El sentido del agua

En nuestra escuela primaria nos enseñaron que el agua es insípida, incolora, inodora, sin forma. ¡Cuánta información de bisutería aprendemos como dogmas! ¡Cuán fragmentado es el conocimiento transmitido!

Xulio Formoso: El Sentido del Agua
Xulio Formoso: El Sentido del Agua

El agua sabe a gloria cuando se bebe luego de un arduo camino o, al contrario, nos deja en el paladar un gusto a miedo si sabemos que es la última gota que tenemos a miles de kilómetros de distancia aún de nuestro destino.

En el manantial que brota de la roca huraña, tiene los colores del arco iris como en el espejo de la cajita de creyones que usaba otrora mi amigo para ilustrar mis deseos; en el fondo del pozo es negra, atrayente, erótica como novela de José Luis Muñoz. Tiene tonos cálidos cuando se brinda en el Karibe o matices fríos como témpano ensimismado. En el último mundo, el agua recobra su naturaleza incolora gracias a la ceguera de río (oncosarcosis) que no permite ver nada.

El agua huele a miseria absorbida por periódicos viejos que soportan las goteras cuando llueve sobre los ranchos; tiene mal aliento y hedor a dientes cariados cuando su ausencia acompaña la indigencia. Apesta a muerte en los floreros descuidados frente a las tumbas y a pachulí enfrascado en agua cuando se cruza El Portal de las Putas.

El agua tiembla de fiebre debilitante en las víctimas de la malaria; se evacúa del cuerpo en heces insustanciales padecidas de bilharziasis. ¿Hasta cuándo la ausencia de inodoros sépticos sembrará de urnas tempranas nuestros tardíos cementerios?

El conocimiento científico afirma que el agua en su estado líquido, toma la forma del envase que la contiene. ¿Y qué ocurre si es el agua quien nos contiene? ¿Tenemos alma de estanque o laguna? Si nuestro cuerpo es aproximadamente 60 % líquido, si de tanta pena sentida se evapora el agua que se resbala por los párpados, ¿dejaríamos de fluir hacia nuestro destino para terminar concretándonos?

Se nos perdió en la historia el habla y uso del aljibe –y ni qué decir del chultón- ahora es un significante vacío al que cada quien que lo nombra debe definirlo. Se pierde el froallo, se desperdicia la lluvia, se disipa -como si nada- el relente que nos madruga.

¿Existen realmente 160 términos en inuit para nombrar la nieve, 70 palabras en gallego definen la lluvia, 123 vocablos yanomamis dicen río?

El caz está fuera de costumbre; los azudes pertenecen sólo a los castores. ¿Cómo vamos a regar los plantíos? ¿Cómo tendremos acceso al otro extremo del terreno donde está la fuente? ¿Qué pasará con el sistema de riego por goteo?

La Asamblea General de Naciones Unidas adoptó el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua. Este año 2014, el lema es “Agua y Energía”. Ciertamente, y tal como señala su convocatoria:

  1. El agua requiere energía y la energía requiere de agua.
  2. Los suministros son limitados y la demanda es cada vez mayor.
  3. El ahorro de energía es el ahorro de agua. Ahorrar agua significa un ahorro de energía.
  4. El sector más pobre de la población necesita urgentemente el acceso a los servicios tanto de agua y saneamiento como de electricidad.
  5. Una mejor eficiencia en el uso del agua y la energía es tan imprescindible como son las políticas coordinadas, coherentes y concertadas.

Lamentablemente, a la UNESCO se le olvidó señalar la carga energética que suministra la gente, la organización popular en torno a la necesidad de agua potable. Del 71% de agua que tiene el planeta Tierra, sólo 2% es potable. Hay coincidencias universales en señalar que la tercera guerra mundial será por el acceso al agua.

Y, sin embargo…

Las comuneras y comuneros discuten y pelean en Mesas Técnicas de Agua por su acueducto laboriosamente diseñado: gente pobre, gente creativa, gente con sabiduría que propone un sistema ingeniado desde las bases sociales. Los recursos seguirán siendo del Estado más el poder radica en el pueblo. Poder constituyente que reta al poder constituido.

En tanto los Gobiernos sigan viendo a la población como receptáculo de sus políticas diseñadas en sus laboratorios de escritorio y no como interlocutora digna capaz de orientarles, seguiremos ahogándonos en una gota de agua…además, no potable.

El agua es un milagro que solo es posible percibirlo con el sentido fabulado.

¡Hay tanta agua por delante!

Escribir es como tomar agua: deliciosamente saludable, osadamente peligroso.

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Ileana Ruiz (Venezuela). Activista de derechos humanos, investigadora social y periodista. Asesora en resolución de conflictos, educación popular, participación ciudadana y derechos humanos y profesora de la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad. Articulista en el semanario venezolano “Todosadentro” del Ministerio de la Cultura desde 2006. Premio Nacional de Periodismo de Opinión, 2013. Entre sus publicaciones: De la indignación a la implicación (2006); Pueblo de agua: Cuentos para la educación en derechos humanos sobre la identidad del pueblo warao (2009); Servicio de policía bajo la mirada ciudadana (2010); La clave del acuerdo. Practiguía para la resolución pacífica de conflictos (2011); Pasos dados poco a poco. Memoria y cuentos del proceso de constitución de los Comités Ciudadanos de Control Policial (2012).

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