¡Las homófonas también causan dudas!

La gama de impropiedades lingüísticas, como he señalado en varias ocasiones, está compuesta por el desconocimiento de los signos de puntuación, faltas de tilde, uso inadecuado de mayúsculas y minúsculas o la utilización de palabras con significado distinto del que registran los diccionarios.

Esas fallas son frecuentes en los medios de comunicación social y en el habla cotidiana, favorecidas por el inmenso poder inductivo que estos ejercen. Es por eso que ese poder no debe hacerse de una manera muy libérrima, pues la influencia puede ser igualmente provechosa que dañina.

Sobre el caso de palabras con significado diferente, en Venezuela es habitual en el lenguaje oral y escrito la palabra sendos (as) como sinónimo de grande, extraordinario, y por eso oyen y se leen frases como “Senda golpiza le dieron al abusador; “Sendo vehículo compró el vecino”; “Sendas cuchilladas recibió el transeúnte al ser asaltado”, etc. Muchos ignoran que el vocablo sendo significa: “Uno cada uno o uno para cada uno de dos o más personas o cosas”, y por eso lo emplean de manera incorrecta.

De este tema y los otros aludidos en el primer párrafo de este artículo, he escrito en infinidad de veces, pues he considerado prudente abordarlos de cuando en cuando, en función de contribuir para un mejor uso. A ellos se suman las palabras homófonas, que también causan dudas, y por ende, impropiedades. Antes de entrar en materia, agradezco el aporte que me hizo Pedro Emilio Luna, sobre el tema dedicado a los extranjerismos. ¡Gracias, Pedro Emilio!

Las palabras homófonas son aquellas que se pronuncian igual; pero tienen diferentes significados, como por ejemplo “echo” y “hecho”; “vaya”; “valla” y “baya”. El vocablo “echo” es del verbo echar (lanzar, arrojar, despedir). Hecho corresponde al verbo hacer; en tanto que vaya es el verbo ir, conjugado en primera o tercera persona de subjuntivo. Valla puede ser una cerca, una cartelera publicitaria, un obstáculo, o también puede ser el verbo vallar en tercera persona. Una baya, por su lado, es un tipo de fruto, mientras que la palabra balla no existe.

“Ojalá te baya bien en el nuevo empleo que has conseguido”, han escrito muchas personas, incluidos comunicadores sociales y educadores. Eso puede ocurrir por dos cosas: por descuido o simplemente por desconocimiento, que sería lo más lamentable.

Los errores cometidos con las palabras homófonas son innumerables; pero los más habituales son los que a continuación les presento, extraídos de un material publicado en Internet, algunos adaptados con ejemplos de quien esto escribe.

A, que es una preposición, y ha, es una forma del verbo haber. Abría es una forma verbal de abrir, y habría, es del verbo haber. 

Ala, viene a ser una de las extremidades que usan las aves para poder volar, y hala, es una interjección que se usa para insuflar ánimo. “Hala, Madrid”, por ejemplo, suelen gritar los aficionados del afamado equipo español. 

Arte, viene a ser una disciplina que engloba todas las habilidades humanas que existen para crear una escultura o una pintura, y harte, es una forma verbal de hartar.

Asta, es la palabra que se usa para indicar el cuerno de un animal, y hasta,  es una preposición. Asta también es la que se usa para izar la bandera.

Ay, es una interjección que se emplea para indicar dolor, y hay, es una forma del verbo haber. No hay manera de confundirlas con ahí, que es un adverbio de lugar.

Ato, deriva del verbo atar, y hato, es la palabra que se utiliza en Venezuela y en otros países de América para indicar un rebaño de más de mil reses.

Están también las palabras “tasa” y “taza”, diferenciadas por la S o  la Z: “Hoy día el BDV ofrece la tasa más baja del mercado cambiario”, y: “Solo nos tomamos dos tazas de café. De la misma naturaleza son casa y caza. La primera se refiere al lugar donde habita el grupo familiar o a otro ámbito en el que por analogía se la use, como “casa de cambio, casa de bolsa, etc. Caza es el verbo cazar.

Son estas, pues, las palabras homófonas con las que más se incurre en error, ante lo cual siempre es necesario insistir para que los periodistas, educadores y cualquier profesional universitario se persuada de la importancia de redactar de manera adecuada, en aras de lograr el objetivo.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

10 Comentarios

  1. David Figueroa Díaz, excelente periodista y conocedor del idioma español. Tus lectores estamos agradecidos de que semana a semana nos oriientes y nos permitas eliminar nuestras dudas.

  2. Buen día. sigo muy atento tus escritos sobre la hermosa herramienta de nuestro idioma, el que tantos malos ratos le hace pasar a muchos creídos.

  3. Estimado David, permíteme agregar que hala también es conjunción del verbo halar, que en algunas zonas como Venezuela significa tirar, aunque tengo la percepción de que se prefiere jalar en lugar de halar.

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