El redactor descuidado y la persistencia en el error

Siempre he comentado y cuestionado los casos de persistencia en los mismos errores por parte de profesionales de la comunicación, y eso, afortunadamente, ha sido tomado de buena manera en la mayoría de los casos, y las mejoras han sido sustanciales; pero ha habido otros en los que se ha producido una relación de igualdad proporcional, es decir, mientras más se insista en la corrección, más errores aparecen.

He cuestionado la alta frecuencia de errores, porque las personas que hacen vida en los medios, no han tomado en cuenta el rol que ante la sociedad les corresponde desempeñar.

A lo anterior se aúna el hecho de que los medios de comunicación penetran con facilidad, lo cual hace que todo lo que en ellos se diga o se escriba, se arraigará en el vocabulario de lectores, radioyentes y telespectadores, tal como en una ocasión lo advirtió el profesor (ya fallecido) Alexis Márquez Rodríguez, quien dedicó gran parte de su vida a la docencia y al periodismo, actividad esta última en la que fue un gran maestro a distancia, tanto en Venezuela, como fuera de ella.

Ese descuido hace que muchos periodistas y otros comunicadores incurran en impropiedades al desconocer, por ejemplo, los géneros gramaticales, que se aprenden en los primeros grados de la educación, por lo menos en Venezuela y en mis tiempos de estudiante, en años setenta y ochenta. Hago esta salvedad, pues no sé si eso ha cambiado con los intentos de reforma del sistema educativo de este país, mi país, o si existe alguna otra nación en la que ocurra o haya ocurrido algo similar.

Lo cierto es que ha habido casos en los que muchas damas se hacen llamar “donantes voluntarios”. Ignoran que el vocablo “donante” es el participio activo de donar. Es de género común, lo cual implica que se usa en masculino y en femenino sin alterar su terminación. Cuando se usa en varón, debe llevar el calificativo en masculino, y en femenino cuando se lo use para la hembra: “donante voluntario” y “donante voluntaria”. Lo demás es descuido, desconocimiento o frivolidad.

Y ya que les he hablado de manera muy volandera de género, es prudente acotarles que este término no es sinónimo de sexo, como piensan y escriben algunos redactores descuidados, que siempre persisten en el error. Lo que determina si un ser humano es hombre o mujer, es el sexo, no el género. Género, que se entienda muy bien, tienen las palabras y las cosas inanimadas. Sobre este tema he perdido la cuenta de las veces en que he dedicado comentarios, y siempre he sostenido que el meollo de remplazar sexo por género, está en el hecho de que muchos se eximen de hablar de sexo como categoría biológica, y solo lo asocian con el acto carnal, que aun cuando es algo muy natural, del que se dice que es “la profesión más antigua del mundo”, en muchas partes del globo terráqueo sigue siendo tabú.

Y si se revisa la lista de expresiones impropias en los medios de comunicación, el interesado se topará con “en base a”, en lugar de “con base en”, “en base de” o “sobre la base de”. De la misma familia es “motivado a”, en vez de “motivado por”.

“Motivado al racionamiento de energía eléctrica, mañana no habrá actividades en las instituciones educativas y otros entes gubernamentales”, suele leerse en avisos que publican las empresas comercializadoras de la electricidad de distribución, para justificar la interrupción en el servicio. Lo adecuado es: “Motivado por el racionamiento de energía eléctrica, mañana no habrá actividades en las instituciones educativas y otros entes gubernamentales”.

Lo del verbo aplicar, al que me he referido en infinidades de veces y del que hablé la semana pasada, es un cáncer que ha hecho metástasis en muchas áreas. Es común leer que, por ejemplo, “los interesados en aplicar por las becas, deberán acudir a la oficina del comisionado”.

Aplicar, en perfecto castellano, es algo diferente de lo que significa en inglés. En ese idioma (to apply) significa pedir, dirigir una petición o hacer una solicitud; pero en nuestro idioma es otra cosa, que por descuido o quizás por imitación servil, muchos ignoran o tratan de ignorar.

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David Figueroa Díaz (Araure, Venezuela, 1964) se inició en el periodismo de opinión a los 17 años de edad, y más tarde se convirtió en un estudioso del lenguaje oral y escrito. Mantuvo una publicación semanal por más de veinte años en el diario Última Hora de Acarigua-Araure, estado Portuguesa, y a partir de 2018 en El Impulso de Barquisimeto, dedicada al análisis y corrección de los errores más frecuentes en los medios de comunicación y en el habla cotidiana. Es licenciado en Comunicación Social (Cum Laude) por la Universidad Católica Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo; docente universitario, director de Comunicación e Información de la Alcaldía del municipio Guanarito. Es corredactor del Manual de Estilo de los Periodistas de la Dirección de Medios Públicos del Gobierno de Portuguesa; facilitador de talleres de ortografía y redacción periodística para medios impresos y digitales; miembro del Colegio Nacional de Periodistas seccional Portuguesa (CNP) y de la Asociación de Locutores y Operadores de Radio (Aloer).

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