Del robot redactor al periodismo

“…tout le monde est branché mais personne ne communique…”

“Todo el mundo está conectado, pero nadie comunica”, advertían hace años François de Closets y Bruno Lussato, en un ensayo magnífico que tenía un título muy expresivo: “L’imposture informatique” (publicado por Fayard en el año 2000). Advertían contra la falsa neutralidad de las nuevas tecnologías, contra su falso carácter de profecías de cumplimiento inevitable. Ahora nos llega otra falsa predicción dispuesta a su autocumplimiento irresistible: la extensión del periodismo robótico. ¿Qué es ese periodismo?

“Un terremoto de magnitud 3,2 se registró el viernes por la mañana a 11 kms de San Simeón, según informó el US Geological Survey. El temblor ocurrió a las 5,28 de la mañana a una profundidad de 6 kms”. Éste es el texto que publicó Los Angeles Times sólo 8 (ocho) minutos después del temblor. Naturalmente, esas líneas fueron escritas mecánicamente por un robot “periodista”. ¿Periodismo? Desde luego que puede serlo, pero en este caso no lo es: estamos ante una simple mecanización de datos que han pasado el filtro de una estructura gramatical electrónica. Puede ser útil, eso sí.

En efecto, la recopilación de datos, el diseño, el idioma y la edición pueden preverse, ser relatados, mediante aplicaciones de ingeniería informática que reflejen ciertos acontecimientos. Las máquinas hasta pueden escupir un titular y un encabezamiento, tanto si se trata de un terremoto como del relato de un partido de fútbol. ¿Es eso el periodismo? Parcialmente, sí. También lo es la comprobación, que pueden llevar a cabo los robots de la revista Forbes cuando describen los avatares aburridos de las estructuras financieras.

javier-reverte-mares-salvajesEl problema es que el placer del periodismo de viajes, de Javier Reverte, por ejemplo, o la complejidad de los problemas internacionales, la melancolía de los suplementos literarios o las dudas más expresivas de nuestra civilización pueden ser otras bases del periodismo de verdad. Ahí, quienes diseñan robots periodistas, lo tienen más difícil. Tendrán que crearlos imperfectos para que asuman su porción de melancolía. Sin dudar, no hay periodismo que valga. Y esas máquinas sólo vomitan certidumbres.

Para mí, ese periodismo de los robots será creíble, como tal, cuando mis colegas electrónicos puedan probarme que recorrieron los conflictos humanos, como Ryszard Kapuściński. La diferencia entre un robot periodista y el verdadero periodismo es la misma que entre los partes que escribían los militares sobre su lucha en la batalla de Balaclava (1854) y las crónicas que hizo el periodista irlandés William Howard Russell: “El mendigo que se tambalea bajo la lluvia en las calles de Londres lleva la vida de un príncipe, en comparación con la que llevan los soldados que luchan por su país”. Russell denunció la incompetencia, la petulancia criminal de determinados mandos militares y las carencias de todo tipo de los soldados que batallaban y morían. Antes de ser reconocido, fue víctima de la censura por parte de los escribanos, de los burócratas y autores de partes militares.

Las redacciones de medios de comunicación grandes, medianos y pequeños están llenas de tipos de esa clase que podríamos sustituir por periodistas robot. Quizá deberíamos promover esa sustitución. Se me ocurren varios nombres cercanos… No nos molestarían tanto con su mediocridad y su ignorancia mecanicista.

Terry-Brighton-valle-de-la-muerteUn estudioso de las verdades históricas de la vieja guerra de Crimea, Terry Brighton (El valle de la muerte/Balaclava y la carga de la Brigada Ligera, Editorial EDHASA, 2008), nos dice lo siguiente: “No podremos comprender la guerra o la respuesta humana ante ella hasta que no percibamos tanto la magnificiencia como la inutilidad, que coexisten. La verdad sobre la carga de la Brigada Ligera reside tanto en la experiencia de los soldados de caballería como en la observación de aquellos que observaban”.

Los ingenieros que diseñan los robots periodistas y algunos propietarios de medios, que los contratan, ni siquiera saben de qué diablos estamos hablando. William Howard Russell no podría haber sido sustituido por ningún algoritmo. Esos malditos algoritmos pueden ser perfectos, hasta útiles de vez en cuando; pero la mayoría de las veces no comunican nada extraordinario. La acumulación de datos no es periodismo porque –a diferencia de éste- carece de alma y emoción. Y sin calidades humanas, hablamos de otro asunto. De modo que creeré en el valor completo de los robot periodistas cuando pasen hambre en África algunos días. Cuando la comprendan y me la expliquen como Kapuściński o Javier Reverte. Hasta entonces, para mí son como los partes militares de Balaclava: pura burocracia (electrónica).

Los algoritmos no son capaces de improvisar un viaje para sí mismos. Y los robots reporteros ignoran qué es dormir al raso varias noches, en cualquier aldea de Colombia o en un pueblo perdido de Uttar Pradesh.

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Periodista. 1976, colaborador del diario "Hoy" (Extremadura, España). Hasta 1984, también de otras publicaciones de información general. Entre 1984 y 2008, estuvo en Televisión Española, siete años como corresponsal de TVE en Francia; varios más en la sección internacional. Cubrió la actualidad en diversos países europeos, así como de varios conflictos internacionales (Argelia, Albania, Kosovo, India e Irlanda del Norte, sobre todo). En la Federación Internacional de Periodistas ha sido miembro del Presidium del Congreso de la FIP/IFJ (Moscú, 2007); Secretario General Adjunto (Bruselas, 2008-2010); consejero del Comité Director de la Federación Europea de Periodistas FEP/EFJ (2013-2016); y consejero del Comité Ejecutivo de la FIP/IFJ (2010-2013 y 2016-2019). Es corresponsal en España del diario francófono belga "La Libre Belgique".

2 COMMENTS

  1. Estimado Paco, quizás la clave, como bien expone en su artículo de opinión (¿o se trata de un post?), es la confusión que ahora mismo se percibe en la sociedad sobre el verdadero valor y función del periodismo, por un lado, y por otro lado al miedo exacerbado, en este caso entre los comunicadores, a toda aquella automatización/mecanización de procesos repetitivos que, como se ha demostrado desde la revolución industrial, son más eficientes cuando son realizados por una máquina.

    ¿Hay alguien que considere a fecha de hoy que es mejor arar el campo con un arado romano que usando un tractor? Otra cosa muy diferente es que, en este caso, los periodistas recuperen su verdadera diferencia: su capacidad para analizar el hecho noticioso, contextualizarlo y ponerlo en valor, bajo la perspectiva de su opinión, para que lo puedan entender los simples mortales.

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