Buenas prácticas ante el maltrato infantil

Myriam Fernández Nevado*

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Hoy coinciden en el calendario dos fechas conmemorativas muy importantes para la Infancia. Una de ellas es el Día Internacional contra la Malaria, una enfermedad que produce una mortandad infantil aún muy elevada.

Esta enfermedad mata al año más de un millón de personas, de los cuales dos terceras partes son niños y niñas que nacen con bajo peso, debido a la anemia de las madres que contraen la enfermedad gestando a sus bebés, y el resto son casi siempre las mujeres, quienes fallecen.

La Malaria no solamente provoca la muerte en los pacientes infectados, sino también provoca discapacidades físicas y psíquicas, por las secuelas que deja, a pesar de los tratamientos actuales. Y no solamente es una enfermedad endémica en África, sino que se ha extendido a Oriente Medio, América Latina, Asia y a algunas partes de Europa como ha reconocido la OMS, tras los últimos informes emitidos. A pesar de la inversión de los últimos años, especialmente desde el periodo 2004-08 que señala la OMS, la Malaria ha ido avanzando alcanzando a poblaciones que antes no estaban en el paraguas de afectados por la enfermedad.

Pero hoy también es el Día Internacional contra el Maltrato Infantil. ¿Paradójico, verdad? Máxime cuando hoy día en España, el Maltrato Infantil se está volviendo más invisible que nunca, gracias a la reducción en el ámbito de los Servicios Sociales, la Justicia, la Educación, la Sanidad…. En fin, donde ni siquiera a los niños y las niñas, se les reconoce su propia voz. Y todo ello, cuando desde Naciones Unidas y a través de la ratificación de España, acaba de entrar en vigor el III Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño, a través del cual se les reconoce a los niños la capacidad para ser ellos mismos, los denunciantes directos de la violación de sus Derechos, ante la ONU. En cambio, en España, ¿cuántos niños o niñas denuncian la violación de su derechos?

Mientras, en España, dos millones y medio de niños se encuentran en la pobreza, sin capacidad de poder llevar una vida digna, con posibilidad de estudiar, gozar de una Salud y un Bienestar a tenor de su edad, sin gozar del adecuado tratamiento procesal cuando son víctimas de cualquier tipo de violencia, o cuando simplemente se les maltrata institucionalmente, sumando maltratos a los anteriores, a través del “mal hacer” de los profesionales a los que tienen que enfrentarse.

Hay muchos tipos de Maltrato Infantil. No solamente tenemos que centrarnos en el maltrato físico con sus múltiples variantes, ni al psicológico, el cual no es reconocido en la mayoría de los procesos judiciales y administrativos cuando el niño o la niña, o su representante legal los denuncia. Hay otros que quedan invisibilizados en el día a día, porque es mas fácil mirar a otro lado, que enfrentarse a ellos. Vemos el caso de los abusos sexuales en el ámbito escolar, la negligencia en la crianza de los niños y las niñas por parte de los progenitores, y que se queda en el ámbito privado muchas veces, porque nadie se atreve a denunciarlo ni siquiera ante los Servicios Sociales de la comunidad. O también, cuando nos enfrentamos a la doble victimización en los procesos judiciales, al no existir en España un sistema judicial especializado, con profesionales que sepan trabajar el ámbito de la Infancia y la Adolescencia, donde se permite declarar a un niño o niña múltiples veces, y al final todo el proceso acaba en “agua de borrajas”. O también es Maltrato Infantil la sobreprotección, la ignorancia, el chantaje emocional , la amenaza, el aislamiento, el maltrato prenatal, la ignorancia institucional y política a los niños discapacitados o enfermos crónicos, ignorar sus necesidades en cada momento a tenor de las circunstancias de cada niño o niña, manipular, exigir sin tener en cuenta sus límites físicos y psíquicos, …. En pocas palabras, OLVIDARNOS QUE SON NIÑOS y necesitan al adulto que les acompañe y les guíe en la vida. Pero que no les someta.

Los niños y las niñas no son propiedad de nadie, ni siquiera de sus padres. Se nos olvida que los niños son personas, con sus capacidades, criterio, deseos y prioridades al igual que el resto de las personas. Formar, educar, alimentar, ayudar a vivir no es someter, sobreproteger ni aniquilar la dignidad intrínseca al ser humano, tenga la edad que tenga.

Evitar el Maltrato Infantil pasa por formar a los padres y madres, ayudarlos en la crianza cuando ellos necesiten de la ayuda de los profesionales y las instituciones, dar herramientas emocionales y recursos humanos cuando nos enfrentamos a patologías sociales o situaciones de adversidad en las que se encuentren tanto adultos como niños. Y sobre todo, fomentar las Buenas Prácticas ante la Infancia, no solamente desde las personas sino desde la Sociedad, las Políticas Sociales, Educativas, Sanitarias y Jurídicas.

Hoy era noticia en la prensa, la reforma de las leyes en Infancia en España. Pero en qué sentido se reforma pensando en el niño y la niña, para ellos, y CON ELLOS. No es lógico que un chaval con 16 años no pueda acceder a la Biblioteca Nacional para consultar fondos, leer o investigar; pero pueda contraer matrimonio, empezar a trabajar con permiso de los padres o iniciar una vida empresarial. Y a su vez, no tenga capacidad de voto en España. ¿Tanto miedo tienen los políticos a la incorporación de los niños y las niñas a la Sociedad como plenos ciudadanos a través del voto? ¿Se olvidan que han sacado de la Educación obligatoria al Bachillerato, y muchos niños y niñas en España, con la crisis, no tienen acceso a estos estudios por quedarse sin plaza en los institutos públicos?

A lo mejor a la ministra Ana Mato y al ministro Gallardón, se les olvida que proteger a la Infancia no es solo cambiar la LO 1/1996, entre otras. Sino dar respuesta a las necesidades en colaboración con su compañero de gabinete el ministro de Educación, Wert, entre otros; el cual ha restringido las becas y hecho desaparecer presupuesto para la Educación en España, desprotegiendo a los chavales ante un futuro incierto, donde su mejor defensa es el conocimiento y los estudios reconocidos.

De igual manera, en España se desprotege a los niños y las niñas, en procesos tan rutinarios como un divorcio o separación, donde no se les escucha, a pesar de las Observaciones de la Convención de los Derechos del Niño, la propia Convención de Naciones Unidas o la propia legislación española, que en la actualidad no fija una edad para ello, tras la última reforma. La lectura en el orden judicial siempre queda en manos personalísimas, sin tener en cuenta las circunstancias de los niños y las niñas. El último caso público ha sido el de la hija de Francisco Rivera y la hija de la Duquesa de Alba. ¿Hasta dónde son capaces de mantener la invisibilidad de los niños y las niñas en este país y vendernos el paradigma de la protección infantil a través de reformas inconcretas con los hechos objetivos, sin contar con la opinión de los propios interesados directos: los niños y las niñas?

Es por ello, que los profesionales que nos dedicamos desde hace tantos años a la defensa de los niños y las niñas por Malos Tratos, no solamente denunciamos los tópicos de siempre, sino la violencia invisible a la que todavía se somete al grupo social y ciudadano, que son los chavales. Aún seguimos llamando “menores” a los niños. Pero, ¿menores para qué y de qué?

Las buenas prácticas pasan por utilizar un lenguaje inclusivo, por no estigmatizar, no utilizarlos como mercancía para la creación de campañas determinadas, o “manuales de uso” para la crianza, cuando cada niño –como individuo-es diferente a los otros y necesita artesanía en su crianza y cuidado. Las buenas prácticas pasan por estar abiertos a la realidad y no presentarla como un peligro potencial a los niños siendo los salvadores los adultos, llámense padres, madres o profesionales.

Los niños y las niñas son el PRESENTE. No son el FUTURO. Y sus necesidades son las actuales y a las que hay que dar respuesta inmediata, según las circunstancias. Hay que dejar que LOS NIÑOS SEAN NIÑOS, y no otra cosa que no son. Darles su espacio, su lugar, su tiempo y el reconocimiento como ciudadanos y actores sociales, CONTANDO CON ELLOS, especialmente en los asuntos que les afectan. No podemos vender teorías limitadoras contrarias a la realidad que los niños y las niñas demandan a la Sociedad actual; porque podemos caer como adultos egocéntricos, en justificar nuestras preocupaciones a través de barreras físicas, límites conductivos disfrazados de sobreprotección para simplemente, respirar tranquilos sin atender escuchando las necesidades que los niños tienen, para crecer y desarrollarse plenamente como futuros adultos sanos y ciudadanos plenos.

  • Myriam Fdez. Nevado es consultora internacional en Infancia y Derechos Humanos.

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