TOC: Cuando no controlamos los impulsos

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El trastorno obsesivo compulsivo, (TOC) ha aumentado en los últimos años si bien, con la clínica actual y el tratamiento adecuado, la mejoría de los pacientes alcanza la curación del trastorno en un 80 % de los casos.

Este trastorno que afecta a un 2 % de la población general es bastante llevadero si bien algunos pacientes ven trastocada su vida por lo que llaman manías. Cerrar una puerta y comprobar que está cerrada repetidas veces, mirar la llave del gas varias veces, limpiar repetidamente una y otra vez una mesa con polvo aunque esté limpia, puede hacer que algunos de los movimientos compulsivos que se realizan molesten o saquen de quicio a las personas del entorno.

Aunque en la población general es normal tener algún pensamiento similar a los de los pacientes con TOC, en estos últimos la frecuencia y el malestar que generan conduce a un deterioro significativo del funcionalismo del paciente, con grave repercusión social, familiar y laboral”, explica la Dra. Alonso Ortega, miembro del Centro de Investigación en Red de Salud Mental (CIBERSAM) del Instituto de Salud Carlos III.

El TOC suele ir acompañado de graves limitaciones en algunos casos de la calidad de vida, siempre como consecuencia de la evitación de situaciones y el consumo de tiempo en los comportamientos rituales; lavarse las manos, repetir palabras etc. Siempre se producen estos gestos en situaciones de estrés, presión, tristeza o nerviosismo.

Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS), el trastorno obsesivo compulsivo, es la décima causa médica más frecuente de deterioro personal si bien se desconoce la causa específica de su desarrollo. Los trastornos obsesivo-compulsivos tienen causas biológicas y psicológicas, además, como unas y otras interactúan entre sí a diferentes niveles, tanto esas interacciones como las consecuencias, se convierten a su vez en causas de otros problemas. Esto que es recurrente y cíclico llega a ser un verdadera situación de incomodidad para las personas.

Entre una persona obsesiva y un TOC, tenemos ciertas diferencias aunque los síntomas obsesivo-compulsivos son la manifiestación extrema y disfuncional de ciertos pensamientos normales que se experimentan con frecuencia; pensamientos que realmente son intrusos en nuestro modo de organizar la mente. Si tenemos tristeza, presión, nerviosismo por alguna razón, esos intrusos se cuelan en el fluir normal de nuestra mente y nos hace realizar actos repetitivos. Si les prestamos atención, entonces, volvemos a empezar y no obtenemos control de los mismos precisamente porque nos ponemos nerviosos.

Si ese pensamiento reaparece, es necesario neutralizarlo y que no se convierta en una obsesión y las acciones que se realizan se convierte en compulsión.

Si tenemos por cualquier circunstancia una vulnerabilidad biológica a padecer un TOC las posibilidades aumentan de manera exponencial y seguramente no es necesario que el ciclo se repita muchas veces porque puede bastar con que el pensamiento intruso se cuele una sola vez para que sea una idea obsesiva.

La diferencia por tanto, entre una persona con TOC y una sin TOC, es el punto de vista psicológico, es cómo maneja los pensamientos y sobre todo, qué efecto producen sobre su estado de ánimo. Casi todos los casos existentes no están diagnosticados si bien la persona que los padece no los considera, o quizá los considera normales; yo soy así…dado que siempre se ha considerado una enfermedad biológica.

Actualmente la investigación en determinados campos desde la genética molecular hasta la neuropsicocirugía funcional, están aportando alternativas de tratamiento. Las terapias actuales consisten en que la persona comprenda que se trata de pensamientos que no revelan nada especial si bien, el paciente puede hacer porque no sean recurrentes. Realmente el proceso sería el buen entrenamiento del terapeuta y una disposición por parte del paciente. A veces, esto no da sus frutos y hace falta otro tipo de terapia.

Ciertamente los datos de curación son muy optimistas, ya que hablamos de que un 80 % de los casos remiten y un 60 % solamente lo notan alguna vez. El el caso del TOC infantil se muestra un mejor pronóstico que el de aparición tardía, de forma que el 50% de los niños y adolescentes diagnosticados no muestran síntomas de la enfermedad cuando alcanzan la vida adulta, lo que sugiere que, al menos algunos casos infanto-juveniles, corresponderían a patologías del neurodesarrollo. En el caso de TOC de inicio de adultos, la evolución será siempre variable con tendencia a la cronocidad según envejece la persona. Antiguamente se denominaban manías a ese tipo de compulsiones. Pacientes con manías, tendencia al orden estricto o a la simetría son los candidatos a padecer un TOC adulto.

Es curioso cómo los adultos ocultan su problema durante años y empeoran el pronóstico precisamente porque no se trata cuando debuta. Si no se cronifica, podremos acceder a una cura que nos haga tener mejor calidad de vida, y así no nos haga partícipes de esos actos repetitivos que realmente notamos. Obsesiones, compulsiones, rituales, pensamientos cíclicos o impulsos secuenciales aparecerán o desaparecerán en la medida en la que seamos tratados.

 

 

 

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