Carlos Gardel: tango y cine en Nueva York

Se cumple, el 24 de junio, otro aniversario de la muerte de Carlos Gardel, el cantante de tango franco-argentino, de corazón arrabalero y voz de tenor.

Carlos-Gardel Carlos Gardel: tango y cine en Nueva YorkMi padre frecuentaba la casa que tenía en el Abasto donde vivía con su madre, doña Berta, allí se encontraba la barra para cantar tangos y contar sus historias. A veces, Carlitos estaba de gira o trabajando pero la mamá siempre los recibía. Ella misma se enojaba cuando hablaban de Uruguay como la tierra natal de Gardel. Había nacido en Toulouse, Francia y de pequeño llegó a Buenos Aires y se naturalizó argentino cuando comenzó a tener fama y necesitó los debidos documentos.

La casa de Gardel fue donada a la ciudad, que la convirtió en museo. La visité cuando estuve en Buenos Aires y su director, ademas de mostrarme algunas pertenencias, fotos y muebles, me enseñó el testamento donde el propio Gardel aclara ser francés, naturalizado argentino. Se crió en la ciudad de Buenos Aires; allí vivió la bohemia del tango, lo aprendió a cantar y siempre se sintió argentino, sin negar sus orígenes franceses. También doña Berta, me contaba mi padre, era mujer agradecida a la patria que la había acogido.

Carlos-Gardel-NY-casa-museo Carlos Gardel: tango y cine en Nueva York

Carlos-Gardel-NY-casa-museo-interior Carlos Gardel: tango y cine en Nueva York

Carlitos murió en un accidente aéreo el 24 de junio de 1935, en Medellín, Colombia. Mi padre, que en aquel entonces trabajaba en el diario Crítica, recordaba la tragedia nacional cuando llegó su féretro para ser enterrado en la Chacarita, donde se encuentra junto a su madre.

Su voz continua cantando. “Veinte años no es nada, que febril la mirada”… o… “Mi Buenos Aires querido… cuando yo te vuelva a ver”…

Recientemente estuve en Nueva York para hacer unas presentaciones de cine, y recordé que Gardel fue el primer cantante argentino en darse cuenta de la importancia del cine, y en querer ingresar en el mundo del celuloide.

En Argentina había hecho una incursión cinematográfica en 1917, en la película muda “Flor de Durazno”, basada en la novela de Hugo Wast. La actriz Eva Franco, quien conoció al cantante, me contaba que Gardel quería adelgazar cuando se vio en la pantalla y también quería aprender actuación. Ya se había obsesionado con la idea de filmar. En esa época realiza además una serie de cortometrajes musicales con sus tangos, que se estrenaron, siendo precursor del cine y del video clip en, Argentina y Latinoamérica.

A fines de 1920, Gardel viaja a Francia para cantar tangos, pero también para filmar una serie de películas, algunas, como “Luces de mi ciudad” y “Esperame”, con Imperio Argentina, son clásicos del cine. En París descubre que la verdadera Meca del cine es Nueva York, con estudios fílmicos en Queens y Mamaroneck y grandes productoras y decide viajar a Estados Unidos.

Carlos-Gardel-NY-estatua Carlos Gardel: tango y cine en Nueva YorkEl Diario La Prensa de New York, donde he trabajado por varios años, reporta, en primera plana, la llegada de Carlos Gardel a Nueva York en 1933, contratado por la Paramout para hacer una serie de películas para el público hispanohablante que lo seguía fervorosamente, en su repertorio tanguero.

A su llegada, se aloja en el Hotel Waldorf Astoria pero pronto se muda a la calle 44 Este de la 2ªAvenida, un edificio de estilo Art Deco. Me fui hasta esa calle y comprobé que no hay una placa que recuerde la estancia de Gardel en ese predio.

A Gardel lo mataba el frío, pero eso no le impedía recorrer las calles de Nueva York, buscando los restaurantes italianos de las Avenidas 6ª y 7ª y recorrer la avenida Broadway.

Las luces de Broadway deben haberlo deslumbrado y hacerlo soñar con su nombre en las carteleras de Times Square… ¿Y por qué no? Su carrera estaba en ascenso y era un cantante internacional, un embajador del tango argentino. Pasé por los estudios de National Broadcasting Corporations, una radio muy importante en ese tiempo, con programas internacionales y de gran audiencia y fue NBC la que incluyó a Gardel en sus programaciones: cantaba todas las noches, a las 21 horas.

Tito Licausi, cantor y periodista tanguero, me comentó que una noche se acercó a la radio NBC un jóven que venía de New Jersey, ese jóven era Franchesco Albertino Sinatra, mal alumno y amigo de pandillas, pero con una voz y melodía excepcional. Sinatra admiraba a Gardel y cuando termina el programa va a saludarlo. Parece que Gardel, que le escuchó buena voz, le aconseja que se dedique al canto, que él también había andado en el Mercado de Abasto en malos pasos y que el canto lo había salvado.

Esta historia “Sino e vero e bien trovata”, no pude constatarla, pero Sinatra se presenta al concurso de la radio, gana el primer premio y comienza, así, su brillante carrera. Cuando Sinatra fue a la Argentina en 1981, parece que fue al Abasto a rendirle homenaje a Gardel, que tan sabio consejo le dio aquel día en la NBC.

Gardel disfrutaba Nueva York, pero lo más importante eran sus amigos y cantar creando nuevas composiciones. Se reunía con sus guitarristas y ensayaba hasta altas horas de la noche. Algo de esto me comentaba el actor Alfredo Barbieri, cuando filmábamos “Ritmo, Amor y Picardía”. Alfredo era hijo del guitarrista Vicente Barbieri, quien tanto acompañó a Gardel.

Tango-Bar-cartel Carlos Gardel: tango y cine en Nueva YorkEn Nueva York, Gardel consolidó su carrera de actor de cine, filmó en 1934 “Cuesta Abajo” y ese mismo año “Tango en Broadway”; en 1935 “El día que me quieras” y “Tango Bar”, una de sus películas más difundidas y la última; una novela policial y romántica con la actriz Rosita Moreno y con la dirección de Reinhardt.

Gardel preparaba su gira internacional por Latinoamérica sabiendo que el cine lo esperaba y también, consciente que debía estudiar inglés para hacer el famoso cross-over. Sabía que tenía por delante una fabulosa carrera cinematográfica y que el cine le daría su consagración mundial.

Gardel, supo vislumbrar desde los comienzo la importancia del séptimo arte. El trágico accidente aéreo en Colombia, tronchó sus sueños.

A este gran cantor de tangos, las luces de Broadway le deben un gran cartel luminoso. Su voz se mantiene viva a través del tiempo, porque hay un dicho argentino que dice: “Carlitos Gardel canta cada vez mejor”.

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