactan de manera frecuente, deben convencerse de que la ortografía y la gramática no son un capricho, sino una forma de lograr que lo que se escribe se entienda. Los medios de comunicación, muy especialmente las denominadas redes sociales, están plagadas de impropiedades, aunque es justo y necesario reconocer que paralela a esa deficiencia, hay una tendencia a mejorar, que se evidencia en publicaciones contentivas de recomendaciones para hacer un mejor uso del lenguaje, a aunque a veces están impregnadas de excesivo purismo. Hay que extraerles lo mejor. 

Hoy, en respuesta  a peticiones de amigos lectores, y que a su vez son redactores, mostraré una pequeña lista de los errores más comunes, con la finalidad de aclarar dudas. Espero satisfacer las inquietudes.

De que

Si tuviera que crear una lista sobre los errores más frecuentes, sin dudas el número uno le correspondería al conocido ‘de que’ mal empleado, que ha dado pie al dequeísmo: «Yo pienso de que…»; «Nosotros creemos de que…»; «La gente se imagina de que…» (Con la lengua, volumen uno, Alexis Márquez Rodríguez, 1987). 

No existen reglas para determinar el uso de la forma de que; pero algunos estudiosos de la materia, con la finalidad de facilitar la comprensión del tema, se las han ingeniado y han puesto en práctica una forma sumamente útil (algunos la llaman truco) que permite bastante margen de seguridad.

Si el verbo es decir, debe entenderse que se trata de decir algo; si ese algo empieza por que, el sentido común sugiere que debe ser que y no de que: «Dijo que vendría por la noche». No: «Dijo de que vendría por la noche».

La situación cambia cuando el verbo es enterarse, pues se trata de enterarse de algo, y si ese algo va encabezado por un que, deberá emplearse la forma de que: «Me he enterado de que ganaste el concurso»; «El pobre Fulano se enteró de que su mujer le era infiel»; «Hasta ayer, nadie se había enterado de que iban a cerrar el establecimiento».               

La coma entre sujeto y verbo, entre verbo y objeto

Se ha dicho que la coma es el signo de puntuación que más dudas y confusiones genera; pero a diferencia del dequísmo, sí existen reglas para su uso. Sandro Cohen, poeta, ensayista, traductor, editor y crítico literario mexicano, con la intención de facilitar la comprensión, estimó que la coma tiene diez usos fundamentales, de los que por ahora no voy a hablarles. A ese uso se le conoce como coma criminal.   

Es incorrecto escribir: «Jesús, bendijo a sus discípulos»; «El Gobernador, vendrá hoy», «Planchar la ropa por la mañana, era su rutina diaria». En los tres ejemplos hay una pausa innecesaria que debe evitarse.

Falta de tilde en verbos en pasado

Sobre este asunto he escrito en muchas ocasiones; pero nunca está ni estará demás volver sobre él de cuando en cuando. En la educación primaria se enseña que las palabras agudas son las que llevan la mayor entonación de voz en la última sílaba.

Se les coloca la tilde cuando terminan en vocal o en consonante “N” o “S”: Lloró, hablé, disparé, cortó, balón, cajón, después, cortés, etc.

Hecho y echo

En este caso no debería haber ninguna complicación, siempre que se entienda que hecho es del verbo hacer: «Hecho en Venezuela». En tanto que echo es de echar, de botar, de arrojar, de lanzar, de salir de alguien: «Hoy echo de la empresa al vigilante»; «Primero le echo agua y luego dejo que hierva»; «Se le echa agua y cebolla…»

La lista es más larga; pero solo he mostrado cuatro, pues son los que, a mi entender, son los más frecuentes.       

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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