México: No hay gobierno, hay desmadre

A primeros del año que está a punto de comenzar, los mexicanos van a estrenar un nuevo esquema de venta de gasolina: Pemex (la petrolera estatal) ya no será la única que comercialice combustible. Las consecuencias inmediatas son la subida de precios de hasta un 20 % (cada Estado tiene libertad para implantar lo que estime conveniente). Los ciudadanos están indignados y pretenden boicotear la decisión, pero es difícil que consigan algo, pues los partidos aprobaron una reforma energética que, ahora mismo, deviene en esto. También hay malestar entre algunos partidos políticos.

Pablo Gómez Álvarez [1]

Para seguir con el desmadre que ha instaurado la administración de Peña Nieto, la llamada “liberación” de los precios de las gasolinas está a las puertas, mientras que ya hay “escasez” en algunos lugares del país. En esta materia, Pemex ya no es una empresa del Estado, ni productiva ni improductiva, sino sencillamente un establecimiento al igual que cualquier gasolinera. Quieren que, pronto, no sea ni siquiera eso.

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Mujeres se movilizan en México por la nacionalización del petróleo

Pero este ingrediente del desmadre nacional no traerá como consecuencia la producción de un litro más de gasolina en el país. La refinería cuya construcción anunció Felipe Calderón y para la que embarcó al gobierno de Hidalgo en la adquisición de un terreno, fue detenida por él mismo, seguido de Peña, antes de terminar el levantamiento de la barda (cercado) perimetral.

Mas, el país destina a la compra foránea de ese combustible unos 15 mil millones de dólares anuales (alrededor de 14 250 millones de euros) sin que nadie en el gobierno se preocupe por construir industria, generar empleos, obtener beneficios. Nada. Lo único que se busca es que el esquema de mercado se apegue a un manual práctico del perfecto neoliberal cuyo programa social consiste en valerle madre (no importar en absoluto) la sociedad.

¿Por qué se escogió este momento para “liberar” precios de gasolinas? El país tiene ya una presión inflacionaria con el proceso devaluatorio de la moneda y el aumento del rédito. Pero, al parecer, esto no es suficiente para profundizar el desmadre sino que se requieren más elementos de disturbio. Al parecer, las cosas no van a parar aquí, sino que se van a proyectar durante los próximos dos años, después de los cuales tendremos que hacer el inventario completo de daños.

En lo que va de su sexenio, Peña Nieto –Videgaray-Meade (responsables de economía)—recortó a la mitad el ritmo anual de crecimiento económico, redujo la inversión pública productiva, casi duplicó el ritmo inflacionario, multiplicó el rédito y devaluó la moneda el 50 %. Esto ya no es la repercusión del fenómeno de la volatilidad financiera internacional que presionó los mercados desde la FED estadunidense con un absurdo juego del gato y el ratón para ver a qué hora y en cuantos puntos base iba a modificar su tasa de interés. Esto ya es otra cosa, ya existe en curso un proceso francamente regresivo frente al cual el gobierno está echando leña al fuego.

Los precios de las gasolinas no tendrían por qué alcanzar cifras mayores que en el mercado de la zona económica en la que México se encuentra. ¿Qué está ocurriendo para que la “tendencia de mercado”, el proceso de fijación de precios, no opere en México? Sencillamente, es una manera de soltar controles para que la especulación comercial haga de las suyas con tal de que no todos los expendios sean franquicias de Pemex (Petróleos Mexicanos) hasta lograr sacarlo de ese mercado. Pero eso no lo hace  ningún gobierno serio, mucho menos uno que tiene dos días de reserva de gasolina en sus tanques –los únicos existentes en el país– y que, por lo tanto, con cualquiera cosa que ocurra puede caer en desabasto real. No hay duda que los errores terminan pagándose, la cuestión consiste, sin embargo, en el costo de cada equivocación, el cual no tendría que ser tan alto si hubiera gobierno en lugar de desmadre.

Ya lo ha dicho Meade (actual secretario de Hacienda), quien supone que, en aras de las “liberalizaciones”, se puede y se debe hacer cualquier cantidad de desatinos cuyas consecuencias las pagará la economía y, por cierto, la gente. Sin embargo, hay un clamor popular que consiste en el rechazo del desmadre. Vamos a tener que implorar el establecimiento de un gobierno que pueda llamarse de esa manera.

Por su lado, para provocar algo de hilaridad dentro de esta tragedia, el PAN (Margarita Zavala incluida –esposa del anterior presidente de la República, Felipe Calderón, quien pretenden alcanzar la presidencia-) ha rechazado la política del gobierno sin admitir en absoluto su responsabilidad en la llamada reforma energética, la cual contiene como parte del plan el descontrol del abastecimiento de gasolinas y los “gasolinazos”. Los senadores del PAN proponen ahora quitar impuestos al combustible, aunque ellos mismos los votaron en el Congreso, a pesar de que no es la carga impositiva el problema, sino la especulación inducida por el desgobierno. Tenemos desmadre, sí, pero éste no es unipartidista sino de origen claramente bipartidista.

  1. Pablo Gómez Álvarez es senador mexicano por el PRD.

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