Festival de Cannes 2019: Dolor y Gloria de Pedro Almodóvar en competición

Una prolija auto ficción en la que se cita a si mismo.

Por sexta vez consecutiva vuelve Pedro Almodóvar al festival de Cannes, con el objetivo evidente de alcanzar esta vez la Palma de Oro, que se le escapó en sus dos premios anteriores en este festival: “Todo sobre mi madre” 1999 premio de puesta en escena y “Volver” 2006 premio al mejor guion.

Dolor y gloria cartelA contracorriente del entusiasmo manifestado por la prensa francesa en Cannes y de la española en el momento de su estreno en Madrid, tengo que decir que prefiero de lejos esas dos películas, que estuvieron a punto de llevarse la Palma, a esta ultima creación del cineasta manchego, que no obstante su esmerada factura de producción, me parece mucho menos original, en tanto que pretendida auto ficción o compendio de citas sobre su obra anterior.

Sin ser un incondicional de Almodóvar, siempre he defendido sus primeras y provocadoras películas, cuando era minimizado y despreciado por muchos de los que hoy le adulan. Me gustó su manera de dirigir a grandes actrices como Carmen Maura, Marisa Paredes, o Assumpta Serna.

Me gustaron y defendí también en su momento algunas de sus películas de mayor éxito como “Tacones lejanos”, “Matador”, “Todo sobre mi madre” o “Volver”, con guiones más originales y fuertes que el que ahora nos sirve en esta ultima obra de acentos testamentarios.

“Dolor y gloria” cuenta la historia de un reconocido cineasta español envejecido y enfermo, que ha abusado mucho de la droga, que evoca su infancia, la relación con su madre, sus primeros deseos homosexuales, su reencuentro con un viejo amigo actor y con un examante mientras contempla su propia obra preguntándose si sus películas también envejecieron. Ese alter ego ficticio, inspirado en si mismo, lo interpreta Antonio Banderas, con un mimetismo algo excesivo que raya con la imitación del Almodóvar canoso de hoy.

La interrogación sobre el envejecimiento de algunas de sus películas me parece en efecto pertinente y es algo que siempre me planteo como espectador. En el contenido de la historia relatada, como en las opciones estéticas de su puesta en escena, Almodóvar se complace sin embargo en la auto cita, sin explorar nuevos caminos.

Su guion le permite crear su propia leyenda cinematográfica, lo que es siempre legitimo en un autor, pero no aporta nada nuevo a todo lo que el mejor de su cine ha mostrado ya hasta la fecha. En sus decorados, vestuario y objetos varios, su estética, servida por la siempre esmerada fotografía de José Luis Alcaine, insiste a mi juicio, de forma excesiva y reiterativa en cada uno de sus planos en esa búsqueda de vivos colores y contrastes, que son citados siempre como “constantes” de su filmografía. Como si quisiera subrayar en cada imagen la moda, o “el estilo Almodóvar”.

Dolor y gloria Penelope Cruz

Dolor y gloria Asier Etxeandia
Dolor y gloria: fotogramas con Penélope Cruz y Asier Etxeandia

Como dice y repite su autor, aunque ha utilizado su propia vivienda y objetos personales en el rodaje, no se trata de un biopic, ni de una autobiografía, sino de una auto ficción que por definición busca borrar pistas entre lo vivido y lo inventado. Poco importa, lo principal es siempre medir el resultado final, verificar si el artificio funciona, si llega la emoción o si carece de convicción. Personalmente no me convence ni su contenido, ni su forma estética.

En esa mezcla de épocas entre su infancia y la vida adulta, la parte que incumbe a Penélope Cruz resulta caricatural, a pesar de contar con un prometedor intérprete infantil (el niño Asier Flores). Las pobres lavanderas cantando una canción flamenca dan el tono al comienzo. Las cuevas trogloditas en que vive esa pobre familia se transforman en un hogar cálido y de cuidada decoración, sin duda la voluntad de mostrar la deformación de la imaginación infantil, en la evocación de la miseria de su infancia.

Mucho ego y desasosiego en esta ficción, que no me conmueve. Una evocación de Almodóvar visto por si mismo, preocupado por la enfermedad y la muerte, pero sobre todo por dejar a sus fans su mejor y póstuma imagen, con la que intenta conquistar por fin la ansiada Palma.

 

Un punto positivo en esta mirada critica: La mejor secuencia de la película es a mi juicio la que interpreta al final Julieta Serrano, inmensa actriz del teatro y cine español, quien ha acompañado numerosas películas de Almodóvar.

De su reparto destacaré también el excelente trabajo del actor bilbaíno Asier Etxeandia, quien se afirma en su mano a mano con un Antonio Banderas demasiado preocupado por parecerse a Almodóvar.

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